Italia y el fenómeno Grillo
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 18 de noviembre de 2012, 19:24h
El resultado electoral de Sicilia podría sacudir el panorama político nacional y proyectar en ese escenario una nueva figura: Beppe Grillo. Un personaje que genera amor y odio (a partes iguales), que despierta la atención de los medios de comunicación y que no deja indiferente a nadie. Gran comunicador e hipnotizador de masas, se le puede considerar como uno de los artífices del terremoto electoral que removió Sicilia hace unas semanas. El éxito de su Movimiento 5 Estrellas es un dato que no se debe infravalorar.
Merece la pena reflexionar sobre su retórica: a través de vibrantes alocuciones, Grillo ataca a la Casta política italiana y, a la vez, al gobierno tecnócrata de Monti, culpable de una política de austeridad de dudosos resultados. Tanto en Sicilia como en las pasadas elecciones administrativas, el eje central de su campaña electoral ha sido la feroz crítica a los partidos tradicionales. Aunque sus palabras a veces “se pasan” de la raya, en el fondo muchos puntos de su discurso se pueden compartir: los partidos nacionales, corruptos y degenerados, deberían renovarse, excluyendo de sus listas a los condenados, a los imputados, a los malos administradores públicos. Grillo, ya rebautizado el “rey de la antipolitica”, cabalga este malestar y hace de esa crítica su seña de identidad. Ha comprendido el rechazo general de la población hacia unos partidos por los que no se sienten representados. Por eso utiliza su verba corrosiva para atacar una Casta que se ha desprestigiado por si misma y desacreditado por sus actuaciones. Los episodios de malversación y los escándalos de corrupción –cada vez más frecuentes- alimentan esta antipatía y fortalecen un sentimiento antipolítico, que Grillo pretende aglutinar, convirtiéndose en la voz de los “indignados italianos”. Sus shows-monólogos atacan indiscriminadamente a derecha e izquierda, instituciones públicas y medios de comunicación. Aún así, el cómico debería tener en cuenta dos elementos: por un lado, que para extirpar los males endémicos de la clase política italiana hace falta un deseo concreto de cambio, nuevas reglas y una actitud no sólo destructiva, sino también constructiva, que no se abandone a tentaciones populistas ni a mensajes anacrónicos (como la salida del euro); y por otro lado, por mal que le pese, el rey de la antipolítica ya es un hombre político; sus representantes en los ayuntamientos ya están haciendo política. En el momento en que su partido participa en la contienda electoral y comienza a gobernar en Italia, el Movimiento entra en la arena política y debe actuar de forma responsable para cambiar un país en profunda crisis moral, política y económica. A la crítica cáustica y la sátira mordaz deben seguir acciones concretas. Su movimiento político ya se enfrenta a dos desafíos: por un lado, presentar un programa concreto –en temas económicos se muestra etéreo- menos utópico y más factible; por otro lado, las acusaciones de falta de democracia interna. Algunos militantes hablan de “régimen interno estalinista” y, es cierto que, cada vez que un candidato actúa de forma diferente al líder, este le desautoriza y ataca públicamente. Una actitud distante de las promesas de representar una democracia directa, una “hiperdemocracia”.
Resulta evidente que el electorado italiano está cansado de una política ineficaz y corrupta: la herencia de las nefastas décadas berlusconianas es un descrédito general de la política nacional, un sistema de partidos agonizantes y una clase política desprestigiada, considerada como inútil y ladrona. Grillo y su movimiento se insertan en este contexto, dando voz a aquellos italianos que se sientes excluidos y marginados por una Casta distante de los problemas reales del país. Su movimiento se nutre del cabreo y del malestar generalizando, anhelando escenificar el cambio, la ruptura de un sistema obsoleto. No se trata de un fenómeno novedoso (ya en 2005 el “Time” le consideraba una de las personas más influyentes del mundo), pero si en constante ascenso, favorecido por la arrogancia y ceguera de las fuerzas políticas nacionales que lo han infravalorado y se han considerado “insustituibles”. Grillo representa un animal escénico, capaz de arengar las masas y entusiasmarlas con gestos como atravesar a nado el estrecho de Messina para luego recorrer toda la isla de Sicilia para hacer campaña, dejando una imagen a medio camino entre el populismo o el Forrest Gump campechano. De todos modos, se debe reconocer al showman el mérito de haber llevado aire nuevo a la turbia política nacional.
Asimismo, está cambiando la manera de hacer política, dando nuevo protagonismo a las redes sociales y apostando por unas campañas electorales de coste reducido, más cercanas y transparentes. Grillo está introduciendo nuevas oportunidades de comunicación que confirman conectar bien con un electorado desilusionado con la política tradicional, con sus escándalos y redes clientelares. El abstencionismo récord de Sicilia es un dato importante, tanto como la afirmación electoral del Movimiento 5 Estrellas: ambos representan una señal del avance de lo antipolítico, una demostración del cabreo social ya no tan latente y que busca la forma de acabar con una clase política arcaica y al margen de los reales problemas de los italianos. Por eso, el partido de Grillo ya obtuvo un excelente resultado en las elecciones municipales italianas del pasado mayo: una señal que los italianos quieren que el escenario político nacional cambie ya.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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