12:15h: “EL IMPARCIAL” EN EL CUARTEL DE LA MONTAÑA
Pocas esperanzas de supervivencia
lunes 28 de abril de 2008, 16:08h
Los franceses han decidido cambiar de táctica. Conscientes de que los ataques frontales sólo han servido para causarles bajas severísimas, se aplican ahora en batir con piezas de artillería los puntos estratégicos de la defensa del Palacio de Monteleón.
A las 11 y media de la mañana y por tres puntos distintos comenzó el ataque más duro. Con anterioridad y tras el incidente del parlamento, los franceses situaron todo el barrio para impedir que otros ciudadanos, civiles o militares se sumaran a los sublevados. Piezas de artillería han sido emplazadas en la calle Ancha de San Bernardo desde donde nos baten con demoledora precisión; lo mismo que otras dos piezas en la fuente de Matalobos en dirección a la calle de San José. En total, calculamos unos 2.000 soldados franceses los que nos están atacando desde los cuatro puntos cardinales.
Pero la moral en el interior del cuartel es animada. Huele a pólvora y a sangre, y apenas tenemos medios para atender a los heridos. Unas cuantas muchachas nos alegran la mañana y es reconfortante ver como algunas mujeres están junto a sus maridos y sus hijos. Es el caso de Clara del Rey y Calvo, que aquí está con su marido y sus tres hijos, repartiendo agua y munición y atendiendo a los heridos.
Daoiz, herido en la pierna
Hasta ahora hemos podido resistir tres ataques. El más duro ha sido el de los granaderos de la Guardia Imperial con Lefranc a la cabeza. Por cierto, un certero disparo mató a su caballo y hubo de combatir a pie. ¡A fe que estos gabachos también los tienen bien puestos!
Fue en este duro ataque cuando saló herido Daoiz en una pierna. Resistió hasta el límite del desvanecimiento, apoyado en el cañón de la puerta principal y sable en mano, pero finalmente pudo convencérsele para que se retirase a curar su herida.
Escribo estas líneas en un breve descanso. Esperamos el último ataque que mucho me temo va a ser definitivo. En condiciones de luchar apenas quedamos 50 hombres y casi todos con heridas y al borde del agotamiento mientras los franceses siguen batiendo con fuego artillero y de fusileria. No nos llegan noticias de lo que ocurre en otros puntos de Madrid, pero por la disponibilidad de tropas que nos sitian, deben de haber sofocado los brotes de rebelión.
Hace unos momentos, mientras escribía, Molina el cerrajero me decía. “Escribe líneas rectas y que sepan todos lo que está ocurriendo aquí. Y que si nos matan a todos alguien habrá que lo cuente. Y que si que no, ya nos echaremos al monte, que allí no faltará de comer y destripar franchutes”.