Mali en descomposición (III): Escalada de violencia
lunes 28 de enero de 2013, 20:34h
En Mali, el debilitamiento progresivo de sus fundamentos, los continuos golpes de estado que se reprodujeron desde su acceso a la independencia y la desertización de su franja saheliana -en proporción del 65 % del territorio- han ido exponiendo el país a ser una víctima propiciatoria. Entre las insurrecciones de los hombres azules del norte (AZAWAD) y las malas prácticas de las milicias yihadíes, recientemente tildadas de islamo-gansterismo heredero de las llamadas de Al-Qaeda a la guerra violenta contra los malos musulmanes, y los -peores- infieles euroamericanos, Mali está en la encrucijada. La pregunta neurálgica de su destino contemporáneo es: ¿desaparecerá el centro territorial del antiguo Sudán occidental, luego convertido en colonia francesa? ¿Qué futuro aguarda, en rigor, a los Estados tambaleantes de Chad, Níger, Mali, y si se apura el planteamiento, a Mauritania misma?
En la antigua África Occidental Francesa, la marea islamista lleva trayendo agua a su molino desde hace un decenio. Muchos de sus cerebros, y miles de sus fieles proceden de la corriente islamista que se desató en la Argelia de los años 90 del siglo XX; una vez extirpada la amenaza terrorista, la Paz Bouteflika vino a abrir un período de saneamiento económico y de consolidación del statu quo político que ha dado sus frutos. Sin embargo, los más de 900 atentados perpetrados por el yihadismo norteafricano a través de AQMI, han mantenido en vilo el aparato antiterrorista argelino. Abdelmalek Droukdel, empero, prosigue tramando la acción terrorista de sus guerrilleros desde un paradero argelino todavía desconocido; de tal modo que Mojtar Belmojtar es su “compañero de armas”, y se ha convertido en protagonista de la intensificación del yihadismo en la Región al terminar la guerra contra Gadafi a finales de 2011. Obsérvese la secuencia que ha conducido este último fin de semana al “golpe” de las milicias y bandas armadas islamistas contra las explotaciones de gas en la localidad argelina de In Amenas. Las víctimas y rehenes afectados en las filas de técnicos y mano de obra occidentales y argelinos han sido contrarrestadas -sin pensarlo dos veces- por las fuerzas especiales de Argelia con el apoyo de escuadras de aviación. El alto mando y la cúpula militar de Argel actuaron con táctica rápida y opacidad informativa. Parece que en la planta de gas de Tigantourine han perecido en la escalada de la violencia 32 terroristas y 23 de sus rehenes. Debido a la contraofensiva local, 107 extranjeros y 685 nacionales fueron liberados por la fulminante intervención de las fuerzas especiales argelinas. La acometida contraterrorista de Argelia sorprendió, por su parte, a las cancillerías de los países-miembro de la Unión Europea y a la embajadora estadounidense en la ONU. La operación argelina no sorprendió probablemente a François Hollande, que ha estado constantemente al quite de las “indirectas” -cuando no falta de espíritu de cooperación- con que Berlín y Londres han reprobado el método de antiviolencia aplicado por Argelia en In Amenas (territorio, al fin y a la postre, de su soberanía). Más allá de deslizamientos detallistas que podrían hacer prolija esta columna de opinión, lo que sí resalta a la vista de cualquier observador avezado, es que el gobierno de Obama no desea ni liderar ni participar en nuevos frentes que amenazan con atrapar a Estados Unidos en otro Afganistán de futuro incierto. Se pudo comprobar esta tendencia exterior antes de -y durante- la presencia de Panetta en la Secretaría de Estado americana. En el país de Libia mismo, el leading from behind que voceó la Casa Blanca prestó a Sarkozy y a Cameron la oportunidad de liderar conjuntamente una campaña en el norte de África, como la que tuvo lugar en los viejos tiempos de la segunda guerra mundial. A veces, no es muy difícil encontrar una fórmula diplomática para liberarse de engorrosas actuaciones internacionales si se cuenta con partenaires deseosos de demostrar su plenitud de forma militar, en escenarios que estiman históricamente propios, como le ocurre a Francia en la región saheliana.
Más allá de los fuegos cruzados que las redes y la prensa han desplegado en relación con el affaire Mali, la evidencia apunta a que las circunstancias reinantes en el noroeste de África y al sur del Magreb árabe pueden ir de mal en peor. El hecho de la vecindad territorial de Mali con el “bajo vientre” argelo-mauritano y, en consecuencia, con naciones mediterráneas tan significativas como Francia, España e Italia, está confiriendo una complejidad euroafricana al affaire Mali. Los refugiados y huidos de este país durante los últimos meses han puesto en el horno la ineludible cuestión humanitaria. Conviene, además, no olvidar que Mauritania, por ejemplo, es fronteriza con las provincias saharianas de Marruecos: la difusión contaminante del conflicto no es improbable. Además, la posible prolongación de este último conflicto centroafricano a través de la renovación del flujo migratorio subsahariano hacia una región de España tan delicada como Canarias no haría sino ensombrecer el panorama del horizonte actual en la vasta región sahelo-sahariana. Probablemente, si al casus bellinegro-africana al servicio de los intereses que Francia y Argelia detentan en el escenario en armas.
|
Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
|
|