La verdad histórica y un museo en Burgos sobre la Guerra Civil
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 21 de diciembre de 2012, 20:21h
Hará unos cuantos meses que un grupo de personas me han preguntado mi opinión acerca de crear en Burgos un museo de la Guerra Civil (1936-1939).
La opinión que les di a esos amigos y vecinos de la Ciudad de Burgos fue la siguiente.
Habría primero que saber si las autoridades electas de Burgos estarían dispuestas a apoyar un Museo dedicado a la Guerra Civil. En segundo lugar, conocer si la opinión pública de Burgos lo quiere.
Desde luego, un proyecto como ese requiere que se haga con un gran consenso, con un rigor histórico absoluto, y, orientado hacia los valores de nuestra Constitución, valores que nos han permitido superar el gravísimo trauma de aquel enfrentamiento terrible. Es decir, Burgos desea presentarse ante la opinión pública de este siglo como un ejemplo de algo tan obvio como dificilísimo: la verdad histórica sobre un pasado sirve para unir a la sociedad del mañana.
Para llevarlo adelante, en mi opinión, ese proyecto deberá ser desarrollado por una comisión de personas altamente cualificadas en los saberes necesarios, y que además, tengan una autoridad moral para tratar una materia tan delicada. Esa comisión deberían integrarla profesores de la Universidad, personas representativas de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia Católica, de la Justicia y de algunos otros sectores profesionales, asociativos, etcétera. Debería constituir un grupo reducido, con la autoridad y el prestigio suficiente como para relacionarse con personas físicas o jurídicas, cuya relación con la Guerra Civil será siempre contradictoria y dolorosa.
Esa comisión, no sólo tendrá una independencia intelectual, sino que asumirá toda la responsabilidad decidiendo los contenidos materiales y culturales de ese museo; en otras palabras, ¿cuál será la narrativa, el relato que sobre la Guerra Civil ofrece la Ciudad de Burgos?
Esa idea de que la verdad histórica une a las sociedades, la encontramos en Estados Unidos. Su Guerra Civil o Guerra de Secesión (1861-1865) tuvo todas las características propias de la peor guerra posible: una guerra entre hermanos, fratricida, carece de las virtudes de la lucha contra extranjeros. En una guerra civil, el otro bando tiene que ser destruido, y en la guerra americana, y mucho más en la española, la destrucción del otro bando –“los confederales”, y en el otro caso, “los republicanos”- supuso la exterminación de los que militaban en el bando derrotado.
Si se quiere acertar con un museo sobre la Guerra Civil, los varios que existen en Estados Unidos son un ejemplo perfecto de lo deberíamos hacer. Hay museos locales, estatales y hasta llegar a un “The National Civil War Museum”, en Harrisburg, la capital del Estado de Pennsylvania.
Convendría tener en cuenta que la Guerra Civil Americana creó muchos odios, y por mucho tiempo. Su brutalidad dejó conmocionados a muchos extranjeros (entre otros, al general español Prim) que vieron matarse con saña a los americanos. Sus distintos museos sobre aquella matanza fraternal aparecen como un intento de exponer “la verdad científica o histórica” de aquel monstruoso conflicto. Y gracias a ese benemérito intento, los Estados Unidos han superado socialmente aquella división interna.
Burgos tiene algunos ejemplos excelentes de cómo la verdad histórica sirve para ver el pasado con objetividad, y para avizorar el futuro desprovisto de los mórbidos complejos de nuestras peores épocas.
Un museo burgalés sobre la Guerra Civil deberá contar necesariamente la historia de Domingo Batet Mestres, el general que estaba al mando de las tropas en Burgos, y que fue fusilado por el general Franco injustamente. El general Batet fue siempre un militar cumplidor con las leyes, lo mismo cuando aplastó con sus tropas a los independentistas revolucionarios catalanes en 1934, que cuando en 1936 se opuso a las acciones ilegales de Mola, Franco y los demás golpistas. Una víctima que sirve hoy de ejemplo de probidad y lealtad.
Ese respeto a la ley, es lo que señala también la verdad histórica. En Burgos existen muchos ejemplos de lo mismo: por ejemplo, Manuel Carrasco i Formiguera, un catalanista católico que tuvo que huir de Cataluña por culpa de los extremistas anarquistas y comunistas, y que fue a caer en la garras de otros extremistas, igualmente sectarios, aquellos que lo fusilaron cobardemente en Burgos. Conocemos a otros muchos, notables y anónimos, cuyas vidas nos podrían mostrar en ese museo muchas verdades históricas que conviene saber: desde Antonio José (el músico cuya muerte recordó la de García Lorca), los familiares de Francisco Ayala y los miles de detenidos y ejecutados en aquellos años, hasta los generales Franco, Yagüe y los que militaron en el bando triunfador que bautizaron a Burgos con un nombre propio del Anticristo: “Capital de la Cruzada”.
¿Es capaz Burgos de algo tan difícil? Su sociedad civil tiene fuerzas capaces.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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