Berlusconi y el sentido del ridículo
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 09 de diciembre de 2012, 18:36h
Cuando Silvio Berlusconi dimitió, la Italia de bien, de personas honestas y honradas un suspiro de alivio. Cuando el cavaliere fue obligado a dimitir, la Unión Europea, Ángela Merkel, Barack Obama y gran parte del Mundo se alegraron porque pensaban que terminaba una nefasta experiencia política, e Italia podría recuperar el sitio que merece en el corazón de Europa. Ahora que Berlusconi pretende regresar a la política, vuelve la preocupación por la situación de Italia, las guasas sobre su clase política, el terror sobre su futuro político-económico. Recordando las palabras de Marx, la historia se repite una vez como tragedia y otra vez, como farsa: este parece el caso de Italia, de un Berlusconi que se presenta por sexta vez como Presidente del Gobierno, relegando al pasado sus tres fracasados mandatos. Temíamos que el ex Presidente no se hubiese retirado: el suyo fue un repliegue estratégico, apartarse hasta que las aguas se calmarán, esperando la oportunidad para volver. Y aquí está.
Ya preanunciábamos que la agonía política del cavaliere iba a ser larga: aún así costaba imaginar un desenlace tan grotesco e ínfimo. Los italianos no pueden olvidar que este hombre intentó que nos creyésemos que Ruby Robacorazones era la sobrina de Mubarak, que las leyes ad personam eran en el interés de todos, que pagaba el alquiler de la Olgiatina a unas modelos por fines filantrópicos. Ofende la inteligencia (de algunos…). El intento de volver a ser candidato a la jefatura del Gobierno parece un gesto patético que esconde la desesperación de un hombre que tiene más miedo a la Justicia que a hacer el ridículo. ¿Cómo se puede presentar una decisión insensata y egoistica como un gesto responsable? Ofende, una vez más, la inteligencia (de algunos…). Hasta sus incondicionales acólitos y serviciales prosélitos se deberían dar cuenta de que Berlusconi volverá a enfangar la vida política italiana con sus intereses personales. Desde que fue forzado a abandonar el Gobierno, Berlusconi está obsesionado por encontrar un salvoconducto que lo blinde ante los procesos judiciales que aún siguen abiertos. Berlusconi sigue persiguiendo sus intereses personales, sin tener en cuenta los intereses de Italia: un hombre “enfermo” de protagonismo que antepone sus intereses a los de la colectividad, sin sentido de responsabilidad. Una escena patética, de un hombre de 76 años inmaduro y megalómano. Su vuelta responde también a una reacción de orgullo, al darse cuenta de que el Pueblo de la Libertad quiere librarse de él, que su delfín y otros capataces quieren “jubilarle”. No saben que Berlusconi es como el Dios Crono, que se comía a sus hijos por temor a ser destronado. Además, no considera a sus subalternos dignos de sucederle: a Alfano, el Secretario de su partido, le trata como a un mayordomo -algún mordaz periodista lo ha definido “el chico de los recados-, encargado de hacer sus anuncios públicos (como en esta ocasión), aunque debemos decir que supone un caso de estoica fidelidad, obediencia ciega y masoquista, ya que Berlusconi le cuestiona a menudo y empequeñece constantemente. Asimismo, en la decisión del ex mandatario pesa la condena del Tribunal de Milán a 4 años de reclusión por un fraude fiscal en su consorcio mediático Mediaset: por eso, en esta primera comparecencia, no ha perdido su hábito de atacar el sistema judicial italiano.
La campaña electoral ya ha empezado y Berlusconi debe preocuparse por no aparecer como el hombre que lo arruinó todo en el peor momento. Tras tres meses de emboscadas y amenazas, Monti dimite por culpa del partido de “propiedad” de Berlusconi, abriendo un escenario incierto para el futuro de Italia y beneficioso para la empresa de su propiedad. El gesto del Presidente del Milán tendrá repercusiones, perjudicará la credibilidad de Italia y minará la estabilidad político-económica del país–los mercados siguen desconfiando y la prima de riesgo ya se disparó el pasado viernes. Podrán quedarse sin aprobar leyes importantes como el decreto Ilva (que podría salvar el trabajo a cerca de 20.000 personas), el decreto de Crecimiento (que contiene medidas para la modernización del país) o la necesaria reforma de la ley electoral. Mientras tanto Berlusconi, ya en campaña, demuestra estar cayendo en las tentaciones populistas más primitivas, apostando por “las fórmulas simplificadas utilizadas por los políticos para explotar los sentimientos de los ciudadanos” (como bien dice Monti). Hará una campaña anti-Monti y contra del euro, prometiendo reducir las tasas y creando empleo. Las mismas fábulas que ha venido contando desde 1994: aún así no podemos dar por descontado que los italianos no le creerán una vez más. Hay una parte del electorado –en Italia, a veces mayoritaria- que arrincona la racionalidad y prefiere creer en vacías promesas y en las ilusiones de un demagogo barato, de un vendedor sin credibilidad, de un político investigado. Moverá su ofensiva publicitaria, encargará a sus vasallos, a sus súbditos y a sus subalternos, calentar la campaña electoral, difamando e insultando en sus televisiones e internet, su nueva arma de “distracción de masas”. Sin sentido del ridículo, sacará sus habilidades de mercadotecnia para demostrar que él es el Salvador. Si fuera así, que alguien no salve del Salvador, por favor.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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