www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El belén laico

José María Herrera
sábado 08 de diciembre de 2012, 19:17h

Yo no lo he visto, me lo ha descrito con pelos y señales un amigo que lo vio en unos grandes almacenes, en la sección de productos navideños, junto a los renos de cartón, las guirnaldas y las estrellas de brillantina. Aunque en ningún sitio rezaba que fuera un belén, no cabía la menor duda. ¿Qué otra cosa se puede pensar de una maqueta en la que hay una plaza nevada con bancos y chiquillos jugando, una pista de hielo con patinadores, varias personas disfrazadas de papa Noel y un templo de confesión indeterminada? Lo dicho, un portal de belén laico, sin referencias a Jesús de Nazaret, como un bautizo o una comunión por lo civil.

Mucha gente que ha abandonado la religión, exige también que desaparezca de la vida pública. Lo ideal para ellos sería que quedara recluida al orden privado. El creyente debe meterse en el armario como los homosexuales del franquismo. Hasta la cruz, antaño símbolo del sufrimiento de los inocentes, les incomoda. Estamos tan acostumbrados a los desolladeros y las carnicerías que el sufrimiento de un pobre judío ilustra poco. Algunos ni siquiera identifican ya la cruz con las víctimas, sino con los verdugos. También el belén, tan inofensivo, es cuestionado. ¿Venerar a un tipo porque era pobre y nació en un pesebre? ¡Vaya tontería! ¡Cómo si no hubiéramos visto parir a mujeres infinitamente más pobres en las cloacas de cualquier cochambrosa ciudad africana! El simbolismo ha quedado obsoleto. Las organizaciones consagradas a la solidaridad nos han acostumbrado a mirar de frente el horror y la injusticia.

Si, pese a ello, ateos y agnósticos compran en los grandes almacenes portales laicos es porque se ven de alguna manera forzados a seguir las tradiciones. Los niños, la abuela, el Corte Inglés, imponen esta costumbre. Aunque es una claudicación a medias. Se puede condescender sin condescender del todo adoptando la alternativa kitsch, made in China. La industria lo ha entendido bien. Con la ciudad navideña aconfesional el laicismo queda garantizado. La presencia de papa Noel no preocupa a nadie, pues como en la maqueta no hay uno, sino varios, una multitud de sujetos barbudos vestidos de rojo afanándose por llevar regalos a casa, el personaje ya no tiene nada de mágico. Expresado con terminología sociológica: se renuncia al significado, no al signo, y así se salva el contenido festivo de la celebración, eliminando su sentido religioso.

La tradición del belén se remonta a 1223. San Francisco conmemoró el nacimiento de Jesús con una especie de representación en una cueva. Otros lo imitaron después con figuras de terracota. Los personajes del belén son los de los evangelios: pastores, ángeles, magos. La única variación en siglos la introdujeron los catalanes con la figura del caganer, un tipo con barretina que mientras todos celebran el nacimiento del hijo de Dios él defeca ostentosamente. ¿El seny catalán? Lo ignoro. La filosofía no se ha ocupado como es debido de esta señalada contribución cultural, uno de las primeras manifestaciones del nihilismo, anterior a Dostoievski y a Nietzsche. Sin duda sería interesante meditar sobre qué significa que en el momento culmen de la historia universal, el instante preciso que parte ésta por la mitad, un tipo tocado con el gorro típico catalán se baje los pantalones, se acuclille y alce intrépidamente sus posaderas. ¿Revela el comportamiento del caganer un menosprecio de los planes de la divinidad?, ¿simbolizan la barretina y el zurullo la patriótica voluntad de no seguirle el juego a nadie, incluido el Creador? Y si es así: ¿por qué ha desaparecido el muñequito defecador del belén laico?, ¿acaso todo ha de ser unanimidad y adocenamiento españolista en el helado y resbaladizo estado del bienestar?
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios