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Los primeros sesenta días del Gobierno de Enrique Peña

Juan Federico Arriola
jueves 31 de enero de 2013, 20:53h
El pasado 1 de diciembre inició el nuevo gobierno mexicano, encabezado por Enrique Peña. Si bien es cierto que nadie espera que se den cambios profundos de un día para otro, los problemas más graves de México persisten.

En el Estado de México, muy cerca de la Ciudad de México, Distrito Federal, donde fue gobernador Peña de 2005 a 2011, la violencia en dos meses se ha incrementado de manera notable.

La criminalidad organizada tiene la puntería de pegar a los presidentes de la República, donde más les duele: en su lugar natal. Hace poco más de cuatro años, hubo un ataque con granadas en Morelia, sitio donde nació Felipe Calderón.

En estos días, en el Estado de México, principalmente en su capital, Toluca, las ejecuciones son diarias. Según la información oficial, la violencia se ha incrementado por la disputa entre dos carteles del narcotráfico.

Al parecer, la tendencia criminal continuará y las promesas y palabras de Peña se devaluarán, tal y como aconteció con Felipe Calderón que se había comprometido a recuperar las calles y las carreteras en poderío de los delincuentes.

El gobierno de Peña tiene ya sus primeros exámenes difíciles. Los medios de comunicación nacionales y extranjeros, así como los ciudadanos estamos vigilantes de las acciones del nuevo gobierno mexicano.

Es curioso, que hace unos día, Peña anunció un plan contra el hambre en México, cuando hace menos de cuatro años, en mayo de 2009, el entonces embajador de México en España declaraba en Madrid que en el país que representaba, nadie padecía hambre. Esta declaración la escuché personalmente en Alcalá de Henares y me quedé mudo, precisamente porque se sabe que en México hay niveles de pobreza que van de no tener empleo o agua potable en hogares, como la de hambre que padecen mexicanos que viven apartados de zonas urbanas.

La realidad no miente, los políticos en cambio mienten frecuentemente, ya por ignorancia, ya por mala fe, ya por demagogia. Cuando pasamos los discursos y declaraciones de los políticos mexicanos a la dura realidad, nos percatamos, que las palabras de la clase dirigente se evaporan como el agua en ebullición.

No apuesto a que falle el nuevo gobierno mexicano. Pero cuando nos dimos cuenta desde hace años que Peña no tenía pasta de estadista, para mí estaba claro, que la tarea de gobernar México, sería complicado con una mezcla de políticos priistas por una parte inexpertos como Peña y otros reciclados -conocidos como dinosaurios- que nunca han desempeñado eficientemente ningún cargo de importancia y han vivido del presupuesto como parásitos. Escribir los nombres del segundo grupo me llevaría días y sería aburrido para los amables lectores de El Imparcial.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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