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2013: la encrucijada

David Ortega Gutiérrez
martes 01 de enero de 2013, 18:57h
Concluye el tormentoso y muy duro año 2012, en el que la crisis económica e institucional ha azotado de manera especialmente virulenta a los españoles. Ha tocado apretarse el cinturón, vivir estrecheces, renunciar a derechos sociales conquistados y en no pocos casos, buscar mejor fortuna en otras latitudes. La sensación global de los 47 millones de españoles es de pesimismo frente al futuro, acompañado de una profunda frustración política, se espera poco o nada de nuestros dirigentes. Sin embargo, la vida siempre sigue, llega un nuevo año, el 2013, y es humanamente comprensible que nos planteemos nuevas perspectivas y enfoques de nuestra vida colectiva o en común.

El pueblo español busca cuestiones muy básicas en su clase política, que me atrevería a compendiar en las siguientes ideas: 1. Honestidad por encima de todo. Se quiere gente honrada que trabaje por el bien común y el interés general. La corrupción, las cortas visiones partidistas y las egoístas regionalistas (que hay de lo mío) producen una profunda desazón en la ciudadanía; 2. Credibilidad. Los españoles queremos que nos digan la verdad de las cosas, se necesitan gobernantes que hagan lo que dicen y expliquen bien lo que hacen. Hace falta claridad, explicar la realidad y que los ciudadanos sepamos a qué atenernos. Y, por último; 3. Jerarquizar. No se puede estar parcheando continuamente esperando a que escampe. Debemos afrontar con prudencia y decisión las raíces de nuestros problemas.

Dentro de esa jerarquía de nuestros problemas, que tenemos que afrontar más temprano que tarde, apuntaría, en primer lugar, la superación de la partitocracia por la democracia. Los partidos políticos tradicionales españoles tienen que experimentar una reforma en su raíz y en su estructura. Hay que nutrirse para los puestos relevantes del Estado de personas de primera, humana y profesionalmente, basta ya de mediocridad. Nuestra democracia precisa de lo mejor de la sociedad civil para los puestos políticos. Debemos seleccionar a los mejor preparados, de lo contrario, nuestra vida política está condenada al fracaso liderado por los mediocres y menos preparados. En segundo lugar, recuperar el sentido institucional y de Estado de nuestra política. Hay que cuidar y velar por el buen funcionamiento de nuestras Instituciones. Es esencial un buen Poder Judicial, clave para el sano desarrollo de nuestra democracia, hay que despolitizar el Consejo General del Poder Judicial y a nuestro Poder Corrector o Tribunal Constitucional. El respeto por la ley es vital para nuestra democracia. No hace falta hacer muchas leyes, basta con cumplir las que tenemos. Pocas y buenas leyes.

Por último, lo más importante, nuestro modelo económico productivo en relación con la Organización Territorial del Estado. Pocos ya pueden dudar del desastroso resultado que nuestro Estado Autonómico ha tenido para nuestro sistema económico financiero. Nuestros 17 mini-Estados o Comunidades Autónomas han dado un resultado económico y administrativo insostenible e inviable. No podemos seguir al borde del abismo. Debemos cambiar el absurdo modelo económico territorial estanco, creado en estos 30 años, por un sensato y viable modelo macroeconómico a nivel nacional por sectores económicos, como tiene cualquier país moderno y equilibrado. Hay que terminar con el descontrol en el gasto público, en el crecimiento e ineficacia de nuestra administración pública, en la falta de una política fiscal común e igual en todo el territorio, sin privilegios anacrónicos (caso del País Vasco o Navarra), en una absurda, repetida e insostenible distribución de competencias entre cuatro niveles de administración como el nacional, autonómico, provincial (diputaciones) y municipal, que prácticamente no existe en ningún país del mundo.

Esta es una de las principales cuestiones que hacen que España sea un país poco competitivo, prácticamente ya a nivel estructural. O se afronta esta materia con el rigor y la seriedad que requiere, o España quedará por muchos años condenada a la crisis permanente. Somos el país de la Unión Europea con mayor déficit por cuenta corriente (130.680 millones de dólares en el año 2007), que representa el 43% del total de los 304.000 millones de euros del conjunto de los países deudores de la UE. La industria española está hundida y las 17 Comunidades Autónomas son incapaces de producir exportaciones competitivas. Se creó un Estado Autonómico en base a postulados ideológicos y políticos, pero que económica y financieramente ha resultado un desastre que ha llevado a España al abismo, por no hablar de la gestión que los barones autonómicos del PSOE y del PP han hecho de las Cajas de Ahorro.

Estamos ante un nuevo año, el 2013, o comenzamos a andar la senda de la sensatez de la Política de Estado que los 47 millones de españoles necesitamos, o vamos a vivir unas décadas realmente duras en manos de los políticos comunitarios que, de forma similar a Grecia, nos podrán en nuestro sitio. Esta es la encrucijada.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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