El número uno, aunque el orden no es necesariamente una prelación, son las economías emergentes. Crecen más que nosotros. Pero,
advierte EG: “Los mercados emergentes tendrán mucha más volatilidad e inestabilidad que las democracias industriales avanzadas”. “La era de la abundancia de los mercados emergentes”, dice, “se ha acabado”. Aunque EG los divide en tres grupos. Los que están en camino de convertirse en países desarrollados, con un claro protagonismo de Iberoamérica y de
Brasil, Colombia y Méjico. Omán, los Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur entran en este grupo. El segundo grupo es el de los países que siguen emergiendo, pero con problemas, como es el caso de varias naciones de Oriente Medio. Y, por último, los países que vuelven a las andadas, que reinciden en los errores del pasado, como Rusia.
Segundo riesgo:
China contra la información. China tiene enormes problemas estructurales, tal como recoge EG. Ninguno de ellos (“la escasez del empleo, las pensiones, la ineficiencia de las empresas públicas, los conflictos, la provisión de agua potable…”) amenazan la estabilidad del país. “Excepto uno: el flujo de información”. El régimen ha detenido la Internet 1.0 con una gran muralla (firewall), pero la 2.0 es más difícil. Lo ha intentado creando redes sociales propias, animadas por una combinación entre censura y nacionalismo. Hay un conflicto entre los deseos de los chinos más activos y el régimen de conseguir controlar el flujo de la información que “se exacerbará significativamente en 2013”.
Tres: el
verano árabe. Tras la primavera, ha llegado un “invierno árabe” en el que “los dictadores han consolidado el poder”. Pero lo que vendrá a partir de este año es “un verano árabe” con “movimientos radicalizados, sectarios e islamistas, que jugarán un papel mucho más importante”.
Cuatro, la política en los Estados Unidos. En el momento de apogeo del presidente Obama, este año habrá muchos motivos de conflicto entre los dos partidos que arrojarán incertidumbre sobre la economía, y amenazarán una recuperación que EG considera real.
Cinco: los JIB;
Japón, Israel y (Gran) Bretaña. Son tres países que “se encuentran en posiciones muy similares por tres razones”. Sus relaciones especiales con los Estados Unidos, que se encuentran justo fuera de cambios geopolíticos y tienen pocos medios para ejercer un papel constructivo en ellos, y que tienen restricciones políticas internas que les impiden asimismo reaccionar adecuadamente a tales cambios.
Seis:
Europa. Más allá de la situación económica, que sigue siendo complicada, los riesgos en Europa vienen, en 2013, por dos elecciones cruciales: una en Alemania y otra en Italia. Dos elecciones que tienen, de fondo, un debate “sobre la fórmula para restituir el crecimiento económico”.
Siete: La geopolítica de
Asia Oriental. Las provocaciones de Corea del Norte por vez primera pueden suponer una amenaza real a la estabilidad. También crecen las tensiones sobre el estatus de Taiwán. “Pero las relaciones regionales se han tensado últimamente a medida que una China más nacionalista ha descubierto su ‘ofensiva de persuasión’ al sureste asiático, mientras que simultáneamente ha sido más firme en el Asia nororiental”.
Irán está en el octavo lugar. “Es posible que veamos una escalada de la guerra en la sombra entre Irán e Israel y los Estados Unidos”. Una escalada que se exacerbará por el verano árabe, del que hemos hablado.
Nueve:
La India. El crecimiento y las reformas gozan, ambos, de buena salud. O las tenían hasta ahora. Porque son necesarias ahora reformas más profundas, y en un contexto político que es crecientemente adverso.
Y diez:
África del Sur. “El África Subsahariana, más que ninguna otra región, es el epítome de la paradoja del toma y daca entre dinamismo económico en los mercados emergentes y el incremento significativo en el riesgo político”. En conjunto, la trayectoria de los últimos años, que ha sido positiva, continúa. Pero para dos países de gran tamaño, Sudáfrica y Nigeria, la perspectiva es peor, y en ambos casos por un posible cambio político.
De modo que este será un año convulso, como todos, y con riesgos significativos, que van más allá de nuestros problemas europeos.