
La situación actual del PNV no llama al optimismo ni para afrontar las elecciones vascas ni para consolidar el liderazgo dentro del partido, enzarzado en disputas internas desde que Josu Jon Imaz dejara la presidencia y esta fuera ocupada por Íñigo Urkullu. Los socios en el Gobierno vasco del PNV -EA y EB- mantienen constantes disputas verbales, sobre todo desde las últimas decisiones adoptadas por la ejecutiva nacional del PNV (EBB), por las que, junto con el PSE, apoyará mociones de censura contra representantes de ANV en los consistorios vascos.
Un ejemplo de lo debilitada que está la salud del tripartito es el fracaso de la moción contra ANV en Mondragón. La abstención del concejal de EA y de dos de EB, más el rechazo del tercer diputado de la formación que lidera Javier Madrazo, evidencia la división política que padece el Gobierno de Vitoria.
El presidente del PNV, Iñigo Urkullu, declaró esta semana que “los socios del Gobierno tripartito no tienen especial voluntad de relación”. Por su parte, la respuesta de uno de esos “amigos” no se hizo esperar. El presidente de EA, Unai Ziarreta, afirmó que “si Iñigo Urkullu quiere ver deslealtades hacia la hoja de ruta del Gobierno vasco y hacia el tripartito, que mire hacia su propio partido”. Este viernes, el líder del PNV quiso dar por concluido el debate y amenazó con el final de las relaciones con EA y EB en 2009, ya que es esa fecha en la que finaliza “el programa del Gobierno vasco”.
El PSE se frota las manosEsta crisis es aprovechada por el PSE de Patxi López que, tras los buenos resultados obtenidos por Zapatero en el País Vasco el 9-M, considera “agotada” la fórmula del tripartito. Sin embargo, otro peso pesado de los socialistas en esta comunidad, el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, apuesta por un nuevo gobierno a tres integrado, pero integrado por PSE, EB y Aralar.
La ofensiva de la formación que encabeza López ha sido respondida por Urkullu, quien aconseja al PSE no “extrapolar” los resultados de las generales con los que se puedan dar en las autonómicas. Asimismo, vaticina una “lucha de locomotoras” en la que “el PNV irá con todas las armas”. Además, la voz de la formación en el Congreso, Josu Erkoreka, en la misma línea, augura una “confrontación electoral descarnada”, en este caso afectado también por la no consecución de un pacto con el Ejecutivo de Zapatero en la investidura.
Pero de nuevo las de Urkullu y Erkoreka no son las única voces de su partido ya que el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, apuesta por un “gran acuerdo” con el PSOE en el País Vasco. A sabiendas de que en el PNV no hay unanimidad de criterios, Bilbao reconoce que le llamarán “vendepatrias, blando y melifluo” en su partido por querer pactar con los socialistas.
Distanciamiento con las basesLas palabras de Bilbao no carecen de razón. Los problemas para la formación no cesan si se sigue descendiendo en la jerarquía. Medidas como el rechazo a ANV en los ayuntamientos tropieza con la opinión de gran parte de los integrantes de las bases del PNV. El presidente del partido en Vizcaya, Andoni Ortuzar, reconoció hace pocas fechas que muchos militantes “aún están ajustando cuentas con el pasado” y que “el PNV tiene que dejar de mirar al pasado”.
Por lo tanto, el partido que preside Iñigo Urkullu, lejos de aspirar a retos más elevados, tiene como primera misión unificar criterios y formular un debate interno que haga a la formación poder encarar citas importantes, como la consulta de Ibarreche y las propias elecciones vascas, con fortaleza y unidad.