La formación de la clase política
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 23 de enero de 2013, 20:22h
Curiosamente concluíamos nuestro último artículo la semana pasada precisamente con el interrogante de qué formación debería tener la clase política, cuando han saltado esta semana dos noticias de algún interés para este tema. De un lado, Esperanza Aguirre indicó que no debería haber ningún político “que antes no haya cotizado a la Seguridad Social” y por otro lado, otra mujer, Ana Botella, pidió lisa y llanamente la supresión de las juventudes de los partidos políticos.
Merece la pena seguir estos argumentos, para ver si sirven de algo – creo que sí, ya adelanto – para evitar o al menos disminuir o siquiera atenuar, la corrupción de la clase política.
Adelantemos desde luego que el principio capital de la política es la arbitrariedad, no el mérito ni la capacidad. Se elige a quien se elige porque gusta y eso luego se lleva absolutamente hasta los últimos rincones de toda la casta política. De manera que si alguien quiere progresar en un partido, “tiene que gustar”, “tener padrinos”. Y nada más. Lo cual si lo comparamos con la empresa privada, por ejemplo, tiene alguna diferencia, ya que por de pronto sí que se hace exigencia del mérito y la capacidad en el momento del ingreso y luego hay que ofrecer resultados concretos que sean medibles. Y en política no hay otra medición que la devoción al jefe. Ganar o perder elecciones puede servir para desbastar parte de la cúpula – y no enteramente y no íntegramente, ya que continúan en otros puestos, menores, pero ahí siguen - y desde luego no afecta a sus fieles devotos más que en la medida en que no puedan continuar en sus puestos inferiores, lo cual tampoco ocurre con frecuencia, puesto que puede comprobarse la continuidad de muchos de ellos, pase lo que pase.
Adelantemos también que estar bien formado, puede ser muy negativo en política (española y muy especialmente la autonómica). Nada de saber idiomas, haber ganado títulos, desempeñado gerencia empresarial, haber tenido éxito en los negocios. No. Nada de nada. Aquí lo que cuenta es hacer bien la “¿carrera?”, desde el principio. Esto es, haber ingresado en las juventudes (socialistas, pp, convergentes…) y a partir de ahí, mostrar entera fidelidad, incluso más allá de la lealtad, al “jefe”. Naturalmente si éste fracasa estrepitosa y definitivamente, se cambia de fidelidad. Y punto. Pero se sigue ahí.
Los incentivos para que un joven ingrese en política en sus juventudes y ahí se queden, son enormes. No tendrá que competir sino en devoción y lealtad. No se le pedirá ninguna formación, sino información… del jefe y sus amigos. No tendrá que demostrar nada, salvo ser un buen mandado. En definitiva, una vida bastante fácil y sencilla. Y los premios son enormes: con su inmensa mediocridad llegará muy lejos. A lo que quiera casi, o por lo menos a lo que le dejen otros como él, siempre en un reparto de puestos, apadrinando y siendo apadrinado, cerrando el círculo para que ahí no entre nadie y a partir de ese momento, a disfrutar de una vida inmensamente superior a sus posibilidades. Y siempre con premios, desde luego. Porque inclusive hay retiros dorados intermedios mientras se está de un puesto a otro. Las empresas saben bien que tienen que aceptar muchas veces a tales enchufados y colocados, incluso en ocasiones, hasta en el Consejo de Administración. Si miramos el IBEX 35 y todas sus filiales, podríamos hacer un recuento de los políticos colocados en ellas, tanto en un primer nivel como en el segundo.
Una vida inculta, basada en lectura de periódicos, tertulias radiofónicas y llamadas telefónicas. Nada más.
Luego, a su vez, proyectan esa mediocridad en todo el ámbito donde actúan, que es inmenso en el Estado Social, ya que se han encargado de decir que todo tiene que estar controlado y supervisado públicamente, esto es, por los partidos políticos en definitiva. Y su mediocridad planea en todos los sectores y en la misma configuración de la sociedad. Por ejemplo, abatiendo a los funcionarios (el ejemplo de escándalo de cómo han deprimido la labor de los Inspectores del Banco de España es simplemente mascarón de proa de todo lo que hacen en general).
Nadie niega que cualquiera pueda llegar a Presidente del Gobierno. Y de hecho, así ha sucedido. Pero la pregunta es si cualquiera puede llegar a Director General o a Subsecretario, a “Jefe de Negociado” (permítaseme la clásica expresión) o a Consejero Técnico. Al igual que nadie sabe todavía por qué los más inútiles podían estar de Presidente de las Cajas de Ahorros (con excepciones, naturalmente, que por supuesto ha habido y hay gente valiosa), pero incluso ésta, casi siempre ha estado en manos de la política, la cual, si alguna vez ha acertado, ha sido de casualidad.
Nadie sabe por qué Instituciones señeras como el Consejo de Estado tiene que soportar Consejeros inútiles cuya única aportación ha sido su paso por la política, siendo como es el centro más señero del Derecho en nuestro país. Nadie sabe por qué Institución tras Institución ha caído en manos de un reparto escandaloso que en las Comunidades Autónomas llega al paroxismo donde la pura ideología de sometimiento al jefe es realmente el único “mérito”.
Por eso, la reflexión lanzada por estas dos mujeres, parece merecer la pena. Claro está que han saltado en contra de ellas todos los miembros de las “juventudes”. Pero es que ese frente de juventudes tiene mucho que ganar: meterse ahí desde chaval y subir y subir siempre obedeciendo para luego mandar, sin tener que trabajar, ni estudiar, ni saber de nada… salvo, como bien expresó Lewis Carroll en “Alicia en el País de las Maravillas”, ¡saber quien manda!
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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