RESEÑA
Nicole Krauss: La gran casa
domingo 13 de enero de 2013, 12:43h
Nicole Krauss: La gran casa. Traducción de Ana Rita da Costa. Salamandra. Barcelona, 2012. 352 páginas. 19 €
Rossini nos dejó sobre Wagner una de las críticas más finas que se recuerdan, cuando dijo sobre su música aquella famosa frase acerca de buenos momentos y malos cuartos de hora. El que el prestigio de Wagner haya sobrevivido a la arremetida de un epigrama de tanto calibre -y a otras cosas bastante peores- demuestran la superioridad del arte sobre la crítica. La frase de Rossini es originalmente buena, pero luego, además, fue depurada en formulaciones casi perfectas. Wagner, sin embargo, sigue en pie.
Hay muchas críticas sobre las obras de Nicole Krauss que arrancan explicando las razones por las que se algunos críticos -otros críticos- parecen tener reparos hacia la figura de Krauss, una escritora salida de los barrios altos de Nueva York y cuyo trabajo la ha convertido en uno de los iconos culturales de esos mismo barrios. El imaginario literario es así; sigue habitado por poetas pobres en buhardillas de París y se siente defraudado por las grandes casas y los techos altos. Como esta prudencia de la crítica está muy extendida, aquí vamos a hacer lo contrario. Vamos a hablar de las razones que hay para apreciar la obra de Krauss y, en particular, esta La gran casa.
La capacidad de Krauss para la narración parece fuera de toda duda. Krauss es, por ejemplo, capaz de modular los ritmos de la frase, alargar o disminuir el tamaño de los periodos para mantener el compás del texto. En las descripciones consigue sostener el equilibrio para no caer en lo cicatero ni en la verborrea. La gran casa está construido en base a un inteligente juego de correspondencias y paralelismos; evidente, pero no obvio; claro, pero no ramplón. Los personajes se transmiten al lector con la claridad suficiente como para que éste perciba contundentemente las epifanías que los sacuden de cuando en cuando a lo largo la novela. Por ejemplo, el momento en el que se percatan de que la vida ha pasado o está a punto de pasar, el momento de saber que se han quedado solos o se van a quedar solos próximamente; el momento en el que tienen (y nosotros tenemos con ellos) la certeza de haber sido derrotados, aunque ni ellos saben ni nosotros sabremos por qué exactamente.
Krauss mantiene su interés en la polifonía como estructura. Aquí las distintas voces se podría decir que giran alrededor de un escritorio. Un escritorio que perteneció a una escritora, que se lo cedió a un poeta chileno (de tonos inequívocamente bolañianos) quien se lo presta a otra escritora que lo acabará devolviendo a la hija de un famoso recuperador de muebles. En la cadena de traspasos se articula una historia sobre los temas que más interesan a Krauss: la escritura, la comunicación y esa curiosa forma de coexistencia con otros seres humanos a la que hemos dado en llamar compañía.
La gran casa nos depara muchos buenos momentos, pero también muy malos cuartos de hora. Aunque la primera parte del libro transcurre a buena velocidad y el lector se sentirá incluso invadido por cierta excitación -el libro tiene momentos realmente buenos y en alguno se llega a barajar que lo que se tiene entre las manos sea una verdadera obra maestra-, llega un punto en el que la novela deja de avanzar con efectividad. Luego, el intento de justificar las voces con cierta simetría llevará a algunas soluciones un tanto chirriantes.
Es muy posible, por otra parte, que tengamos que agradecer a Krauss el que, en un momento en el que la literatura no se caracteriza precisamente por sus riesgos, se haya atrevido a plantear una estructura que entrelaza una polifonía de personajes en crisis. Pero lo cierto es que el experimento no acaba de resultar todo lo bien que la propia novela merecería. Aunque mecida por la prosa efectiva de la autora, la sucesión de personalidades hipersensibles acaba por saturar el ritmo de la historia. Es como si toda la partitura señalase un in crescendo.
Buenos momentos y malos cuartos de hora. La gran casa es, en muchos aspectos, superior a la anterior La historia del amor, aunque no llega a ser la gran novela en la que está a punto de convertirse. Hay razones para pensar que esa gran novela está por llegar.
Por Miguel Carreira