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Garantía de la unidad de mercado: Una ley necesaria

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 20 de febrero de 2013, 21:00h
Se ha presentado un anteproyecto de Ley para garantizar la unidad de mercado. ¡Hora era ya! La cantidad de barreras a la circulación que existen en un país relativamente pequeño como España asombra a propios y extraños. Sorprendentemente, para enviar un producto a cualquier país de la Unión Europea sí que se aplican las libertades comunitarias, entre ellas la de libre circulación de personas, productos y servicios, de forma que las mercancías no pueden tener un doble y pesado nivel de exigencias para que se les permita circular. Basta con una de ellas para que se entienda cumplida la exigencia de atender a una carga administrativa para que se cierre el circuito de exigencias públicas y las mercancías, los transportes, el desplazamiento de un sitio a otro, con el comercio que hay detrás, pueda atenderse.

Pero aquí no. Aquí, bien por el contrario, se exige, una y otra vez como en un maldito y pesado “ritornello” que cada vez que se envía una mercancía disponga de tarjeta de transporte de cada Comunidad Autónoma, la mercancía puede ser inspeccionada en cada ocasión (salvo excepciones) se le puede pedir en muchos casos tasas concretas, la regulación en cada Autonomía es distinta a efectos de producto (identificación, calidad, conservación, muestreo…) Y así paradójicamente puede resultar mucho más sencillo disponer de una tarjeta europea para atender a un cliente en, pongamos, Alemania que para llevar un producto de Andalucía a Galicia. Toda una broma macabra que sirve solo para alimentar a empleados públicos y políticos de diferente pelaje y especie, cargando sobre el empresario y al final sobre el consumidor todas las ineficiencias sumadas de la integral de regulaciones que caprichosamente cada Autonomía le venga en gana disponer. No hay paso franco ni circulación libre, sino múltiples intervenciones con diferentes reglas, burócratas, inspecciones y, también, sanciones. Un panorama que debería haber descrito Dante en su Comedia como el Círculo del Infierno del Comerciante.

Sorprendentemente, ha tenido que ser la propia Unión Europea la que ofrezca materiales e instrumentos para abordar la unión interior dentro de España, ya que solamente el artículo 139 de la Constitución se refiere, pero no regula directamente, dicha unidad de mercado. Y es que falta y se ha echado de menos una clara definición de las competencias del Estado para garantizar nítidamente la unidad de mercado, esto es, las libertades de circulación de personas, bienes, servicios, capitales, la libertad de establecimiento (sin trabas) y en definitiva un mercado libre de aduanas interiores. Es ridículo que en un país que mirado en el mundo no es especialmente grande, se dediquen en caciquismo local –en definitiva – a trocearlo en pedacitos administrativos, aumentando costes, tiempos y cargas. Así, competir con otros países y generar un ambiente empresarial es una tarea complicada. Las Autonomías se han dedicado en este punto a generar protecciones indebidas a sus productos, a costa, a cambio de que a su vez, por efecto reflejo otras Comunidades Autónomas impongan correlativamente problemas semejantes a los suyos. Y así en una espiral sin límite.

En Estados Unidos, país que es un continente (en algún Estado como Texas. Alaska o California cabe España varias veces) existen barreras. Y se ha criticado, con enorme razón económica, que el efecto frontera interior supone merma de la capacidad del PIB norteamericano, por lo que han proliferado en muchos ámbitos ya, las “Leyes Modelo”, esto es, un Código Unificado que permite unir las mismas prácticas para evitar duplicidades y otros semejantes efectos disuasorios. Se va en el camino de la unidad económica interior y coadyuva en ese proceso la Jurisprudencia del Tribunal Supremo norteamericano.

Insisto, además, que se trata de un continente, no de un país relativamente pequeño. Y por tanto, ahí, quedaría más justificada la exigencia de algún tipo de control que actúe como barrera interestatal y aun así van cayendo muchas de ellas. En la Unión Europea, como se sabe, las cuatro libertades comunitarias caminan y actúan para lograr un mercado interior común y único. Pero aquí, las Autonomías, por complejo del Estado, han ido a crear mercaditos, cada uno con su burócrata, su empleado público y su político encima, para favorecer a los dependientes de ellos y perjudicar a los demás. Un maldito juego de suma negativa que nos está costando una ingente cantidad de esfuerzos, dinero y al final, falta de creer en nosotros mismos.
Y o se acaba con la fragmentación del mercado o ese mercado en astillas acaba con todo emprendimiento. Deseemos a este proyecto de Ley un buen camino y mejor llegada a buen puerto.

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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