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¡Justicia, justicia! clamamos al cielo

jueves 24 de enero de 2013, 20:32h
Una de las razones por las que España no funciona como debería de funcionar es que la Justicia marcha a “trancas y barrancas”. ¿De qué sirve tener razón, si los tribunales me la reconocen años después, cuando el pequeño negocio ya se ha arruinado y trabajadores y empresario se encuentran en la cola del paro?

Además, tenemos la sensación que la justicia no es igual para todos. Para los grandes asuntos, aquellos en los que están implicados grandes políticos o empresarios, la inmunidad parece ser lo normal y, sino, la solución es el indulto. Para las deudas de poca cantidad se aplica la dura ley y, si no se paga la hipoteca, a la calle. Siempre se ha dicho que si tienes una deuda de cien mil euros con un banco, tienes un problema con el banco. Si la deuda es de cien millones de euros, el problema es del banco.

Algunos apuntan a la politización como una de las causas de los males de la Justicia ¿Cómo no va a estar politizada, si los 20 miembros del Consejo General del Poder Judicial son elegidos en el Congreso y el Senado con la complicidad del PP y el PSOE? ¿Cómo no va a estar politizada si dos asociaciones de jueces dominan dicho órgano constitucional? ¿Cómo no va a estar politizada, si en algunas Comunidades Autónomas con competencias trasferidas en materia de Justicia, el Consejero de Justicia cree que puede ordenar la resolución de un asunto?

Las asociaciones de jueces y magistrados parecen haber ocupado la función de correa de transmisión con el poder, aunque a veces es difícil precisar quien dirige la política judicial, si unos u otros.

Sin embargo, la politización sí que ha introducido un virus nocivo dentro de la carrera judicial: progresa no el mejor y el que más trabaja, sino quien tiene padrinos. Padrinos políticos, padrinos de las asociaciones de jueces y magistrados, antes padrinos de amigos en grandes almenas y robustos robles, ahora en molinos de viento.

La verdad es que en los asuntos pequeños, la politización no es el problema más grave. Sí que lo es la incertidumbre sobre el fallo y la lentitud,
Se quiebra la seguridad jurídica cuando ante casos iguales, las soluciones son dispares en los Tribunales Superiores de Justicia de Madrid, Galicia o Valencia, por ejemplo. Incluso casos similares en una misma Sala del Tribunal Supremo con un mismo ponente son solucionados de forma diferente.

La Justicia no puede ser una lotería, pese a la diarrea legislativa y la escasa calidad de las normas. Una Justicia con un alto grado de certidumbre garantiza una disminución de la litigiosidad y, menos pleitos suponen mayor rapidez en la resolución de conflictos. Se ha dicho en infinidad de ocasiones que la Justicia lenta en injusta. Y nuestra justicia es muy lenta.

Para arreglar esta situación es necesario que el ordenamiento jurídico español sea uno, no diecisiete, se simplifique y se haga comprensible, por ahí comenzará a ser justo.

La solución no pasa por las huelgas, ni con el fraccionamiento de la Oficina Judicial. Ésa no puede funcionar cuando hay tres patrones de la Justicia. El Consejo General del Poder Judicial se encarga de los Jueces y Magistrados; las Comunidades Autónomas cuando tienen transferidas la competencia de justicia, de los funcionarios, las instalaciones, los programas de ordenador…y; el Ministerio de Justicia del los Secretarios Judiciales y, cuando no hay transferencia de competencias o se trata de órganos jurisdiccionales de ámbito nacional, del resto de los medios. Con tres patrones es difícil que la Justicia funcione al 100%. La inversión que se realiza la Justicia no se realiza de forma organizada: ¿son compatibles los diferentes sistemas informáticos de las oficinas de justicia transferidas a las comunidades autónomas? ¿Se ha tenido que invertir en un programa informático para que se entiendan entre ellas?

No es admisible que una magistrada presida una vista pública con el pelo sucio y falte el respeto a los letrados. La función jurisdiccional debe mantener las formas. La solemnidad no está reñida con la humildad, la eficacia, la eficiencia y el servicio público. Jueces y Magistrados cumplen una función pública muy importante para la pacificación social, quizás en ellos recaiga la acción de reforma. Los abogados, procuradores, fiscales, oficiales, administrativos… y todos los agentes que intervienen en la Justicia también cumplen su papel, tienen su parte de responsabilidad y deben participar en la solución. La profesionalidad y preparación de todos estos sujetos es uno de los factores esenciales para mejorar nuestra Justicia.

También se precisa una mejor organización: ¿De qué hora a qué hora se señalan las vistas? ¿Por qué la Justicia no madruga y se fijan señalamientos a las 8 de la mañana o por la tarde? ¿Es necesario mantener las competencias de justicia en las Comunidades Autónomas?
¿Quién debe poner orden? El Ministro de Justicia parece haber tomado cartas en el asunto con algunas medidas impopulares como la Ley 10/2012, de 20 de noviembre, por la que se regulan determinadas tasas en el ámbito de la Administración de Justicia y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses., Con el nombre de la ley ya podemos intuir que se están mezclando ovejas churras con merinas. Pero eso no es lo más preocupante. Las tasas judiciales pueden suponer una caída importante del trabajo de abogados y procuradores, una justicia solo para ricos y que cegase los procedimientos judiciales como fórmula de resolución de conflictos. Cuando los conflictos no obtienen solución ante los tribunales de justicia, se solucionan por otros medios más directos e insatisfactorios. Esta Ley de Tasas puede supone una disminución importante del número de asuntos, lo que redundaría en una mayor rapidez de la Justicia. También si la recaudación de estas tasas fuera a parar en le Justicia tendría un efecto positivo. Parece claro que el importe de las tasas viene a perjudicar a quienes menos tienen, aquellos con los que la Justicia debería mostrar más misericordia.

La Justicia tiene solución, como lo tuvo la puesta en marcha de la Agencia Tributaria: inversión en medios y prestigio. Más inversión y sobre todo insuflar ilusión, estas son las recetas para una buena Justicia.

Al final, todo se arregla trabajando más y mejor. Y, se trabaja más y mejor en un ambiente de paz judicial, sin tasas desmesuradas, ni cambios bruscos; reconociendo el trabajo de los mejores, no el de los más fieles. De esa forma la Justicia se convertirá en justa y recuperará la confianza de los ciudadanos.
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