Italia: ¿1994 o 2013?
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 13 de enero de 2013, 17:03h
A pocas semanas de las próximas elecciones de febrero de 2013, el escenario político electoral italiano resulta sorprendentemente parecido al de 1994. Además de tener los mismos protagonistas, en esta campaña electoral parecen presentes muchos elementos en común, tanto que se difunde una sensación de déjà vu, de haber ya vivido esta situación y conocer sus nefastas consecuencias.
En primer lugar, el desolador panorama político: asistimos una vez más a la agregación de los mismos grupos de interés, de los mismos políticos aunados no en una base ideológica sino por el burdo interés electoral. Ahora como entonces, cuando se asistió a la grave crisis de la Primera República, el producto fue la creación de unas agrupaciones y alianzas que respondían a un criterio de cálculo político. La formación política de Berlusconi es el ejemplo vivo de esto: tras duras críticas (¿reales?) y ataques personales (¿interesados?) entre su partido y la Lega Norte, vuelven a presentarse juntos en las elecciones. No interesa la convergencia programática, sino la posibilidad de obtener un escaño. Poco importan las diferencias ideológicas, cuentan los votos.
Y como sucedió en 1944 ante la grave crisis político-económica, las categorías izquierda y derecha se han difuminado y todos quieren ser de centro, moderados. Igualmente, ahora, los partidos rehúyen de las “viejas etiquetas”, mostrándose “moderados y progresistas”, reivindicando una posición de centro e intentando, en la medida de los posible, excluir a los extremistas. Asimismo, los candidatos se eligen por su “peso electoral” y su “arraigo-poder” en el territorio, en este ya bien rodado sistema clientelar, donde se vota a cambio de sobornos, concesiones o licitaciones. Persiste –y se incrementa- la tendencia a “institucionalizar” el sistema basado en el trueque voto-favor. En este sentido, una vez más, el partido de Berlusconi resulta ejemplar, emblemático: la decisión de crear una alianza a “geografía y geometría variable”, que cambia según el territorio. Por eso, como en 1994, puede aliarse a la vez con los antimeridionalistas de la Lega y con los meridionalistas de Miccichè y Dell’Utri. Se trata de una “dislocación” voluntaria que demuestra las contradicciones del partido de Berlusconi, la persecución de los intereses personales de sus candidatos, la impunidad del cavaliere y de sus lacayos. El deseo de “ampliar la coalición”, descrito como algo novedoso, es el mismo que se utilizó en 1994, opuesto a las elecciones de 2008, donde los candidatos habían intentando centralizar el partido en torno a las figuras de los líderes, con escasos resultados.
Hay más similitudes: hoy como entonces, un famoso Magistrado decide presentarse a las elecciones; los candidatos recurren a la misma retórica, anacrónica (la salida del euro, “votar contra los comunistas”…) y distante de los problemas reales del país. La televisión representa el arma fuerte de la propaganda, tanto que nos regala escenas burdas y vulgares como la pelea Santoro-Berlusconi. En este contexto, puede que la principal –quizás única- novedad es la presencia del Movimiento 5 Stelle, aunque merece la pena recordar que su alma mater es el famoso cómico Beppe Grillo, de 64 años.
Probablemente, como tradición, nos espera una campaña electoral deplorable, incluso más gris y zafia de lo habitual, a golpe de ataques personales y promesas populistas. En lugar de hablar de políticas concretas, de medidas y reformas, los candidatos pelean por su escaño, difaman a su adversario, adulan a su jefe (esto sólo el polo de Berlusconi) y debaten sobre futuras alianzas. Se habla de salida o baja a la arena política, de centro y agenda, de propaganda antigua, sin darse cuenta de que eso provoca en el electorado apatía y malestar. En unas elecciones en las que la izquierda puede “sólo perder” y Berlusconi parece la caricatura de sí mismo, el país no basta con una operación de restyling, sino que necesita una profunda renovación. El 1994 no fue una buena añada.
Ps. Para sellar la alianza con la Lega, Berlusconi se ha mostrado dispuesto a renunciar a la Presidencia a cambio de la cartera de economía: pues, sería como poner un pirómano como bombero…
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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