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IN CONTRARIA DUCET

Japón: Aplastante victoria del Partido Liberal Demócrata

miércoles 19 de diciembre de 2012, 08:23h
El pasado domingo 16, Japón celebró las elecciones legislativas para elegir los 480 diputados de la Cámara de Representantes. Esta mañana, terminado ya el escrutinio de los votos, toda la prensa del país da con grandes titulares la noticia de la abrumadora victoria del Partido Liberal Demócrata, actual primer partido de la oposición, con 294 escaños frente a los 118 escaños con que contaba en la legislatura anterior, sobre el Partido Democrático, partido en el poder en estos últimos años, que ha tenido que contentarse con un triste resultado de 57 escaños en vez de los 230 que tenía hasta ahora.

La verdad es que todo se veía venir y lo hemos tomado con bastante tranquilidad y con cierto convencimiento, porque, ya antes de las elecciones, todas las encuestas y los sondeos realizados por los principales medios de información nos pronosticaban un resurgimiento espectacular del sector conservador representado por el Partido Liberal Demócrata y un considerable descenso del impopular Partido Democrático - una heterogénea coalición política de mezcolanza de los mederados y los progresistas-, que no ha sabido aprovechar la oportunidad que se le había brindado hace más de tres años al tomar la rienda del país para consolidar las bases como un partido responsable y unido .

Estos resultados de las elecciones del pasado domingo confirman a las claras la gran decepción que ha experimentado todo el electorado durante estos últimos años por la política poco madura e inhábil del gobierno del Partido Democrático y por la falta absoluta de unas cualidades fundamentales en los principales miembros de este partido requeridos para ser un político de clase: el sentido de responsabilidad, la capacidad de juicio, la iniciativa para toma de decisiones, el liderazgo y las agallas. De hecho, en estos tres años y cuatro meses de legislatura, el Partido Democrático ha tenido, uno tras otro, nada menos que tres Primeros Ministros —Hatoyama, Kan y Noda- sin poder llegar a conseguir la confianza del pueblo.

Todo el electorado se acuerda, con cierta dosis de nostalgia, de aquellas esperanzadoras promesas idealistas que llevaron al partido al poder en las elecciones legislativas de hace tres años: recorte de gastos burocráticos para invertir los fondos ahorrados de esta forma en el sistema de bienestar social, frenar gastos superfluos en los ministerios para sacar suficientes fondos presupuestarios, reforma administrativa a fondo en las oficinas de la burocracia nacional, mantener el actual tipo del impuesto sobre el consumo (IVA) del 5%, tarifa gratuita en todas las redes de autopistas nacionales, bajada del precio de gosolina, ayudas en metálico para todos los niños antes de cumplir los 15 años etc.etc. Todas estas promesas han quedado sin poder ser cumplidas satisfactoriamente, sencillamente porque, en una palabra, el Partido Democrático había prometido el oro y el moro sin poder contar concretamente con las fuentes de ingreso para garantizar la realización de estas medidas halagadoras para el pueblo y sólo con el afán de obtener votos por su utópica visión de la vida japonesa. De esta manera las elecciones de hace tres años habían sido, como bien criticaba uno de los dirigentes del Partido Liberal Demócrata de entonces, las de “por soborno” en el sentido de que el Partido Democrático había prometido al pueblo sólo los beneficios de que podrían disfrutar sin contar con ninguna base financiera garantizada.

Otra nota que hay que destacar en las últimas elecciones de este domingo pasado es la aparición de una serie de nuevos partidos de “ tercera fuerza” que pretenden ofrecer una nueva opción al electorado fuera de los dos partidos principales. Sobre todo habrá que seguir fijando nuestra atención en el novísimo “Nippon Ishin-no-Kai” (Partido para la Restauración de Japón) que ha conseguido nada menos que 54 escaños siendo un partido recién formado hace sólo unos meses y en el papel que pueda desempeñar en el mapa político del país en el futuro.

Cuando el Partido Democrático subió al poder hace tres años poniendo el punto final a la larguísima hegemonía del Partido Liberal Demócrata que había estado en el poder por más de cinco décadas seguidas, parecía que iba a operarse el turno de partidos en el poder en la política japonesa. Y ahora parece que no ha cuajado de momento el ideal de la dinámica del turnismo entre los dos grandes partidos. ¿Ha sido sólo aparente el equilibrio dinámico entre los dos partidos o se encuentran algunos fallos en el mismo sistema? O ¿a lo mejor no va con la mentalidad del pueblo japonés?

De eso habrá que verlo con tiempo y con más tranquildad.