Nostalgia de la corrupción
Cristobal Villalobos Salas
martes 19 de febrero de 2013, 20:19h
Tendría yo siete u ocho años cuando el gobernador del Banco de España comparecía en rueda de prensa tras la intervención de Banesto, el banco del hasta entonces todopoderoso Mario Conde. Malo en casa, con mis típicas anginas de niño, veía la comparecencia del gobernador por TVE, cuando debería estar viendo los dibujitos animados.
No sé si sería la misma época, o la neblina de los recuerdos infantiles confeccionan un collage amarillento y atemporal en el que se mezcla todo, pero recuerdo con nitidez un álbum de cromos de la corrupción, como esos que coleccionábamos sobre fútbol y que nunca éramos capaces de terminar. Roldán, Filesa, la Expo, los GAL, con su “señor X”, sus muertos en cal viva y sus ministros tirando de los fondos reservados, eran alguno de los más sonados escándalos.
Recuerdo aquellos días con el júbilo de la inconsciencia, levantándome todo los días esperando que los papeles descubriesen un nuevo follón en una España irrespirable de paro y déficit. Era un país a punto de saltar en pedazos, al menos eso parecía, en el que la única salida posible, pinza y conspiración mediante, era la llegada de un caballero castellano montando un doncel blanco: Aznar.
Salimos del boquete, o eso parecía, hasta la llegada de Zapatero, que dicen las malas lenguas que era honrado pero tonto, el tema es que muchos de los que lo rodearon hacían la ecuación al revés: eran listos, pero no muy honrados. Y parecía que la cosa no iba a poder ir a peor, batiendo récords mundiales de desempleo, acompañados por casos de corrupción que dejaban a los felipistas en simples ensayos de novatos.
Depositamos la esperanza en Rajoy, ya que no teníamos otra. Aparentemente honrado, aparentemente inteligente, no ha habido que esperar a que le afecte el síndrome de la Moncloa, como a Felipe o a Aznar. Casi lo derriban del caballo a las primeras de cambio, en un país que es un barrizal moral, político y económico, en el que cada cual arrima el ascua a su sardina y los billetes a sus bolsillos.
Son los tiempos convulsos en que, ante la incapacidad y la corrupción de los que nos gobiernan, sale un salvapatrias de esos que terminan por acabar con todo, gracias a Dios a los tanques no les queda gasolina y los soldados tienen horario de oficina. Mariano, haz algo, leches, o te hundes con todo el equipo y a nosotros, huérfanos, no nos queda otra que pasar del tema, o seguir a Depardieu caminito de Siberia.