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Mali en descomposición (I): El asalto yihadí

Víctor Morales Lezcano
lunes 21 de enero de 2013, 21:35h
El Sahel equivale, geográficamente, al cinturón de tierras yermas que circunvala el continente africano desde Somalia hasta el sur de Mauritania y norte de Senegal. Las regiones meridionales de Níger y Mali también comparten esta formación desértica, que viene siendo castigada sin piedad por períodos de sequías bíblicas.

Mali, por su parte, ha vuelto a saltar al primer plano de la actualidad internacional por tratarse de un Estado fallido, hoy asediado por adversarios internos y forasteros. En El Imparcial (17 de septiembre de 2012) hemos situado el dossier Mali con alguna antelación periodística. A su contenido remitimos.

Toca ahora ver y analizar lo que está ocurriendo en ese cruce de rutas cardinales -auténtica Encrucijada- a lo largo de este mes de enero.

En puridad, los sucesos que se desencadenaron en el norte de la república africana que nos concierne aquí, no dejan de poseer conexión con una variable internacional muy presente en el ámbito del Islam político actual. Nos referimos a la asociación heteróclita y “polifacética” de base que lleva por nombre Al Qaeda.

La penetración de “jóvenes” afganos en las filas del argelino Frente de Liberación Islámico (FIS), en torno a 1990, agudizó la crisis interna que se venía incubando en Argelia desde la muerte del coronel Bumedian. La deriva de la organización Al Qaeda para el Magreb (AQMI) ha venido siendo la espoleta de una rebelión pirática en toda la Región desde hace más de una década.

Cuando estalló la guerra en Libia durante la segunda mitad de 2011, en una de mis columnas en El Imparcial, nos preguntábamos: ¿es que Libia ha sido desmembrada? ¿Quién ocupará el poder, quién tomará el mando en la Libia de posguerra para proceder a la reconstrucción del país?. Estas preguntas radican en el paralelismo siguiente. Así como Egipto, Túnez y Argelia son países árabes sometidos actualmente al desafío del Islam político en cuanto opción social bienquista por amplios sectores populares de sus poblaciones, Libia, una invención británica de posguerra mundial, se convirtió, por el contrario, durante la guerra de los aliados franco-británicos contra Gadafi (mayo-octubre de 2011), y sobre todo inmediatamente después de concluir aquélla, en el epicentro de una diáspora de islamistas de oficio, muyahidines incontrolados, traficantes de armas sofisticadas y nómadas buscavidas de toda laya. Fue detectado, por entonces, un Grupo Islámico de Combate que obedecía las instrucciones del emir Abdallah Al Sadek. La guerra contra Gadafi evitó que los efectivos militares de los aliados pusieran pie en tierra. Washington DC -recuérdese- salvó la cara proclamando que se limitaría a “dirigir las operaciones desde la retaguardia”, iniciando una estrategia bélica muy caracterizadora del período presidencial de Obama, frente al intervencionismo outrancier del período republicano de Bush.

Lo que ha ido gestándose desde hace un par de años en Mali se despliega hoy ante nuestros ojos. O sea, el desencadenamiento concluyente de tres o cuatro agrupaciones guerrilleras del Sahel ¿poco, muy, organizadas? De todas ellas fue predecesor el movimiento Tuareg que ocupó el norte de Mali y la simbólica ciudad de Tombuctú, aprovechando la oscilación pendular de los gobiernos malienses con sede en Bamako, capital de la república africana en crisis. Motivados por la iniciativa Tuareg en el norte del país, varios destacamentos de obediencia islámica -caso de Ansar al-Dine, y poco después, la agrupación Muyao, de signo yihadista-, se volcaron con denuedo contra el débil poder capitalino, campando por sus respetos en el vasto territorio del norte de Mali. Hace un año que este descalabro maliense ha venido acusando sus efectos, muy ligados a la atomización de efectivos humanos y armamentistas que causó la guerra en Libia. La prensa y las redes sociales se refirieron entonces al caso de la erupción yihadí in situ y su propagación contaminante. Se vuelve ahora sobre el affaire Mali, de resultas de la marcha que el heteróclito frente de insurgencia islámico ha abierto con su penetración hacia el sur desde las ciudades de Gao, Tombuctú y Konna, persiguiendo, tras un avance relámpago, la toma vertiginosa de Bamako. Fue justo hacia los días 7-9 de enero, y a la luz de tal penetración, cuando varios medios políticos y militares de Occidente hicieron sonar las alarmas. Sin dilación, se solicitó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, a petición del ministro de Defensa francés, una legitimación para poder actuar en el affaire Mali.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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