Un tal Junqueras, su mamporrero Mas y la profecía del fin de España
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 19 de diciembre de 2012, 20:35h
Como tengo la fortuna de escribir antes del día 21, que como saben todos ustedes, y ya perecieron intuir los mayas, es la fecha del fin del mundo, pues aún puedo expresarme. Un verdadero alivio, porque, en caso contrario, no podría glosar la acumulación de idioteces que parten de esta querida Cataluña a través de sus nunca bien ponderados líderes, el presidente real de la Generalitat, Oriol Junqueras, y su mamporrero, el señor Mas.
Ambos personajes han llegado a un pacto, según el cual tienen cogido el futuro por el rabo, como quien coge al diablo. Delenda est España, o sea que la independencia de Cataluña tiene fecha de efemérides: 2014. Y van y se lo creen, lo que es extraordinariamente interesante para un psicólogo. Se creen el fin de España, como los mayas pudieron pensar (o alguien así lo cree) el del mundo. Claro que, a lo mejor, a los escribas se les acabó el soporte para escribir, o simplemente tuvieron que irse, una vez esquilmados los recursos de su entorno.
A los profetas catalanes del fin de España les empieza a pasar lo mismo. O se les acaba el papel, o les angustia la amenaza penal por la corrupción, o sueñan con el escapismo ante la crisis que tiene en la ruina a Cataluña, que vive en respiración asistida por el Estado.
Lo que no estoy seguro que hayan reparado es con qué fuerza realmente cuentan. Y con cuál cuentan los adversarios de su proyecto, tanto interiores como exteriores.
¿Puede ser que en su total enajenación hayan pensado que España es un Estado débil, apocado, tembloroso, por el sólo hecho de que los españoles no se sienten en la necesidad de afirmar que lo son, ya que es lo normal y no una exigencia dramatizada? Seguramente lo han creído, porque España se manifiesta en su conjunto con prudencia y paciencia, sin angustias ni tragedias, porque ya no es época ni hay necesidad. Pero se equivocan bastante estas aventureras elites separatistas, porque es cierto que ya no hace falta la defensa dramática de España, sino basta con el suave, razonable, tranquilo decurso de la ley.
La épica nacionalista se enfrenta con un problema. Ellos sacan las hoces de segadores, y enfrente hay un oficial de juzgado que les enfrenta con un papel. Ésa es toda la batalla de la gran revolución escisionista. Por eso, a lo que más temen los separatistas es al papel, a la citación en el juzgado, a un dictamen de un tribunal. Y por eso le pedía ayer (con aparente ironía inteligente, pero con absoluta estupidez argumental) el portavoz de ERC, Bosch, a Rajoy que “convenza a Europa para que acepte la independencia de Cataluña”. Lo que queda simpático como provocación, pero algo corto en la comprensión del enemigo que se están echando los independentistas.
ERC, y su súbdito Mas, han planteado un escenario preparacionista. Esa creencia que compartía la madre del desgraciado joven que sembró a tiros una desgracia mayor que la suya en Connecticut. El preparacionismo, es decir, la preparación para el inminente fin del mundo, es lo que ha traído a España el señor Junqueras y su escudero Mas, sólo que ellos creen que es el momento de certificar el fin de una Nación, la española.
Yo no digo que no tengan razón, y que incluso no lleguemos a 2014, porque todos nos extingamos este viernes. Pero, por si acaso no pasa así, y este artículo sobrevive en internet a partir del sábado, aviso al profeta maya Mas, y al habilidoso cizaña Junqueras, que tira la piedra de la soberanía y esconde la mano en el bolsillo de Mas, que no hacen bien en vender sus propiedades y retirarse al desierto, como los preparacionistas. Y peor hacen en concitar a los catalanes para que se inmolen colectivamente como la secta Moon.
Lo siento por esos catalanes, porque con la confusión independentista y el guirigay en las políticas socioeconómicas de la nueva Generalitat, que va a tener que recortar con una mano y freír a impuesto a sus votantes con la otra, van a pasar una temporada fatal. Lo siento por las empresas y por los bancos, por los ciudadanos y los comerciantes. Incluso lo siento por los consumidores de coca cola, gravada a impuestos por su culpa originaria de ser una bebida capitalista, lo que irrita mucho a Esquerra.
Vamos, lo siento por todos, aunque bastantes ya se están preparando un discreto mutis por el foro, y por eso Mas amenaza por penalizar la deslocalización, sin saber, pobre, que no hay nada más delicuescente que el capital, que se escapa de las manos de los gobernantes como el agua entre los dedos.
Lo siento, pero en su mano, la de la ciudadanía, está explicarle a Mas que Cataluña no es Corea del Norte, aunque el civilizado Junqueras sea discípulo de la dinastía de Kim il Sung. Y si los catalanes no se expresan así, porque quienes tienen que darles voz, los medios de comunicación y los portavoces de la sociedad civil, no lo hacen, pues tendrá que hacerlo otra instancia: la ley.
Se podrá decir, con razón, que precisamente las personas que deberían haberla aplicado, la citada ley, no han estado hasta ahora a la altura. Que han preferido el statu quo frente a la retórica nacionalista durante la larga etapa de Pujol, donde se hacía la vista gorda a cambio de no alterar la estabilidad de una España siempre compleja, aunque siempre superviviente.
Pero ya queda claro que no se puede mirar hacia otro lado, porque es el propio adversario el que te exige la reacción. No le quepa a este enemigo ninguna duda. Tendrán, ya están teniendo, la reacción que deseaban. Pero sin tanques, queden tranquilos. Sólo con un oficio del juzgado.
Lo patético es que los heroicos independentistas no terminarán en los tribunales por insurrección política, sino mayormente por corrupción. Porque estos nacionalistas han querido mucho a Cataluña, cuando su Patria estaba en Suiza, y no quieren separarse tanto de España, como de la Fiscalía Anticorrupción de este bendito país que siempre parece flojo y siempre resiste, aunque sea entre lamentos, que hay que ver cómo nos quejamos… y qué razón tenemos para quejarnos. Tanta como para sentirnos orgullosos.
Bendita España, capaz de considerar relevantes a personajes como Mas y su estricta gobernanta Junqueras, que sólo son importantes si lo son nuestros miedos.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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