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Las excusas para no pensar de Eduardo Punset

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 24 de febrero de 2013, 18:49h
Hace no mucho, mi hija Marta me regaló el libro de Eduardo Punset “Excusas para no pensar”, con un subtítulo sugerente “Cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida”. Imagino que debe sospechar que su padre no le dedica mucho tiempo a reflexionar sobre lo que hace y quizás albergaba la esperanza de que pusiera los pies en la Tierra y encauzara con mesura e inteligencia su vida. Un reto difícil.

El sabio chiflado de Punset, como siempre, escribió un inteligente libro en el que, como él dice, nos invita a dar un paseo por los itinerarios de la vida: las emociones, el cerebro, los cambios, las emociones, el aprendizaje, el poder… y nos regala fórmulas sencillas para ser más felices en un mundo mejor, mientras nos recuerda que “hay vida antes de la muerte”. Y, no, al revés. O, quizás, también.

El caso es que , aparte de que el libro sea ameno, interesante y que las fórmulas que Punset nos ofrece parecen sencillas de poner en práctica, el mundo, la vida que nos rodea , se han vuelto tan enrevesados que, la verdad, dan ganas de agarrarse a esas excusas para no pensar. El utópico de Punset cree y ha escrito sobre “el viaje a la felicidad”, “el viaje al amor”. Pues bueno. Qué bonito.

Según Punset, el cerebro recurre a mil triquiñuelas para que no nos demos con la cabeza en la pared. Lo que importa no es la búsqueda de la verdad, sino sobrevivir. Y si para ello es mejor no pensar o seguir pensando como antes, pues tiene una excusa maravillosa para no pensar más. Como dice el autor, “ninguna de tus neuronas sabe quién eres…ni le importa”.

Porque, discrepando con Punset, la verdad no existe. Cada uno tiene su verdad, según su educación, sus principios, sus vivencias. No hay más que observar el mundo que nos rodea. La religión sigue dirigiendo buena parte del mundo. El terror islamista, por ejemplo, está basado en una manipulación del Corán hasta el punto de que muchos hombres y mujeres están dispuestos a morir embuchados en kilos de dinamita con el fin de aniquilar a los “infieles”. Y, de paso, piensan que con ello se van al Paraíso. Y maltratan a las mujeres como si fueran animales. Y creen que hacen bien. Nos parecen salvajes, y lo son, pero ellos creen que hacen bien: es su verdad.

Según las teorías de Punset, los hindús, atontolinados por el zen, creen que la meditación es la base para el equilibrio de la mente. Y ahí los tienes con los ojos en blanco y tiesos como la mojama repitiendo salmos “para no pensar”. “Quietamente sentados, sin hacer nada-dice el zen- llega la primavera y crece la hierba”. Sí, crece, pero estaría bien podarla un poco.

En la política mundial y, en la española en particular, ocurre lo mismo. Cada partido, cada grupúsculo tiene sus “leyes”, sus principios que siguen todos como borregos en aras de esa verdad que creen poseer. El “prietas las filas” franquistas sigue funcionando. O, como dijo Alfonso Guerra, “el que se mueve no sale en la foto”.

Tiene razón Punset que no debe haber excusas para no pensar. Pero cada día resulta más difícil. Porque el que piensa demasiado, el que se aparta del rebaño, el que se enfrenta a las normas cínicas, hipócritas, moralistoides de la sociedad, terminará apartado como si tuviera la peste.

Hay que ser muy valiente para enfrentarse a la manada. Y, si no, que se lo digan a los diputados españoles. Cada grupo vota lo que impone el jefe de filas. Y el que apriete el botón equivocado ya no vuelve a tocar los botones. Le dejan sin chaqueta. Por chaquetero, dirán. En el Parlamento británico, hace unas semanas, la mitad del Partido Conservador votó en contra de lo que pretendía su líder, Cameron, sobre los matrimonios homosexuales. Y no pasó nada. Un ejemplo de democracia. Aquí, como decíamos, el que vota en contra no vota más.

Sí, es verdad, que todos buscamos excusas para no pensar. Y hay que embarcarse en ese “viaje a la felicidad y al amor” De acuerdo. Pero si piensas demasiado terminas en la hoguera o te tildan de chiflado. Habrá, al menos, que disimular. Piensa y haz lo que quieras, pero no se lo digas a nadie. Por si acaso.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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