José Manuel Soria ha anunciado tres nuevas medidas encaminadas a reducir el déficit de tarifa, uno de los mayores males de nuestra economía. Es la cuarta vez que adopta medidas, y con todo parece que no serán suficientes.
Hace un año el gobierno aprobó una moratoria a las
renovables. En marzo sacó otro decreto ley por el que buscaba corregir “las desviaciones por desajustes entre los costes e ingresos de los sectores eléctrico y gasista”. En septiembre aprobó nuevos impuestos para reducir el déficit de tarifa.
El núcleo del problema son las primas a las renovables, que
entran a formar parte de los costes (“peajes”) del sistema. La tarifa tendría que cubrir esos costes, pero para hacerlo tendría que subir mucho, lo cual sería políticamente inconveniente. De modo que se mantiene por debajo del coste. Se produce, así, un déficit de tarifa que se acumula en una deuda de los consumidores con las eléctricas que, en estos momentos, supera los
23.000 millones de euros. La primera de las medidas adoptadas hoy por el Gobierno es sustituir, en la retribución de las actividades reguladas (las primas), el criterio del IPC por el de la inflación subyacente. En la inflación subyacente no se tienen en cuenta la evolución de los precios de la energía ni los de los alimentos no elaborados. Esto supondrá un ahorro de entre
330 y 340 millones de euros.
La segunda consiste en que los productores tendrán que elegir entre una tarifa fija y un precio de mercado, al que se le añade la prima. Esa obligación lleva aparejada una rebaja de la retribución. En función de quiénes y cuántos elijan en su momento una u otra tarifa, el ahorro podría ser de
250 a 500 millones de euros.
La tercera y última medida es un crédito solicitado por el Ministerio de Industria y concedido por el propio Estado, de 2.200 millones de euros. Con ese crédito, Industria tendrá margen para evitar que se incrementen las exigencias de ingresos regulados del sistema.
Fedea recogía en septiembre la tercera ronda de medidas sobre el sistema eléctrico, y decía de ella que no era una reforma del mismo. Esta cuarta ronda tampoco es una verdadera reforma, aunque sí introduce algunos cambios que moderan el crecimiento de las primas, y que incluso contribuyen a que éstas se recorten.