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21/12/12: ¿fin del mundo?

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Decían los mexicanos en el siglo XIX: “si se acaba el mundo, nos vamos a Yucatán”. Denunciábase así la lejanía que les representaba la península yucateca, como que a ella no llegaría el fin de mundo en el remoto caso de producirse, al no aventurarse a ella. Pero hoy la realidad advierte que pareciera inútil tan descomunal esfuerzo, tan globalizados como lo estamos. Y es que acaso pocas fechas hayan sido tan señaladas y tan esperadas en medio de cierta ansiedad, como el 21 de diciembre de 2012 (21/12/12), marcado por los agoreros para ser la jornada memorable del fin del mundo. Ni más ni menos.

No recuerdo una situación similar desde el cambio de siglo con la llegada del año 2000 y su presencia en nuestros horizontes ya desde décadas atrás. Tal vez esta sea la primera gran fecha en el siglo que ha llamado la atención de amplios sectores de la humanidad creyendo o no, que el mundo se acabará cuando se produzcan una serie de fenómenos astronómicos o calendáricos relacionados con la cesación de la llamada “cuenta larga” de los Mayas, que parece coincidente con nuestro 21 de diciembre de 2012. Leíamos en El Imparcial que acaso todo quedara solo en una simple catástrofe a lo más. Bueno…¿qué se acaba el mundo? pues cojan su silla y apréstense a mirar la función.

Yo estoy admiradísimo de tanta cosa dicha alrededor de tan singular fecha. Pero es verdad que nadie sabe a ciencia cierta lo que sucederá y me estremezco en pensar siquiera, en decir que no pasará nada. Yo no puedo asegurarlo ni en un sentido ni en otro, positivo o negativo. Me asaltan un sinfín de dudas derivadas de reflexionarlo. Quien esté seguro de lo que sí sucederá que alce la mano. No sé bien a bien qué pensar porque soy un descreído del fin del mundo, ya que nos lo han prometido tantas veces por activa y por pasiva, que una más ya ni me la creo. Leí hace poco en redes sociales una pregunta: “¿cuántas rayas aguanta tu tigre?” Pues este asunto y al paso que vamos, ya está más rayado que otra cosa, de forma tal que si en 24 horas pasada la publicación de esta columna, usted y yo seguimos enteros y leyéndonos, seguro la habremos librado si el Fondo Monetario, las calificadoras o el Banco Mundial no deciden otra cosa, claro, que son muy suyos.

Amén de que nadie me ha mostrado una profecía contundente y seria que case con el fin del conteo maya que se arguye, o al menos yo no la he leído, al margen se plantean escenarios de los más diversos sobre lo que ha de suceder el 21 de diciembre de 2012 con el solsticio de invierno: que habrá oscuridad tres días, el ascenso a una nueva dimensión, la destrucción del planeta, inundaciones de miedo o que habrá cambios multitudinarios de actitud (una de las versiones más socorridas). Lo que sí es que no me trago la de una peli hollywoodense oportunista usando la cifra 2012, cargada de desatinos. A mí con esa brocha no me encalan. Justo porque lo han contado tantas veces y de tantas maneras posibles (todas parecen ser parte de una alucinante competencia de insufribles horrores que nos merecemos como especie) que agobia tanta pesadumbre que apenas rivaliza con la incertidumbre de lo que pasará. Y después de todo ¿acabarse el mundo? Seamos sensatos: no nos lo van a poner tan fácil ni tan rápido. Ya parece que nos iban a facilitar la salida. Y con la que está cayendo ¡menos! De suceder algún día, será a fuego lento, no de manera fulminante. Ni en sueños. Primero hay que pagar a la Merkel, al FM y al BM y luego hablamos. Se los tengo dicho: se pega el pesimismo cultural heredado por varias vías que constriñe nuestras ganas de vivir.

No tenía idea del berenjenal que era meterme en el tema, pues, revisándolo, tanta duda proviene de que no se ponen de acuerdo en torno a lo que sucederá. Desde hace unos años han pululado libros, estudios, tratados especializados, dicen serlo, conferencias y blogs o revistas de toda índole (científicas, las del lado oculto y hasta las de “la otra ciencia”) y otras fuentes, todas expertísimas en el tema del calendario maya; y todas abonan de la mano de pontífices, astrólogos, magos o grandes sabedores ocultos, entregándose a cuántas mancías traigan a pelo adivinos, hechiceros o doctoras corazón que dicen a todo el que quiera oírles su verdad acerca del 21/12/12; y pasando todos de refilón, casi, casi de puntitas, de la tradición judeo-cristiana, que ha advertido claramente desde siempre, que nadie sabe ni el día ni la hora y no hay manera, ya le digo. Algunas esperanzadoras versiones afirman que los mayas nada predijeron del fin del mundo y que en dado caso, lo que sucederá consistirá en que pasaremos a una dimensión en que seremos mejores. Ya mejora el panorama ¿no? Baste decir que todo comenzó, a mi juicio, al descifrar el calendario maya en tiempos recientes, concluyéndose a partir de cierta lectura de lo encontrado que, con base en la suma de los “b’aktunes"; (períodos de 400 años) que conformaban las eras mayas en ciclos de 13 b’aktunes, resultaba que estábamos al final de una era de 5,125 años y siguiendo su cuenta, ella concluye el 21 de diciembre de 2012. De allí la reboruja de datos. El precedente consiste en que cada vez que se acababa un ciclo 13 ello significó el fin de los mundos anteriores al nuestro. Hasta allí. Pero queda claro que ningún ser viviente ha atestiguado lo que sí suceda en ese caso. Por ello crece nuestra desazón. Especulamos más que entorno al euro. Yo empiezo a creer que no pasará nada, mas no puedo ser categórico.

Y ante los silencios, los asegunes aparecen.¿A qué hora dijeron que llegará el fin del mundo? ¡qué pregunta tan sosa e inoportuna! Me supongo que a las cero horas tiempo de Yucatán, en pleno mundo Maya donde nació la mentada cuenta larga que ahora termina, y que acoge 5 países (Belice, El Salvador, Guatemala, Honduras y México). ¿O será monopolio de Greenwich? Ni la NASA lo supo decir al desmentir a quien se deje, advirtiendo que no sucederá algo malo. Yo no me fío de ella. Zapatero a tus zapatos. Yo veo a los mexicanos tranquilos y no faltó el desaprensivo que dijera que el fin del mundo solo es el regreso del PRI. Puede ser, sí. Y en cambio, no olvidemos que han sido los seguidores de la Nueva Era (New Age) los mejores promotores de la parafernalia alrededor del asunto, pues quieren ver cambios donde sea. Mis dudas crecen pero percibo un tufillo de falsedad en todo este tinglado. En su época, el arzobispado de México los condenó por otras tesis, así que….

Eso sí, México ha sacado oportuna raja del tema y lo veo formidable. Ya desde antes, pero sobre todo en el año 2012, ha sabido promover estupendamente la Riviera Maya so pretexto de y no tiene usted idea de cuánta gente se ha dejado ir sobre sus blancas arenas o sus ciudades mayas perdidas en la selva, mientras las cifras de turismo e ingresos de divisas van viento en popa. Si otras latitudes han explotado carnavales, competiciones deportivas, santuarios, mundiales de fútbol y cuanta cosa jale al peregrino moderno llamado “turista”, ergo, ya nos tocaba una. Eso sí, hay de todos los precios para todos los bolsillos, pero que conste que la Riviera Maya jamás ha tenido fama de baratita. A inicios de la última semana antes del fin del mundo, se publicó que se esperaba una derrama económica en pro de la zona y solo considerando cual muestra las dos últimas semanas de 2012, por un monto de mil millones de dólares. En ello van entre otros muchos beneficiarios, en parte, cadenas hoteleras de capital español, así que la notita no puede ser mejor con el 80% de su capacidad ocupada y junto con un despliegue de grandes representaciones artísticas coincidentes, organizadas para el suceso.

Así las cosas, por si acaso y si ya no nos saludamos al cumplirse los peores vaticinios, para estas entrañables fechas que son las Navidades, quiero desearle lo mejor a usted y a los suyos y al equipo al completo de esta preciada casa editorial, El Imparcial, enviándoles un abrazo desde ultramar.
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