www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El mejor retrato de Lincoln

Pedro González-Trevijano
martes 29 de enero de 2013, 20:35h
No hay duda. Abraham Lincoln es, a día de hoy, y según transcurren los años, el más importante de los Presidentes de los Estados Unidos, integrando junto a George Washington -uno de los founding fathers, y primer mandatario de la Nación americana-, Franklin Delano Roosevelt -el único Presidente que estuvo tres mandatos al frente de la Casa Blanca y artífice del Great Deal- y John Fitzgerald Kennedy -cuyo asesinato en Dallas, un trágico 22 de noviembre de 1963, hacia saltar por los aires el reino de Camelot-, el elenco de Presidentes más destacados del país. “Abe” Lincoln encarna, en mi opinión, dos de las cualidades mejores del hombre público, del que se dedica a hacer Política con mayúsculas. Primera, la decencia. Y, segunda, la entereza de ánimo. William Shakespeare, nadie como el autor británico para aprehender la condición humana, había señalado descorazonadamente trescientos años antes en Hamlet: “¡Ay Señor! Ser honesto, tal y como va el mundo, es ser un hombre escogido entre diez mil.” Así las cosas. Lincoln era uno de los elegidos entre diez mil.

Nada más lejos de ánimo, ni más inútil, que pretender apuntar, en escasamente unas líneas, sus perfiles más personales y sus principales logros políticos. A saber, la preservación de la Unión y la abolición de la esclavitud; pero lo que sí es posible, es señalar sus mejores retratos, sus más logradas representaciones de su físico y carácter. Y a tal efecto, creo que del Presidente nacido en Kentucky podríamos sistematizar sus mejores representaciones en tres grupos y épocas.

La primera, la clásica, entendiendo por esta la que es simultánea a su tiempo o a su Presidencia. Esto es, los que podríamos denominar los tradicionales retratos de Estado. Por más que la obra más representativa de este grupo de imágenes de “Abe” sea la impresionante Estatua Sedente del escultor Chester French que recibe al visitante del Lincoln Memorial, monumento erigido en homenaje al Presidente abolicionista en el National Mall de Washington. Junto a ella, hay un sinfín de representaciones clásicas: las de los artistas Francis B. Carpenter, A. H. Ritchie, F. Hasrwitch, G. Bartsch. Sin olvidar el también monumental relieve tallado en roca por el escultor Gutzon Borglum del Memorial del Monte Rushmore, junto a George Washington, Thomas Jefferson y Theodore Roosvelt.

La segunda, la ilustrativa de su condición institucionalizada de más alto mandatario. En ella sobresalen dos representaciones. De una parte, el sello de tres centavo, en su día, que recogía su cabeza de frente. Y, de otra, y mucho más conocida, su efigie en el billete de cinco dólares. ¡No hay mejor representación del poder político que la imagen de los poderosos en los sellos del servicio postal de correos y en los billetes de curso legal!

Y la tercera, y más moderna de todas, la propia del cine. La más cercana a la ciudadanía y la que queda a la postre grabada en el inconsciente colectivo de todos nosotros. Y así desfilan ante nuestros ojos, nunca mejor dicho, algunas películas emblemáticas: El surgimiento de una Nación de David Griffith, El joven Lincoln, de John Ford, La conquista del Oeste, de Henry Hathaway, George Marshall, Richard Thorpe y John Ford y La conspiración de Robert Redford… o la serie televisiva The Blue and the Gray, donde Gregory Peck da réplica a Lincoln. ¡Hasta le han convertido, en la iconoclasta película de Timur Bekmambetov, en un Cazador de Vampiros! Pero será, y me temo que para muchísimos años, la recién estrenada película de Steven Spielberg, con un extraordinario Daniel Day-Lewis dando réplica al Presidente, la que marque su imagen para los tiempos y generaciones venideras. Contra la fuerza de las imágenes del denominado séptimo arte, nada podrían hoy los mejores pinceles de Ticiano, Rubens, Van Dyck, Velázquez o Goya. Aquí no cabe competencia, dada la fuerza del cine. En resumidas cuentas, Spielberg se ha convertido ya, y aquí también, en el mejor retratista de nuestro admirado hombre público,

Pedro González-Trevijano

Catedrático de Derecho Constitucional

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios