Saber escuchar y la Navidad
martes 25 de diciembre de 2012, 20:07h
Es la Navidad un buen tiempo de reflexión y de evaluación en medio de las prisas de nuestro quehacer cotidiano. Dentro del ruido y las luces que tanto caracterizan a estas fechas, parece recomendable mirar un poco y, sobre todo, saber escuchar lo que merece la pena ser oído. El nacimiento del Señor se caracteriza principalmente por personas que supieron escuchar: la Virgen María al Ángel Gabriel, los pastores igualmente a los ángeles que anunciaron la Buena Nueva, también los Reyes Magos supieron escuchar y estar atentos. Tengo dudas de que en nuestra actual sociedad el arte de saber escuchar se practique en la medida necesaria y éstas crecen aún más respecto si escuchamos realmente lo importante.
Creo sinceramente que una de las principales lagunas de nuestro tiempo moderno y mecanizado, es haber perdido en una gran medida el enriquecedor y necesario arte de saber escuchar. Resulta paradójico constatar esta limitación en la autodenominada Sociedad de la Comunicación o Información. Es verdad que somos ricos en medios (móviles, ordenadores, tabletas, etc.), pero tal vez nos falten las actitudes precisas para poder hacer un buen uso de ellos. Uno de los peligros de nuestras modernas sociedades occidentales es cierta soberbia que se apodera del individuo que siente que tiene el mundo en sus manos a través de internet y la red. Ciertamente las nuevas tecnologías han dado un enorme poder al individuo del siglo XXI, pero es esencial que las personas estén a la altura de los medios que tienen o poseen.
Hoy más que nunca, dado ese enorme poderío mediático del que disfrutamos, necesitamos aprender a escuchar, el único camino válido para crecer y aprender en la vida. Saber escuchar implica muchas cosas. De entrada, interés y respeto por el otro. Todo el mundo necesita expresarse, comunicarse, sentir que puede aportar algo y a todos nos gusta y nos agrada que nos escuchen, es sin duda una forma de respetar y valorar al otro. Por otro lado, escuchar es reconocer nuestras limitaciones y defectos. Necesitamos de los demás. Escuchar implica humildad para que nos enseñen, para que nos abran los ojos, la mente y el corazón. Saber escuchar es una de las acciones más propiamente humanas, es la esencia de la humanización, nos hacemos personas en la escucha. Se crece escuchando. También es importante escuchar con discernimiento, hay que filtrar, no todo vale. Es básico desechar la paja y seleccionar el grano. Cuidado con los charlatanes y embaucadores. Hay que saber escuchar…, lo que es válido.
La posición contraria de no escuchar es fruto de la soberbia y la estupidez. Es sentir que los demás no tienen nada importante que decir, o que uno mismo tiene algo relevante que merece la pena ser escuchado, cuando a lo peor no es así. No escuchar es la parálisis de la vida, el constante empobrecimiento, el salir como entraste.
La verdadera Navidad, el nacimiento de Dios, sólo llegará a aquellos que sepan y quieran escuchar. La vida es predisposición, sin esa puerta abierta no podemos salir de nosotros mismos. La vida humana es una maravillosa aventura en la que elegimos y vamos forjando nuestro destino. Para ello es preciso tener los oídos bien abiertos y especialmente escuchar las cuestiones importantes que merecen ser atendidas. Sin duda el nacimiento de Dios es la Cuestión, sólo hace falta querer escucharla.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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