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La promesa de Mas

miércoles 26 de diciembre de 2012, 08:26h


Este pasado lunes, Artur Mas tomaba posesión como Presidente de la Generalidad de Cataluña. En lo que al aspecto formal se refiere, y ante la pregunta de si “prometía el cargo por el Rey, a la Constitución y al Estatut”, Mas respondía que lo hacía “con plena fidelidad al pueblo de Cataluña”. Tal coletilla recuerda al “imperativo legal” utilizado por los proetarras hace años en el Congreso de los Diputados, destacando lo preocupante del lugar común al que ha llegado CIU. La cuestión no es sólo –ni siquiera principalmente- política, como piensan los nacionalistas. El problema es de seguridad jurídica y legalidad, porque no hay democracia –en el sentido occidental del término- sin ley o contra la ley.

Este viaje hacia el secesionismo, lo hace Mas de la mano de Esquerra, con quien ha suscrito un pacto de legislatura, aunque conviene recordar que ha en campaña el discurso era muy parecido al de ahora. Por ello, no puede responsabilizarse a Esquerra de la radicalización de CIU, que ya había impulsado motu proprio Artur Mas. Sin los 13 diputados de Unió, Convergencia sola lo tendría imposible a la hora de llevar a cabo su plan secesionista. Que lo tengan claro aquellos que quieren ver en el partido de Durán i Lleida una actitud algo más moderada, cuando no contraria a todo este atropello; han tenido ocasión de pararlo, y no lo han hecho.

La promesa de Mas, pues, escenifica el verdadero rostro del nacionalismo en su conjunto. Puede que algunos de los que acudieron a la manifestación de la Diada no fuesen partidarios de la secesión, y otro tanto puede decirse que quienes votaron a CIU. En el caso de éstos últimos, sin embargo, hay que decir que nada de lo que están poniendo ahora en práctica los nacionalistas catalanes es un plan oculto: no hacen sino cumplir una promesa electoral reciente y un plan histórico de larga data. Han cubierto las etapas que consideraban necesarias y ahora se creen preparados para la ruptura definitiva. Etapas y promesas que pueden acarrear múltiples problemas y que sin una clara unidad de actuación por parte de las principales fuerzas políticas se antoja muy difícil de resolver.
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