Anders Aslund es un economista especializado en la transición económica desde el socialismo hacia la economía de mercado. De modo que su tipo de análisis, en cierto sentido, nos viene muy bien en estos momentos, en los que las economías europeas están intentando zafarse de ciertos excesos de estatismo, tanto en el gasto como en la regulación.
Este martes que Eurostat ha dejado claro que una Europa trabaja, la del norte, y la otra no, la del sur, Aslund comienza
su artículo diciendo que “Después de cinco años de crisis financiera, la experiencia europea es esta: la Europa del norte está bien, gracias a la austeridad, mientras que la Europa del sur sufre a causa de una austeridad a medias o, lo que es peor, de un estímulo fiscal. El pensamiento
keynesiano, predominante, se ha puesto a prueba y ha fallado espectacularmente”. Vayan estas primeras palabras por si alguien alberga alguna duda sobre lo que piensa el autor, después de haber leído el título.
¿Quiénes son esos países del norte a los que les ha ido bien? Nosotros hemos recogido sus experiencias en estas crónicas. Son
los países bálticos. O
los escandinavos. El contraste es claro con esta Europa meridional que habla constantemente de austeridad,
pero que no la practica. Aslund pone el contraejemplo de Letonia y de Grecia, dos economías pequeñas azotadas duramente, las dos, por la crisis financiera. ¿Cuál es la situación de estos dos países?
Vamos a las políticas que han seguido: “Han seguido políticas diferentes. Letonia ha elegido la austeridad estricta, mientras que Grecia ha seguido una austeridad tardía, y limitada. Letonia sufrió una caída del producto interior del 24 por ciento en dos años que fue causado, casi enteramente, por la congelación de la liquidez en 2008. Esto exigió la austeridad que se produjo después”. Lo cual incide en una idea, contraria al pensamiento dominante, que ya he expresado en estas crónicas: no hay que frenar la destrucción del crédito, sino seguirla; pues esa destrucción ayuda al ajuste necesario.
Vamos ahora con los resultados: “La economía de Letonia creció un 5,5 por ciento en 2011, y en 2012 probablemente creció un 5,3 por ciento, el crecimiento más alto de Europa, con un déficit público de sólo el 1,5 por ciento del PIB”. Mientras tanto, Grecia lleva cinco años consecutivos de recesión y, “hasta el momento el PIB ha caído un 18 por ciento”. Además, “sufrirá al menos siete años de magro crecimiento” en el futuro. En definitiva, “en 2008 y 2009 la crisis financiera parecía mucho peor en Letonia que en Grecia, pero eligieron políticas distintas. La lección es clara”.
Que la austeridad de mentira no funciona lo sabemos muy bien en España, y más que lo sabremos en los años por venir. La cuestión, que es lo que se plantea el autor tras exponer el contraste entre Letonia y Grecia, es por qué, por qué funciona la austeridad y el despilfarro fiscal no.
En primer lugar lo que hay que hacer es recobrar la confianza. Letonia hizo en un solo año un ajuste fiscal del 9,5 por ciento del PIB, que era “el 60 por ciento del total necesario”. España, Grecia y otros países con gobiernos ineptos siguieron el consejo del FMI de que había que hacer políticas de estímulo fiscal. Además, mientras que Letonia mantuvo sus impuestos bajos (tipo marginal único del 21 por ciento para la renta, y del 15 para las empresas), rebajó el peso del gasto del 44 al 36 por ciento del PIB, mientras que Grecia siguió gastándose la mitad del PIB en 2010 y 2011, e intentó cerrar el abismo fiscal subiendo los impuestos. Teniendo en cuenta que reducir el gasto es efectivo y que subir impuestos retrae la actividad y tiene resultado incierto, ¿qué política creen que ha tenido más éxito en recobrar la confianza?
Por otro lado, señala que Grecia es un país increíblemente corrupto y critica el insuficiente razonamiento del FMI al decir que las políticas de contención del gasto tienen peor efecto del esperado. Pero lo importante está en la confianza. Es decir, en el crédito.