El país deberá celebrar elecciones en 30 días
La muerte de Chávez marca la “hora cero” en Venezuela
miércoles 06 de marzo de 2013, 12:23h
Venezuela afronta momentos difíciles por la muerte de su presidente, Hugo Chávez, que tiñe de luto al país. No sólo por la pérdida de un líder omnipresente en la memoria colectiva de millones de ciudadanos a lo largo de 14 años, sino porque su pérdida pone a prueba la democracia de la nación suramericana.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, perdió la batalla contra el cáncer este martes 5 de marzo. El mandatario no pudo superar los estragos de la cuarta intervención quirúrgica a la que tuvo que ser sometido el pasado 11 de diciembre, como consecuencia de una recurrencia de la enfermedad, dejando huérfanos a cerca de 8 millones de venezolanos que votaron por él el pasado 7 de octubre, leales a la “revolución bolivariana”.
La consternación es el común denominador entre lo que podría definirse como la “generación Chávez”, aquella que ha crecido marcada por los efectos de la sangrienta revuelta social del 27 de febrero de 1989; los golpes de estado del 4 de febrero, 27 de noviembre de 1992 y el 11 de abril de 2002. Durante más de dos décadas, el “comandante presidente”, ha estado presente en la vida de una ciudadanía que este miércoles amanece bajo el interrogante ¿y ahora qué?.
Desde el anunció de su muerte por parte del vicepresidente, Nicolás Maduro, poco después de que éste protagonizara una inquietante cadena de radio y televisión, en donde acusó a los “enemigos de la patria” de “inocular” el cáncer al mandatario, amenazó a la “derecha rancia”, expulsó a un funcionario de la embajada de EEUU por “conspirar” con componentes de las fuerzas armadas y sacó el Ejército a la calle; el país se sume en la incertidumbre de cuál será su destino sin Chávez.
La Constitución venezolana en su artículo 233 es explícita en este sentido. Ante la falta absoluta del jefe de Estado, en este caso por muerte, debe convocarse a elecciones generales en el plazo 30 días y durante este período de tiempo deberá asumir el cargo temporalmente el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.
Sin embargo, el Ejecutivo hasta ahora bajo la tutela de Maduro, ha señalado que el “delfín” de Chávez continuará al frente del Gobierno en este período de transición, aunque ello no esté avalado por el ordenamiento constitucional,
También la Carta Magna en su artículo 229 aclara, que no podrá ser elegido presidente de la República, “quien esté en el ejercicio del cargo de vicepresidente Ejecutivo, ministro, gobernador y alcalde, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”.
Ello supondría que tanto Maduro como el hasta ahora líder de la oposición, el excandidato presidencial y Gobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles, deberán renunciar a sus funciones de cara a protagonizar una contienda electoral.
Si bien la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no ha confirmado que Capriles sea su hombre en esta nueva encrucijada, lo cierto es que en la primera cadena de este martes, se vio al vicepresidente venezolano muy cómodo en posiciones de mando. Una imagen muy distinta a la de aquel hombre nervioso y contraído que se observó junto a Hugo Chávez el 8 de diciembre, cuando el mandatario anunció su último viaje a Cuba y pidió a los venezolanos que “votarán por Maduro” de no volver antes de la fecha prevista para la toma de posesión.
La preocupación que despierta Venezuela en el marco de la opinión pública internacional, yace en que desde que comenzó la convalecencia presidencial, tanto el Gobierno venezolano como el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), no han acatado los lineamientos establecidos por Carta Magna de 1999.
El caso más evidente fue la omisión del artículo 231, que establece que el presidente tome juramento del cargo ante la Asamblea Nacional el 10 de enero.
Chávez no pudo llegar a Caracas para esa fecha, un contexto en donde en vez de seguir el orden institucional y otorgar el timón de forma temporal a Cabello; Maduro continúo con sus funciones presidenciales, mientras el TSJ dio luz verde para que el convaleciente mandatario se invistiera en “cualquier momento”. Un gesto que sembró más duras que certezas hacia un Gobierno que trataba de compensar la ausencia del líder, a través del endiosamiento y el culto hacia su persona.
Con la muerte del caudillo latinoamericano, la democracia venezolana entra en una “hora cero” en donde se debate entre seguir las reglas del juego democrático o ponerse a las peligrosas puertas de un Golpe de Estado.