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Crítica de arte

Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
miércoles 20 de febrero de 2013, 16:45h
El comienzo de la práctica de la pintura al aire libre es abordado en una exposición organizada por el Museo Thyssen con la que pretende dar cuenta de la toma de contacto de los artistas con este estilo, cuya máxima era la pintura del natural de montañas, rocas, bosques o riachuelos. Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh es el título de una exposición en la que han sido reunidas 113 obras.
Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh es la primera exposición del año organizada por el Museo Thyssen. A través de 113 obras, la pinacoteca propone una toma de contacto con el paisaje como temática artística que, si bien fue abordada y encumbrada por los impresionistas, ya un siglo antes artistas como Corot habían experimentado con ella.

Ruinas, azoteas, tejados, rocas, montañas, árboles, plantas, cascadas, lagos, arroyos, ríos, cielos, nubes y el mar son los motivos en los que está dividida la exposición, que deja constancia de la obsesión que debió despertar en los artistas reunidos la representación de los lugares que habitaron o que visitaron.

Edificio de Nápoles con la fachada nororiental del Castel Nuovo (1782), de Thomas Jones, es una de las primeras obras expuestas. Le acompañan El puente de Narni (1827), de Corot, y Acueducto cerca de Roma (1796), de Von Rohden. En las tres interesa atender a la forma compacta con la que ha sido aplicado el color, lo que difiere de las composiciones impresionistas venideras.

La ruptura que supuso el Impresionismo con lo académico y su incipiente independencia de lo establecido queda demostrada en obras como Peñascos en el Monasterio de Piedra (1872), de Carlos de Haes, en la que la pincelada es más suelta y vibrante y hay un intento por explorar las posibilidades de las luces y las sombras.

Un ejemplo de lo que supuso el paisaje para los artistas del Romanticismo es El valle de las angustias (1857), de Courdouan.

La frondosidad de los bosques pintada por Rousseau en dos pinturas expuestas en la muestra contrasta con la soledad de un cardo pintado por Manet, lo que denota la variedad de formas con la que fue abordada esta temática. Es en la sala dedicada a los árboles y las plantas donde el visitante se topa con El bosque de Pontaubert, de Seurat y de estilo puntillista, El hospital de San Remy, de Van Gogh, en la que se aprecia su vibrante forma de pintar, lo que dota a la composición de un aspecto enérgico.

Sauces junto a un riachuelo (1805), de Turner, da cuenta de la técnica del británico para desdibujar, y los estudios de nubes de Constable , las posibilidades casi infinitas derivadas de la observación del cielo y de los fenómenos atmosféricos, como también se observa en La tromba de agua, de Courbet.

De la sala dedicada al mar interesa destacar La ola, de Courbet, por representar el enrarecido estado del agua en un momento puntual y pasajero y Marea baja, Yport, de Renoir, en la que se distingue una pincelada constante en diagonal que confiere gran vivacidad.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen, Madrid.

Fechas: del 5 de febrero al 12 de mayo.

Horario: de martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas / sábados de 10:00 a 21:00 horas.

Entrada: 10 euros.
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