RESEÑA
Carlos París: Ética radical (Los abismos de la actual civilización)
domingo 09 de diciembre de 2012, 16:06h
Carlos París: Ética radical (Los abismos de la actual civilización). Tecnos. Madrid, 2012. 296 páginas. 17 €
El Dr. Carlos París es una figura emblemática de la filosofía española desde hace varias décadas, a la vez que representa un hito en el proceso de renovación de la Universidad española (a partir de su postración en el franquismo), y del acercamiento entre la cultura superior y las clases populares. Alma máter de la Universidad Autónoma de Madrid y de la refundación del Ateneo de la misma ciudad, su trabajo ha resultado decisivo para sacar a nuestro país de las sombras de la dictadura y elevar la talla moral de su vida intelectual y su opinión pública.
Con este volumen cierra una trilogía en la que se ha propuesto resumir y dar cuenta de todo su pensamiento filosófico. Y en él nos ofrece un prolijo cuestionamiento moral del capitalismo avanzado, usando como recurso principal mostrarnos que el desarrollo tecnológico tiene la propiedad de conformar un mundo de conciencia constreñido por las características de la incontestable realidad de aquél. En el fondo, se trata de una actualización de la idea marxista de la preeminencia de la infraestructura sobre la superestructura, por encima de cualquier otro complejo de relaciones. Y si ese es el marco que adoptamos, habremos de reconocer la coherencia de la acción revolucionaria esbozada por Marx como única alternativa de salida o superación. En contraste, la demanda de moralización que construye París parece una serena resignación ante lo irrebasable y coactivo de su punto de partida. Porque dicha demanda suena a voz que clama en el “desierto de lo real”.
Más allá de sus lúcidas observaciones sobre el carácter clasista y opresor del capitalismo financiero actual, el “arsenal” ético que exhibe el autor puede resultarnos un tanto “desmoralizante”: “El centro de la problemática ética, política y jurídica, en efecto, viene dado por la contradicción entre egoísmo y altruismo”. Con estas palabras, París recupera la vertiente evangélica de lectura del marxismo que se extendió por la España tardofranquista y Latinoamérica. El aparente esquematismo de los contenidos de esta crítica obedece a la peculiaridad de sus fundamentos teóricos, concentrados en torno a una teoría antropológica notablemente unilateral: el ser humano es un animal que satisface de diversas maneras diferentes rangos de necesidades. Desde este punto de vista, la dimensión simbólica de la existencia humana es despachada por el autor como respuesta a una necesidad autorreferente: el enriquecimiento de la mente.
Sin levantar registro de las implicaciones ideológicas de este planteamiento, el autor pasa de largo sobre toda la corriente de pensamiento –sólidamente asentada por la experiencia científica- que, desde Saussure hasta el postestructuralismo, pasando por Wittgenstein, Heidegger y Levi-Strauss, nos revela que la actividad simbólica humana –lenguaje y conocimiento, en esencia- es una dimensión constituyente, básica, de lo humano (capaz de moldear tanto nuestro cuerpo como nuestra mente). A la luz de esta constatación ya deja de tener sentido el ejercicio de diferenciación entre la infraestructura técnico-económica (tecnosfera) y la superestructura ideológico-moral (etosfera). Ambas se han interpenetrado desde los albores de las sociedades complejas, en torno a un vector común de retroalimentación que solo se deja “colonizar” a través de la intervención política. El autor soslaya el dato crucial de que la Filosofía misma nació en Grecia, con Platón y Aristóteles, en orden a dar testimonio de este descubrimiento (como José Luis Pardo ha puesto de manifiesto, soberbiamente, en sus últimos libros).
Pero más allá de estas limitaciones, el texto de Carlos París es un espléndido y exhaustivo informe de los abismos del mundo social contemporáneo, muy bien escrito y fácil de leer. Es también un testimonio que procura compendiar toda la trayectoria intelectual del autor, (si bien ello deriva en una excesiva carga de referencias a otros libros propios, cual si de un autohomenaje teórico se tratara). Esta obra contiene asimismo un mensaje sobre la perennidad de la verdad marxista, que resulta irritante ante la evidencia de las monstruosas aberraciones antihumanas en que derivaron, casi desde su inicio, todos los Estados de “socialismo real” o revolucionario. Finalmente, nos brinda un término, “ética radical”, que azuza en todo caso nuestras conciencias y suscita posibilidades reflexivas, insobornablemente críticas y honestas consigo mismas.
Por José Antonio González