Ni triunfalismo ni desesperanza
viernes 04 de enero de 2013, 21:19h
La bolsa ha subido con fuerza y la prima de riesgo ha caído a niveles que no recordábamos desde abril. El paro cae el último mes del año, y desde Morgan Stanley se señala a España, junto con Suiza, como un buen país para invertir. Nuestro país es el tercero del mundo en aumento de las exportaciones, y los precios de éstas crecen más rápidamente que los de los productos que importamos. ¿Son señales inconexas de una repentina mejora económica? ¿Son, al menos, el anuncio de una verdadera recuperación, aunque su llegada se retrase?
Algunos datos sí lo son, y otros no son más que un humo sin verdadero fuego. Como la mejora de la consideración de nuestra deuda por parte del mercado, que tiene más que ver con los acuerdos políticos de Washington que con un cambio en nuestra perspectiva económica.
El dato del paro es menos bueno de lo que parece. Desde luego que la caída en el registro del paro de casi 60.000 personas es un dato extraordinario. Pero siempre es más significativo fijarse en los datos de empleo, y el indicador más cercano que tenemos, que también es del mes de diciembre, es el de la Seguridad Social; y éste registra un descenso de 88.367 afiliados. Esto cuadra si consideramos que se ha desplomado la población activa, aunque los inmigrantes vuelvan a sus países, aunque el número de españoles que busca empleo en otros países haya aumentado más de un 21 por ciento, la clave es la desesperación de quienes buscan empleo. Más de la mitad de los parados llevan al menos un año buscando empleo sin éxito. Y, según la última encuesta del CIS, el 60,9 por ciento de los desempleados no tiene esperanzas de cambiar su situación en 2013, un dato demoledor. El dato de paro no es una manifestación de la mejora de la situación, sino todo lo contrario.
Pero tampoco debemos dejar llevarnos por la desesperanza. Porque una parte de esos datos sí apuntan a una recuperación genuina, aunque no veremos madurar sus frutos hasta finales del año que acaba de comenzar. Las exportaciones crecerán un 6,4 por ciento este año, según la OCDE, lo cual da la medida de la contribución que el sector exterior está llamado a hacer a la recuperación. Y es cierto que España, después del ajuste en salarios que está haciendo, y de las reformas hechas y por hacer, puede convertirse de nuevo en un lugar competitivo y atractivo para los inversores. De modo que lo único que cabe es azuzar al Gobierno para que acelere y profundice su reforma económica –en la que aún hay mucho por hacer- y esperar a que los frutos se adelanten, y tengamos motivos más sólidos y generales de esperanza.