A hecho de pinchar la burbuja lo llamamos devaluación, devaluación interna, para más señas. Es lo que nos queda. No podemos recurrir a la devaluación monetaria, de modo que son los precios y el consumo lo que tienen que ajustarse. Guy Sorman cree que esta política salvará a nuestro país.
Fuimos insosteniblemente ricos, se dice. Lo dicen incluso quienes más críticos son, o piensan ser, con la ortodoxia económica. No se dan cuenta, al relatar indignados nuestras miserias, que ahora somos más pobres porque antes fuimos falsamente ricos. Ahora tenemos no ya que volver a nuestro nivel (al nivel que nos permite nuestra productividad), sino a un nivel más bajo, para poder pagar las deudas pasadas.
A eso se le llama devaluación interna. Los activos que antaño adquirieron precios exorbitantes, caen en valor a toda prisa. Es el caso de
la vivienda. Y eso que tiene todavía un largo camino por delante. Según Mario S. Guillén los precios de los pisos
caerán de forma consistente el año que viene. Lo mismo ocurre con los sueldos. Con los sueldos privados, en una medida muy importante, y parcialmente también con los sueldos públicos, aunque mucho menos.
En este contexto,
dice Guy Sorman sobre la vuelta al crecimiento: “los costos laborales de producción han hecho que muchos productos y servicios europeos, sobre todo en el sur, sean más caros que su equivalentes fabricados en países con costes laborales más bajos. La solución económica clásica requiere reducir el gasto público y los salarios para una vuelta al crecimiento y el pleno empleo”.
“En España, el intransigente rigor del gobierno liberal”, en chocante referencia al gabinete presidido por Mariano Rajoy, “que no se inmuta por las protestas, da los primeros resultados positivos”. Y entonces introduce el análisis que se hace también el propio Gobierno: “La baja de los salarios, una especie de devaluación interna sin dejar el euro, redujo los costos laborales muy por debajo de la media de la zona euro (-30 por ciento, según el
banco Arcano), mientras que la productividad está solo un poco por debajo de la media europea (10 por ciento)”. Por cierto, que un reciente
artículo en Les Echos de Jessica Berthereau, corresponsal en Madrid, decía que la salida de España de la crisis “ya no es una utopía” y mencionaba el informe del banco, escrito por Ignacio de la Torre.
¿Dónde está esa recuperación? Prosigue Guy Sorman: “La economía española se reanima: desde el año 2008, las exportaciones españolas han crecido un 17 por ciento, frente al 12 por ciento en Alemania y un 5 por ciento en Francia. Renault, que suprime empleos en Francia y suprimiría más si el gobierno se lo permite, anunció la creación de 1.300 nuevos puestos de trabajo en España, como lo han hecho Ford y PSA, para aumentar su producción. PIMCO, el mayor gestor mundial de bonos de la deuda pública, se desentiende de Alemania, cuyos bonos no producen nada e invierte en bonos españoles, que están ahora mejor considerados y no ofrecen mayor riesgo. ¿Podemos concluir que la austeridad está salvando a España?”
Por desgracia, Sorman no nos da una respuesta categórica. Seguramente no se pueda dar. Pero sí dice que “si los españoles aceptan su empobrecimiento durante dos o tres años más, gracias en gran parte a su notable solidaridad familiar, recuperarán y aumentarán su antigua prosperidad. Cabe recordar que estas políticas de austeridad ya se han practicado en el norte de Europa, Suecia, los Países Bálticos y Alemania. Pero en el Sur, nunca. El éxito español demostraría que la ciencia económica no depende del clima o la cultura, sino de la consistencia y la continuidad con la que se aplica”.
Él lo sabe bien, que se ha recorrido más de medio mundo. Pero a Sorman le falla su conocimiento de la historia de España. Quizás en otra crónica recordemos cómo España escapó de una grave crisis económica y asentó las bases de un largo ciclo de crecimiento con el
Plan de Estabilización de 1959.