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economía

Iberoamérica se convierte en el 'plan B' del Gobierno para salir de la crisis

jueves 31 de enero de 2013, 16:15h
España necesita nuevas vías de financiación para poder salir de la crisis. Esta máxima, que se ha acentuado con las dificultades que padece nuestro país para lograr liquidez en los tradicionales mercados europeos y americanos, ha hecho que Iberoamérica crezca como interés estratégico para nuestro Gobierno, que ha intensificado en los últimos meses los contactos con varios países de la región en busca de soluciones a las estrecheces por las que atraviesan las arcas públicas.
El número de desempleados rozando los seis millones de personas, el Producto Interior Bruto en claro retroceso y el déficit público por las nubes. Sin embargo, a pesar de la crisis, hay un apartado en el que España sigue dando el do de pecho: el sector exterior, que cerró el año pasado con un superávit superior a los 25.000 millones de euros, el mejor dato en términos relativos desde 1972, y con una balanza de pagos positiva por primera vez desde 1985.

Nuestro principal socio en este sentido sigue siendo la Unión Europea, de donde proviene una cuarta parte de esos beneficios hasta sumar 8.000 millones de euros. Sin embargo, la semana pasada el Ministerio de Economía y Competitividad publicaba los datos en cuanto a las exportaciones a Asia, África y América Latina a lo largo de 2012, destacando sus avances del 30,8 por ciento, del 14,1% y del 16,9%, respectivamente, en detrimento de las comunitarias, que descendieron un 1,7%, o las de la Eurozona, que registraron un saldo negativo del 3%.

La falta de liquidez en las arcas públicas ha obligado al Gobierno de Mariano Rajoy a buscar ingresos allá donde pueda haberlos, a rastrear todos los mercados en busca de nuevos socios estratégicos. Es en Iberoamérica, una región donde gozamos de una gran presencia de los sectores público y privado desde hace décadas y a la que nos unen fuertes lazos históricos y culturales, la que cuenta con un mayor abanico de posibilidades y 490 millones de potenciales consumidores.

El Ejecutivo de Rajoy, ya desde mediados del ejercicio pasado, ha puesto en marcha un plan para reforzar las relaciones y la presencia de nuestro país en el subcontinente, una región que sigue creciendo a un ritmo medio del cuatro por ciento anual, con países disfrutando de picos por encima del 8%, mientras que la economía española se ha retraído un 1,3%.


Mariano Rajoy y Sebastián Piñera, durante la Cumbre UE-Celac de la semana pasada en Chile. Foto: Efe


Sin ir más lejos, la semana pasada Mariano Rajoy, acompañado de gran parte de la cúpula del Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel García-Margallo, viajó a la región para visitar de manera oficial Perú y Chile, dos de los países con mejores perspectivas económicas a corto y medio plazo, y para asistir a la Cumbre UE-Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

Este viaje, sumado a los tres que realizó el jefe del Ejecutivo a lo largo de 2012 a Colombia, México y Brasil, termina por esbozar cuál es la línea a seguir por el Gobierno: estrechar los lazos que nos unen con las potencias regionales, dejando en un segundo plano a aquellas que se han mostrado hostiles a nuestros intereses o que cuentan con economías más comprometidas (Venezuela, Bolivia y Argentina), y con ello buscar una nueva vía de negocio con la que reforzar el sector exterior y la tan buscada salida a la crisis.

Desde que accedió a La Moncloa, Iberoamérica se ha convertido en una prioridad en la agenda exterior del presidente, ya que de los 18 países que ha visitado en apenas catorce meses, ocho son europeos y seis son del subcontinente americano (aunque a México viajó en dos ocasiones en 2012), lo que da una pista del peso que le otorga el Gobierno a esta región. Los otros cuatro viajes se reparten entre el Magreb (Argelia y Marruecos), Estados Unidos (incluyendo una visita a Naciones Unidas) y Asia (Corea del Sur).

Esta intensificación de los contactos con América Latina contrasta con la política de viajes implementada por José Luis Rodríguez Zapatero, que en sus ocho años de mandato realizó 169 viajes al exterior, de los que solamente once tuvieron como destino países de la región. Esto supone algo más de una visita de cada quince para una zona de tanta relevancia estratégica, una proporción que sube hasta un viaje de cada tres en el caso del actual jefe del Ejecutivo, que también se ha entrevistado en La Moncloa en los últimos meses con Dilma Rousseff, Rafael Correa, Enrique Peña Nieto y Evo Morales.

Desde la Oficina de Información Diplomática, órgano dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, se asegura a EL IMPARCIAL que España "siempre ha tenido una vocación histórica para con Iberoamérica, ahora más con el refuerzo económico que ha vivido", y que la estrategia actual del Gobierno se centra como prioridad "en lograr una mayor presencia de las empresas españolas en la región, sobre todo de las Pymes".

Pymes, exportaciones e Inversión Directa
En España hay constituidas 3,24 millones de pequeñas o medianas empresas, lo que representa más del 99 por ciento del tejido empresarial de nuestro país. Así, la internacionalización de las mismas y su desembarco en Iberoamérica puede suponer una fuerte inversión para el país, tanto en capital como en materias primas e incluso en mano de obra, un aspecto muy a tener en cuenta, ya que en 2011 hasta 20.000 trabajadores españoles buscaron un nuevo futuro laboral en el subcontinente y en 2012 esa cifra se ha visto incrementada.

Tampoco hay que menospreciar la labor que realizan las grandes compañías españolas en la zona. Prácticamente todas las grandes empresas de nuestro país tienen presencia en la región, que ven en el mercado interno, los acuerdos comerciales con Estados Unidos y las materias primas como los grandes atractivos comerciales del subcontinente.

Desde Repsol al Banco Santander, pasando por Iberdrola, BBVA, Mapfre, ACS, Acciona, Gas Natural, Hispasat, Inditex o Prosegur, los intereses por toda la región de las grandes corporaciones españolas son enormes y algunas de ellas, como Telefónica, cuentan con más activos y beneficios allí que en nuestro país.

En este sentido, es el sector de los bienes de servicio, en especial los financieros, con un beneficio neto por ventas de 3.513 millones de euros a lo largo del año pasado, el que más potencial cuenta en Iberoamérica para las empresas españolas. A este le siguen los bienes industriales (2.358 millones), los de consumo (848 millones), los productos vinculados a la automoción (723 millones), la energía (542 millones) y los alimentos (536 millones).

Además, las exportaciones a la región siguen siendo un negocio muy lucrativo para España. Sólo con lo colocado en el último ejercicio en los cinco mercados más beneficiosos en este sentido, México, Brasil, Chile, Venezuela y Argentina, nuestro país logró unos ingresos el año pasado por valor de 8.917 millones de euros.

A esta cantidad hay que sumarle además lo obtenido en mercados pujantes en los que los bienes y los servicios españoles están teniendo una muy buena acogida, como Panamá, Uruguay, Costa Rica o Guatemala, que suman otros 767 millones en las cuentas del Estado.

Sin embargo, es precisamente la balanza comercial una de las grandes lacras que arrastra nuestro país en la región. A pesar de ser un mercado enorme con multitud de posibilidades, lo cierto es que España sigue gastando más de lo que ingresa de Iberoamérica, ya que la balanza comercial arrojó un saldo negativo en 2012, según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), de 6.993 millones de euros, siendo México (2.268 millones), Colombia (1.766 millones) y Perú (1.135 millones) los países donde la diferencia entre exportaciones e importaciones es más acuciante.

Gráfico de las exportaciones de España a Iberoamérica

Otro punto a tener en cuenta es el de la Inversión Directa (IED) de nuestro país en Iberoamérica, que, tras años de recesión debido a la crisis, empieza a remontar. Desde principios de la década de los 90, este concepto ha crecido un 750 por ciento en las últimas dos décadas, pasando de apenas 200 millones netos a los 1.500 millones de la actualidad, el 7,5 por ciento de lo destinado por toda la Unión Europea, que invierte una media anual de 20.000 millones.

Tras el comienzo de la crisis, en 2007, nuestro flujo directo se redujo de manera drástica producto de la recesión en porcentajes similares a los del comienzo del siglo XXI, cuando la UE copó la mayoría de este concepto. Sin embargo, a medida que España ha ido volcando más sus intereses hacia el otro lado del Atlántico, la IED ha logrado remontar sus cifras. En este sentido, son Brasil, Argentina, Costa Rica, Perú, Chile, Panamá y México los grandes beneficiados.

Tal es la importancia de la IED española en Iberoamérica que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) calcula en uno de sus informes que nuestro país ha invertido entre 2006 y 2010 más que la suma de Italia, Francia y Reino Unido juntos.

Gráfico de la inversión directa de España en Iberoamérica

Además, un estudio realizado conjuntamente por el Ministerio de Economía y el ICEX señala que muchos de los 73 fondos soberanos activos en todo el mundo, que cuentan con activos por valor de 4,5 billones de euros, "están incrementando su presencia en nuestro país como puente para dar el salto a Latinoamérica".

"Nuestro país es la gran vía de conexión de la Unión Europea para todo el comercio con América y esa es una oportunidad que debemos aprovechar, por lo que la Cumbre con la Celac cobraba especial importancia", se apunta desde la oficina diplomática. De este modo, la Secretaría de Estado de Comercio, dirigida por Jaime García-Legaz, y la Dirección General para Iberoamérica, al frente de la cual se sitúa Pablo Gómez de Olea, llevan tiempo planificando y promoviendo, en estrecha colaboración con el ICEX, una red de contactos de la que puedan beneficiarse miles de empresas españolas.

Carlos Malamud, investigador para América Latina del Real Instituto Elcano, está de acuerdo, en conversación con este periódico, con esta postura del Ejecutivo. "Este Gobierno, como todos los anteriores desde la Transición, priorizan a América Latina en materia de política exterior e incluso se da una especie de consenso entre los grandes partidos en este sentido", afirma.

El investigador sostiene que "Rajoy pretende aprovechar las oportunidades que provienen de Iberoamérica para reforzar la economía española y con ello intenta salir de la crisis, aunque es consciente que una apertura puede beneficiar mucho al país, pero que de ésta no se sale exclusivamente con invertir allí".


Jaime García-Legaz (izquierda) y Pablo Gómez de Olea (derecha).


¿Nadar o guardar la ropa?
Sin embargo, el momento de recesión que viven tanto las arcas públicas como las privadas, incluidas las de las grandes multinacionales, ponen a España en una disyuntiva: reforzar la inversión para incrementar la posición dominante en la misma o, por el contrario, recoger las inversiones desarrolladas en las últimas décadas y aprovechar el papel privilegiado del que gozamos.

En conversación con EL IMPARCIAL, Juan Carlos Martínez Lázaro, experto en Economía y profesor del Instituto de Empresa de Madrid (IE), contextualiza la nueva estrategia a seguir por el Gobierno en Iberoamérica. "Durante los 90, el peso de España allí creció mucho, sobre todo en lo que respecta a las inversiones, y a principios de la pasada década, ese flujo se focalizó en la Unión Europea, pero ahora se han estancando por parámetros similares a los de la economía española y por unos mercados más cerrados, maduros y competitivos, lo que ha propiciado una segunda oleada española hacia el otro lado del Atlántico que ha arrojado muy buenos datos en 2011 y esperamos que los de 2012 sean parecidos".

El experto del IE cree que serán las Pymes y no tanto las grandes empresas las que abanderen esta estrategia de inversión, "ya sea mediante la búsqueda de un socio local, el abrir una oficina allí o el establecer franquicias en busca de los mercados que aquí no tienen y a las que yo les auguro un futuro muy prometedor sin comprometer una gran financiación en sectores como el consumo o el industrial".

Sin embargo, Martínez Lázaro, que califica esta nueva estrategia como una "nueva búsqueda de El Dorado", suspende a las exportaciones de nuestro país hacia la región, "que siguen representando un volumen comercial bilateral menor, aunque un ritmo cercano al 17 por ciento sigue siendo muy loable, pero sigue habiendo mucho por hacer porque Latinoamérica, que es un mercado gigantesco, sólo representa el 6% de nuestros bienes exportados". En este aspecto, la Unión Europea y la Eurozona se siguen llevando la palma con una cuota del 74 por ciento.

Malamud también se hace eco de esta paradoja y llama la atención sobre un dato revelador: "el volumen del comercio exterior entre España y Portugal es mayor que el de España con el conjunto de América Latina".

Respecto al particular 'Eje del mal' en el que se han convertido de un tiempo a esta parte Bolivia, Venezuela y Argentina, Malamud cree que no se debe caer en el error de dejarlos al margen de la estrategia exterior española. "En los tres hay que separar las relaciones diplomáticas de los intereses comerciales o económicos, hay que hacer negocio donde se pueda asumiendo un porcentaje de riesgo", sostiene el investigador.

Un puente hacia Asia con África a la espera
El viernes 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó a América creyendo en realidad que se trataba de las lejanas Indias Orientales. En parte, con el mismo objetivo planeó su mini gira por Iberoamérica Mariano Rajoy, ya que el presidente del Ejecutivo se entrevistó con sus homólogos pertenecientes a la Alianza del Pacífico, un foro comercial creado el pasado mes de junio y que conforman Perú (Ollanta Humala), Colombia (Juan Manuel Santos), México (Enrique Peña Nieto) y Chile (Sebastián Piñera) y del que España es el único país europeo con estatus de observador, con la vista puesta también en el Lejano Oriente.

Este polo comercial recién creado no es ninguna tontería, ya que entre los cuatro países concentran el 40 por ciento de nuestras exportaciones a Iberoamérica y el mismo porcentaje en cuanto a la inversión en la zona, cifra que ronda los 45.000 millones de euros.

Asia sigue siendo una asignatura pendiente para nuestro país, ya que en estos momentos apenas supone el 6,2 por ciento de las inversiones españolas en el extranjero, que ascendieron a un total de 112.000 millones de euros el año pasado. De este modo, el Ejecutivo planea un desembarco en el mercado asiático en busca de nuevas oportunidades utilizando la Alianza del Pacífico como puente. Además, Rajoy tiene previsto viajar a China en los próximos meses como parte del fortalecimiento de esta estrategia.

Esta política se enmarca dentro del plan de Moncloa para ampliar la presencia española en el exterior para poder captar inversiones y reforzar la 'Marca España'. En este sentido, la Secretaría de Estado de Comercio también anima a los inversores españoles a poner sus miras en el continente africano, que en el último año creció a un ritmo medio del 8 por ciento y que sigue siendo una gran oportunidad en materia de recursos naturales, energéticos, infraestructuras y servicios, a pesar de que en la actualidad apenas recibe el 1,2 por ciento de la IED española (240 millones de euros), según el Centro de Estudios Internacionales de Barcelona.

Sin embargo, Martínez Lázaro no lo ve así. "Creo que España tiene muy claro cuál es su papel en América Latina y, por ahora, no veo que vaya a ser un puente hacia las oportunidades que pueda ofrecer Asia; esta opción lleva tiempo sonando, sí, pero no veo que esta especie de triangulación se vaya a dar", asevera el experto del IE.

De este modo, y con los datos en la mano, se pone de manifiesto las prioridades y la estrategia del Gobierno en cuanto a diversificar su actividad exterior con las miras puestas sobre todo en Iberoamérica, a la que nos unen unos fuertes lazos históricos, culturales, económicos y sociales, en detrimento de Europa y con el objetivo de que esta vez sea la región la que impulse el crecimiento de nuestro país, tal y como nosotros hicimos lo propio allí durante la década de los 90 y principios del siglo XXI.
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