La renuncia del papa
sábado 16 de febrero de 2013, 16:42h
La renuncia del papa no es una buena noticia, desde el punto de vista humano es comprensible pues a sus 86 años el peso tremendo del Vaticano sobre sus hombros y detrás de eso el de toda la cristiandad extendida a lo largo y a lo ancho de todo el orbe es algo que puede acabar con cualquiera, pero es que el papa no es un hombre cualquiera y así lo hemos visto a lo largo de los siglos sobre todo durante toda la edad moderna y contemporánea y particularmente desde que nacimos. Imbuido, elegido por la fuerza del Espíritu Santo, el papa es el vicario de Cristo en la tierra, es el representante de Cristo, la piedra angular sobre la que se apoya la iglesia, el sucesor de Pedro cuya cátedra se asienta precisamente sobre la tumba del apóstol al que Cristo mismo definió como la piedra sobre la que edificaría su iglesia. Por lo tanto el papa está hecho de una materia especial, diríamos que eterna, por eso siempre le hemos visto vivo, en la silla gestatoria, en la ventana de sus apartamentos vaticanos, en el papa-móvil, bendiciendo a las masas enfebrecidas, en la Capilla Sixtina con todos los cardenales, en las audiencias con los reyes, escribiendo sus encíclicas o en fin, cayendo bajo las balas asesinas de un terrorista, de un magnicida al que la Virgen de Fátima desvió con su mano la trayectoria de los proyectiles. Un hombre así, que en realidad no es un hombre, tal es la majestad, el carisma, los dones y los poderes que se le han otorgado, solamente pueden desaparecer con su muerte física en este mundo para que le pueda suceder otro papa, el siguiente.
Lo que ocurre es que Joseph Ratzinger que era precisamente mi cardenal elegido, mi papa predilecto pues es un intelectual y como tal yo también me considero aunque por supuesto en infinita menor medida, no era ni un héroe ni un mártir, el cardenal Ratzinger era solamente eso, un hombre, un hombre como nosotros, un profesor de universidad, un buen filósofo, un gran teólogo que tenía todas nuestras simpatías, pero no era un titán como Juan Pablo II, ni un santo como Pío XII, ni un sufridor hasta el martirio como Pablo VI, ni un risueño y breve acompañante como Juan Pablo I, Ratzinger era eso, Ratzinger, el más veterano de la Curia, el celoso guardián de la pureza para la doctrina de la fe pero se le vinieron encima los escudos del papado, el sobrenombre de Benedicto XVI, su hermano al saberlo quedó asombrado y perplejo por la salud que ya venía arrastrando, un ictus y problemas semejantes.
El cese de Benedicto XVI es un hecho normal entre los seres humanos que se jubilan como ustedes y como yo pero un papa no se puede jubilar, sencillamente porque se nombra otro papa y ¿ a dónde se va entonces el que no ha muerto, a una vivienda vaticana, a un apartamento, a las viviendas para catedráticos o profesores jubilados, a un monasterio?. Quizá lo más sensato sería irse a un discreto monasterio en el lugar más recóndito y apartado de las luces vaticanas, de las luces mediáticas?, ¿ se imaginan a Ratzinger antes Benedicto XVI asistiendo a una misa en Roma oficiada por el nuevo papa, su sucesor en el cargo, en el poder?, ¿ qué van a hacer los paparazzi, las huestes de periodistas y fotógrafos que pululan por todo el mundo?, ¿ y cuando el nuevo papa elegido diga o haga esto o lo otro no se les ocurrirá a los periodistas o a los políticos de turno o al portero de la esquina que qué opina Joseph Ratzinger sobre ello?.
Mario Monti, el político y amigo más cercano a él ha quedado conturbado y conmovido por la noticia. Benedicto XVI va a ser cuanto menos molesto en todo el proceso de la elección del nuevo papa y en las semanas, meses o años posteriores, otra cosa es que tenga una enfermedad rápida e incurable que no haya querido manifestar.
No creo que haya un cisma en los tiempos relativistas y materialistas, tan brutales y obscenos que corren, no creo que ocurra como con el papa Luna, el de Peñíscola y el otro, el de Roma, pero que Benedicto XVI no haya sido ni un héroe ni un mártir y haya aguantado hasta la agonía, con traqueotomía y todo, colgado de la cruz, no es buena noticia, el pueblo pide sangre e igual que en la época de Poncio Pilatos cuando la chusma gritaba ¡crucifícalo, crucifícalo!, el hecho de que Ratzinger no haya sido crucificado y muerto en la cruz puede que sea una buena noticia para él, porque no podía más, pero que no lo sea para nosotros, para todos nosotros que en realidad somos muy miserables y necesitábamos siempre la imagen de un líder, de un santo, como fueron los papas anteriores, muertos en el Vaticano y enterrados abajo, en la cripta, junto a los huesos de Pedro y de muchos de los papas anteriores.