Lecturas entreveradas sobre avasallamiento de la libertad
domingo 02 de diciembre de 2012, 19:40h
En momentos distintos de mi juventud dos personas me dieron el mismo consejo: “no te disperses leyendo de todo y céntrate en esto”. Más o menos eso es lo que me dijeron un solícito padre escolapio mientras ponía en mis manos “El joven de carácter” de monseñor Törn, y años después el responsable de la célula donde me iniciaba en los arcanos del marxismo al confiarme un ejemplar multicopiado de “Principios elementales de filosofía” de Politzer (dos autores húngaros de entreguerras, ahora que caigo) Quizá no, pero creo que fue una suerte no hacerles caso, aunque a veces simultanear lecturas inclina a la divagación como ahora. He recordado aquella exhortación de mis dos mentores por el desasosiego experimentado con la mezcla de dos cosas leídas estos días. Por un lado, el recién aparecido libro de Anne Applebaum “Iron Courtain”, una muy documentada historia de los países del Este de Europa que tras la Segunda Guerra mundial quedaron bajo la órbita soviética a modo de campo imperial de pruebas para levantar el socialismo real, o sea la dictadura totalitaria. Lo otro ha sido el seguimiento en la prensa inglesa del desconcertante caso de la pareja a la que se le ha quitado la tutela de los niños que acogían por, digamos, sus preferencias políticas y en particular su pertenencia al UK Independence Party (UKIP)
EL UKIP surgió de la disidencia conservadora frente a la política de Major hacia la UE y la firma de los tratados de Maastricht, siendo una de las principales cristalizaciones políticas del euroescepticismo británico. Su historia no ha resultado precisamente plácida, con grupúsculos que se le han acercado y escindido, confusiones programáticas, luchas por el liderazgo y resultados electorales tan modestos que hacen de él un actor marginal en la política del Reino Unido. Pero no tanto en Europa; como consecuencia de una peculiar escisión de voto que refleja la extendida hostilidad hacia la EU, el UKIP obtiene mucho mejores resultados en las elecciones europeas que en las nacionales, y cuenta en la Eurocámara con más de una docena de representantes y, sobre todo, con su portavoz y jefe del partido, Nigel Farage, un parlamentario brillante y con una singular capacidad para sacar de sus casillas a los popes de la oligarquía política eurocrática.
El ideario y el programa del UKIP ha ido perfilándose con los años, y hoy se define como libertario en el sentido anglosajón del término; es decir, propugna la reducción del Estado, de sus facultades para entrometerse en la vida de los ciudadanos, de su infinita capacidad de gastar y de su voracidad fiscal para permitírselo. Propugna por tanto cosas como adelgazar la burocracia y bajar los impuestos, defiende el cheque escolar y se opone a la introducción de carnets o documentos obligatorios de identificación personal. Además aboga por el enaltecimiento nacional, la protección de los símbolos nacionales y de los rasgos históricos del Reino Unido, siendo muy beligerante con el muticulturalismo como principio o doctrina y sus efectos de fragmentación cultural y social. En consecuencia, y también por las repercusiones que considera dañosas de la laxitud en la política de inmigración, propone una moratoria de varios años durante los cuales se restrinja sumamente la llegada de nuevos inmigrantes y después una política selectiva y tasada. Naturalmente, aunque no haya algo muy concreto en que basar estrictamente la acusación, al UKPI se le llama racista. Y de ahí han venido los problemas de los padres de acogida que estos días están dando que hablar.
La pareja en cuestión había ejercido como hogar de tutela durante varios años, y tenía a su cargo tres niños pequeños procedentes de Europa del Este, ambos estaban facultados para la función y no ha habido nunca nada en su proceder que pueda descalificarlos como padres apropiados para esa tarea. Pero cuando los trabajadores sociales del municipio supieron su afiliación política se llevaron a los niños con el argumento de que, no siendo éstos “británicos blancos indígenas”, tenían que velar por “sus necesidades étnicas y culturales” y éstas no están garantizadas por miembros de un partido contrario al multiculturalismo y, para su lógica, racista. El consejo municipal, laborista, apoyó en principio la decisión, pero ante el escándalo suscitado ha empezado a recular y el propio Partido Laborista ha iniciado una investigación que se solapa con la que por su parte ha abierto el Ministerio competente. Porque lo que han hecho esos trabajadores sociales, es decir burócratas adoctrinados en una muy concreta cultura de petulancia sobre la superioridad moral y la irrebatibilidad de las propias ideas sobre ingeniería social, es arbitrario, inquisitorial y fruto directo del prejuicio, y por supuesto un atentado a la libertad de opinión política y los derechos de los padres despojados.
Muy probablemente los niños acogidos sean victimas indirectas del drama histórico que desarticuló la economía y la sociedad de sus países de origen para varias generaciones en aras del ideal bolchevique. De regímenes, como explica Applebaum en su libro, que pretendieron no sólo el control absoluto del Estado sino de la naturaleza humana, haciendo que los individuos pensaran y sintieran lo que alguien decidía que era mejor y tenía que ser único. La misma lógica que lleva a los asistentes sociales laboristas a vulnerar los derechos y la reputación de quienes encarnan a sus ojos la suma de todos sus prejuicios ideológicos.
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Catedrático de Historia del Pensamiento Político
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