Por una educación de calidad en España
jueves 06 de diciembre de 2012, 08:46h
El debate que se ha generado en torno a la redacción de la futura LOCME -Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa- está demasiado viciado por consideraciones políticas en detrimento de las que verdaderamente importan, las educativas. El ruido de fondo emborrona el mensaje e impide ver el propósito del sr. Wert, que no es otro que el de garantizar que quien quiera educar a sus hijos en castellano pueda hacerlo. Nada tienen que ver las lenguas en este pleito. Nadie acosa al catalán. Cualquier español culto y civilizado es partidario de protegerlo e impulsarlo. Nadie o muy pocos piensan que el castellano –una lengua universal en expansión de 500 millones de habitantes- necesite protección alguna. Los que si la necesitan son los ciudadanos que pretenden –con razón- tener el derecho a elegir la lengua en la que quieren que se socialicen sus hijos. Se trata, pues, de garantizar la libertad de elegir. De un derecho, y no una imposición, como intentan vender desde determinados sectores. Imposición que sí existe, en cambio, con el catalán en los niños de primaria. Y que también se dio en el diseño inicial de Ecuación para la Ciudadanía -EpC-, una suerte de adoctrinamiento ideológico gestado en la etapa de Zapatero que el borrador de la nueva ley pretende reconducir.
Ahora bien, sería un error cambiar un adoctrinamiento por otro. Que se potencie y puntúe las asignaturas troncales, abandonando de paso experimentos de otra índole. Ni la religión católica debe puntuar, ni EpC debe convertirse en una alternativa de ésta última. El ideario religioso, sea de la confesión que sea, debe ser compatible con determinados valores cívicos cuyo conocimiento se debe de impartir, pero sin que ello interfiera en el desarrollo curricular y sin que cuestiones de credo o ideología influyan en la nota media. Para avanzar en pos de una educación de calidad hay que desterrar este tipo de cuestiones para potenciar lo que realmente interesa, que es la excelencia académica y la recuperación de valores como el mérito y el esfuerzo. Y por supuesto, sin que ningún niño catalán tenga problemas el día de mañana por no saber expresarse correctamente en castellano. O, por lo menos, que si los tuviere, no haya sido por no haber tenido la posibilidad de elegir con libertad la lengua vehicular