El rey: 75 cumpleaños
sábado 05 de enero de 2013, 18:51h
Cumplir 75 años siempre es motivo de alegría. Si el cumpleaños es el del rey de España, la cosa se torna sobresaliente. Desconozco si las listas más conservadoras contemplen a las personas cuando refieren como jubileo de platino al aniversario número 75. Ponga usted que sí. No sé si el rey y España están para jubileos (o si la Magdalena está para tafetanes) pero la ocasión me da pie a una reflexión desde mi posición (en este caso cómoda, aventajada) de ver la institución monárquica española desde lejos, desde afuera, desde ultramar para más señas, y no siendo español, voy desprendido de cualesquiera etiqueta o bando surgido en el seno de la sociedad española actual o histórica. Ni con tirios ni con troyanos, pues, con el firme convencimiento, eso sí, de que la mirada de fuera siempre es, ante todo, complementaria de la interior y respetuosa al tratar el tema por todas las razones ya citadas. Y lo dejo es eso.
Quienes crecimos en el reinado de Juan Carlos I de Borbón atestiguamos su evolución como jefe de estado, a la par de una España que hoy cuenta y hasta no hace tanto, con amplias libertades que son ejemplo a seguir. En ello, el rey ha sido pieza clave. Como historiador me resulta peculiar y tomo nota de un rey con amplio cartel en Hispanoamérica, una históricamente republicana y para el caso mexicano, con el antecedente de haber fusilado a sus dos emperadores (peores cartas monárquicas no podríamos poseer en México). Una Hispanoamérica que no olvida que fue él quien la visitó por primera vez en 500 años, que no es poco a juzgar por la historia de relaciones estrechas entre ambos mundos. Alfonso XIII pudo hacerlo, si bien no le fue posible (dejó dicho “Deseo ferviente de mi corazón es el de visitar algún día esas tierras de América”). No pudo ser. Fue imposible por angas o mangas. Los reyes y la familia real hoy, son bien recibidos y reconocidos.
Al rey, nacido en Roma, en el exilio vivido como tantos, ni tirios ni troyanos pueden ningunearle un ápice de su valía y del papel jugado en la construcción de la España contemporánea, pues conforme a los resultados, no negoció con su proceder las libertades de España y tenía las prerrogativas para hacerlo poseyendo las heredadas del franquismo. Si Juan Carlos I se refirió en el 23-F a ser la Corona “símbolo de la permanencia y unidad de la Patria”, luego entonces entiendo que fiel al espíritu de quienes desde la ley y en la Transición establecieron que ese sistema era concomitante inmemorial a España, desde allí encausó su apego a ella. Ni asumió un gobierno autoritario y dictatorial o tiránico ni se negó a impulsar a España a sus liderazgos. Excusemos decir que no se negó a aprovechar la ingente oportunidad histórica de ser rey de todos los españoles. ¿Qué no fue electo? o ¿qué no puede el gobierno depender del buenismo de un monarca? Yo en cambio lo veo como la responsabilidad de garantizar a un pueblo sus derechos y jugársela en ello.
Ha querido ser rey de todos los españoles y considero que lo ha conseguido. Quien diga que no, deduzco que es su derecho como español, sabe que los esfuerzos desde la real persona no han sido pocos. Hasta el más plantado opositor a su figura y a lo que representa lo sabe dentro y fuera. No podemos obviarlo. Y no ha hecho un favor a nadie, simplemente cumple su obligación. Incluso desde el punto de vista de una percepción ciudadana y hasta de dimensión histórica. No todos los Borbones lo consiguieron o no buscaron serlo o no pudieron por diversos motivos. Hay que reconocerlo también, justo en el tricentenario de la consolidación de la actual dinastía. ¿Qué eso no es suficiente? Siguiendo el consejo de Don Juan de Borbón recibido de Alfonso XIII, Juan Carlos I ha recorrido su país para entender sus regiones y sus problemas y el talante del carácter español. Y sus silencios han sido señalados cuando ha correspondido. Recordemos que la monarquía per se no implica hoy desigualdades por sangre y linaje. Incluso la española puede ser bastante desapegada a las formas y pompas exorbitantes propias, ajenas o de muy antaño. El rey ha cumplido con España, a la que conoce mucho antes de 1975.
Yo sí veo a este personaje como un catalizador necesario, conveniente, oportuno y garante de la estabilidad requerida para un país respetado en el mundo como lo es España. Si la monarquía es por antonomasia la esencia de España, el rey Juan Carlos ha demostrado que la monarquía no tenía porqué ser un lastre económico ni un peso social, al tiempo que él consagraba las libertades y el espacio para todos. Ella no es medieval, para más señas. Mas transparencia en ella y plantar cara a secesiones siempre le serán exigibles, sin duda. Hablar de monarquía supone hoy revestir no solo al estado mismo de forma nominal o adoptar sus símbolos en escudos, maceros, himnos y deferencias, sino acoger con el apelativo “real” en sus nombres a infinitud de instituciones públicas y privadas, marcando su patrocinio, protección o reconocimiento; muchas son de rancio abolengo y prestigio ganado por centurias o cobran sentido histórico y actual primero bajo su amparo. Sin tal vocablo se mostrarían como ausentes o carentes de su cariz más acendrado. En ello va desde un teatro real, hermandades, cofradías, sociedades o importantes academias a equipos de fútbol que portan ese apelativo. Y existen con tales nombres sin vulnerar uno solo de los derechos de los españoles. ¿O no?
No obstante que he leído varias veces que el rey cuesta menos que los presidentes hispanoamericanos, lo que no tengo tan claro, sus detractores responden que cuesta una pasta. Pero caso este último dato con la “Marca España”. Sépase que en el exterior desde donde escribo, veo que es adecuado que tal marca se revista con su figura y la institución monárquica que la prestigia. Es correcto. No por nuestro imaginario en torno a un rey que no tenemos, sino porque siempre reviste más un rey constitucional que un civil constitucional, guste o no, a un acto protocolario o convite que involucre a España. Halo y boato ganado de siglos. Lo que me ponga. Así son las cosas. Pero muy aparte, siendo la Corona una figura mediadora y representativa, porque su permanencia y posición como fieles de la balanza son tales, ergo siempre juega en la democracia moderna el papel amalgamador de esfuerzos, impulsor de proyectos, garantizando acuerdos en pro en un tú a tú. Reconózcase que reviste mejor esa marca y lo digo por la pareja real y la familia real, inclusive. Nadie sensato ha dicho que no suceda así y eso ya es mucho. Porque en el extranjero la imagen de Juan Carlos I es positiva. Así, el rey aporta más de lo que quita, dicho así sin miramientos y en pocas palabras. Es verdad el aliciente de calificar al rey como el mejor embajador de España en el exterior. Y por serlo ¿alguien ve pisoteados o usurpados sus derechos propios? No, sin duda.
Con motivo de su cumpleaños ha concedido otra entrevista. Pocas en su reinado, pero elocuentes. Del rey se ha dicho mucho en un sentido y en otro, y ello es público y se sabe en ambas orillas del Atlántico. Resulta positivo que él se exprese en primera persona y no en monólogo, manifestando su verdad, que es su derecho. 2012 ha sido el peor año de la monarquía española contemporánea. Para el rey como jefe de estado, como titular de su casa, ya no digamos en su persona. Mas ha reaccionado en pro de sí misma. Una vez hace mucho, un conocido cercano a Moncloa me dijo que sea como fuere, los Borbones sabían bien que no podían dar pasos en falso, justamente porque hay historia. Estoy convencido de que lo saben y lo asumen. Oírle al rey una disculpa pública no se ve a diario. Merece valorarse. Justipréciese, pues al final ni fue el “Breve” que se temía ni uno escoge a la familia (incluso a la política). Mi impresión final es que Juan Carlos I se ganó el trono y no le fue fácil. Y ha sabido estar, lo cual no siempre es fácil ni sencillo. Ni siquiera para los que no son reyes. Bajo su reinado el pueblo español se permitió crecer, consiguiéndolo. Y emitir el veredicto final solo corresponde al pueblo español. Quede pues. Es cuanto.