Real Madrid y Manchester United miden sus fuerzas en la ida de los octavos de final de la Champions League en un encuentro marcado por la rivalidad que mantiene sus entrenadores. Jose Mourinho y Alex Ferguson, dos de los mejores preparadores de la historia del balompié, reeditarán su ritual de amistad y respeto al tiempo que pregonan un partido espectacular. EL IMPARCIAL analiza las claves de la batalla del Santiago Bernabéu que llega como bota salvavidas para los madrileños y como piedra de toque para los ingleses, líderes de la Premier League pero con sed de venganza tras sus últimos cruces con el Madrid y, por extensión, con equipo españoles -tras caer ante el Barça en dos finales de Copa de Europa y ante el Atjletic de Bilesa el pasado año-.

El 12 de enero de 2005 comenzó a fraguarse una de las relaciones de rivalidad deportiva de mayor singularidad por la altura de sus protagonistas, el cariz que han ido cobrando las interacciones y sobre todo, el prestigio de las instituciones deportivas que han albergado sus encuentros. El estadio de
Stamford Brigde acogió aquel miércoles un gris partido de fútbol entre Chelsea y Manchester United que castigó a los aficionados asistentes con un
frío empate a cero. Pero el universo futbolístico recuerda aquella ida de las semifinales de la
Carling Cup por lo que
Jose Mourinho, el irreverente portugués que desembarcaba en la cuna del fútbol trabajando por justificar su millonario fichaje por los
blues del recién llegado
Abramovic, contó en sala de prensa unos días más tarde.
“
No tengo nada contra sir Alex (Ferguson).
Después del partido del pasado miércoles fuimos a mi despacho, hablamos y bebimos vino. Desafortunadamente, la botella de vino era muy mala y él se estuvo quejando. Así que cuando vayamos a Old Trafford en el partido de vuelta, que además es mi cumpleaños, le voy a llevar una botella de un gran vino portugués”.
El comendador de la Orden del Imperio Británico, ideólogo del exitoso United que explotó en los noventa y sigue rozando la gloria cada temporada, y el
revolucionario coleccionista de títulos luso departen, desde entonces, bajo la supervisión de buen vino cada vez que sus equipos les obligan a cruzar sus caminos. La última vez fue
el pasado domingo. Mourinho, que acostumbra a analizar
in situ el último partido de sus rivales para perfeccionar su argumentario de cara al vestuario, c
harló amistosamente con Ferguson tras asistir, visturí y grabadora en mano, a la victoria de los red devils ante el Everton, partido en el que el entrenador escocés no rotó demasiado debido a la importancia del choque. No en vano, la victoria catapulta a su equipo hacia el título inglés con 12 puntos de ventaja sobre el vecino ruidoso que el pasado año les robó el entorchado.

Queda muy lejos ya la
carrera por la banda del Teatro de los Sueños con final de rodillas en el césped para concluir la explosión de alegría inesperada dedicando peinetas al respetable -todo ello ante la estupefacta mirada de
Fergie-
tras eliminar al United de la Champions League que ganaría el Oporto de Mourinho meses más tarde. Desde que el vino actúa como nexo entre estos dos gigantes del banquillo, escocés y luso exhiben sin pudor el respeto y la admiración que se profesan. “
Este es un día muy triste para nuestro fútbol porque se va el aire fresco”, dijo
sir Alex al enterarse de que “Mou” abandonaba el Chelsea, y, por ende, la Premier League. “
Me siento un privilegiado por ser su amigo porque es una de las personas más importantes en el mundo del fútbol, y estoy orgulloso de ello", reconoció
Mou en el antepalco de Old Trafford el pasado domingo.
“
Va a haber sorpresas en el partido para ambos equipos porque estoy tratando de averiguar qué sorpresa me tiene preparada Jose (Mourinho) y qué puedo hacerle yo”, comentaba Ferguson en la comparecencia previa al partido del Santiago Benabéu. De hecho,
se miden los dos mejores contorsionistas del mensaje lanzado en las salas de prensa y de movimientos tácticos de última hora. El preparador del United se quejó amargamente porque el Real Madrid jugó su último partido liguero el sábado y los suyos compitieron el domingo, es decir, los capitalinos disfrutan de unas horas de descanso de ventaja.
En un enfrentamiento directo entre estos dos contertulios cada detalle, cada esfuerzo, por fútil que parezca, adquiere un papel esencial en la conformación del conjunto de la propuesta que Real Madrid y Manchester pondrán en escena cuando empiece a rodar el balón en el Paseo de la Castellana.

Descendiendo el foco del análisis hacia el césped, entran en valor algunas variables que estos dos excelsos entrenadores de peculiar química común deberán manejar con temblé.
La inercia liguera antagónica de ambos clubes -los ingleses dominan con regularidad férrea y a los madrileños solo les queda la heróica para alcanzar al Barça-
resulta un arma de doble filo. De un lado juega la confianza absoluta con la que el Manchester se maneja tanto en casa como en el viejo continente, del otro, las lagunas de concentración, rebeliones internas y filtraciones que han diluido la estabilidad madridista. Pero, como anunciaron ambos técnicos en la conferencia de prensa previa al choque, esta variable no dibuja en camino consecuente:
La eficacia y autoestima británica podría transformarse en relajación si superan con solvencia el arranque merengue y el
desastre doméstico madridista podría actuar como catalizador de intensidad y mentalización para luchar por el honor individual de cada jugador y, en consecuencia, por la “Décima”.
Además, las
lesiones han castigado a algunas piezas relevantes de ambos equipos.
Vidic, Rooney, Marcelo, Pepe y Casillas han sufrido contratiempos severos a lo largo de la presente temporada. Los estabilizadores del centro del campo de ambos conjuntos,
Xabi Alonso y Michael Carrick llegan a la competición de este miércoles por los pelos. El fino y trabajador
Kagawa descansó ante el Everton para seguir cogiendo ritmo al tiempo que
Di María hacía lo propio en la goleada del pasado fin de semana.
Sobre el tapete, diseñado en esta ocasión por dos pesos pesados del golpe de efecto táctico, se dispondrán dos de las plantillas que mejor interpretan el juego vertical.
El centro del campo y la presión, intensidad y acierto creativo que se desarrolla en este intervalo del terreno de juego, marcará las opciones de ambos equipos en este partido y, por extensión, en la eliminatoria. La
posesión del balón no resultará tan determinante como en otras ocasiones, ya que ambos equipos se manejan muy bien agazapados.

Sin embargo,
la puntería sí parece un elemento definitivo y en este elevado escenario, hay actores protagonistas de sobra.
Cristiano Ronaldo, que juega por primera vez ante su ex equipo, se mide a
Robin Van Persie, que actúa como sustituto del luso y ostenta el liderato en la tabla de goleadores del fútbol inglés. El primero ya ha roto el fantasma de jugador que se esconde en las grandes citas tras entregar al Real Madrid la Copa, la Liga y la Supercopa en los dos últimos años. El segundo todavía no ha conseguido brillar en competición europea y salió del Arsenal sediento de los títulos que el club de
Arsene Wenger –“enemigo” común de ambos entrenadores- no le podía proporcionar.
En segunda línea destaca el virtuosísmo técnico y la visión de juego de
Mesut Özil y la efectividad, clase y pelea de
Wayne Rooney. De la concentración de estos dos excelsos mediapuntas dependerá buena parte de la variable que anunciamos como definitiva, la pegada goleadora. La perla alemana todavía no goza de la regularidad que le niega su edad, aunque cada vez adquiere mayor presencia en las citas relevantes -sobre todo ante el Barcelona-. El 10 de los
red devils y del combinado nacional inglés ya goza del prestigio que le ha granjeado tirar del juego ofensivo del Manchester en el periodo de orfandad que dejó Ronaldo y que ahora, parece haber ocupado Van Persie. El olfato goleador del revulsivo mexicano
"Chicharito" Hernández y la clase de
Karim Benzema o la pegada de
Higuaín aliñan la contienda.
Además, las bandas y el balón parado se antojan como dos vías de escape predefinidas por Mourinho y Ferguson para desatascar la intensa batalla por la posesión en el centro del campo. En estas vías accesorias a explotar destaca el desequilibrio de
Di María -que podría condicionar las subidas del carrilero que Ferguson disponga en la derecha, presumiblemente
Rafael-, la potencia del ecuatoriano Valencia -que creará problemas a
Arbeloa o a Essien/Coentrao- y el portentoso juego aéreo de los recios zagueros
Vidic y Ferdinand, de un lado, y
Sergio Ramos y Varane -o Pepe- del otro.
De Gea y Diego López ejecutarán el rol de salvavidas que se presupone a dos porteros de su nivel en una eliminatoria a dos partidos. Su actuación se transformará en la red de seguridad que equilibre la eliminatoria en fases del cruce.
¿Cuál será el resultado de este primer combate? Ferguson se ha pronunciado: “
Le puedo asegurar que no va a haber un 0-0”. A finales de febrero de 2009, Inter y Manchester se medían en San Siro en el partido de ida de los octavos de final de la Copa de Europa. Mourinho aseguraba en las semanas anteriores que su amigo Alex o
the boss(el jefe), como le ha catalogado en alguna ocasión,
no viajaba al coliseo interista con la intención de ganar.
Fergie, que ha reconocido haber tomado la decisión de no entrar en el juego psicológico de Mourinho por prudencia, respondió en aquella ocasión que su homólogo portugués trataría de “
sofocar el partido para imponer 120 minutos de fútbol sin goles”. Aquel encuentro se saldó con otro
0-0 para el olvido. En esta ocasión, ambos técnicos han abrazado el juego ofensivo en la retórica previa al encuentro, aunque pocos analistas prevén un encuentro abierto plagado de ocasiones. Ambos técnicos prometen al aficionado la degustación de un gran espectáculo. “
Todo el mundo se para para ver este partido”, afirmó Mourinho.
Lo que resulta seguro es que, como manda la tradición de esta histórica rivalidad, una botella de buen vino coronará este primer asalto. Las urgencias del Madrid por salvar la temporada y la sed de venganza del United que perdió dos finales de Champions ante el Barça y cayó ante el Athletic de Bielsa el pasado año quedará al margen en otra reunión de estos dos amigos que, amén de ser amantes de una buena charla acompañada del licor extraído del zumo de la uva, presumen de estar considerados como dos de los mejores entrenadores que ha conocido este deporte.