El vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció este jueves que el cuerpo del jefe de Estado, Hugo Chávez, será embalsamado para “la eternidad como Mao, Lenin o Ho Chi Minh”. Un gesto que confirma la fijación que profesa el chavismo por los muertos y sus reliquias, sobre todo desde la exhumación de los restos de Simón Bolívar una madrugada de 2010.
Eternizado como Mao, Lenin o Ho Chi Minh, el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez permanecerá embalsamado a la vista de todos y para el culto de los suyos. El vicepresidente, Nicolás Maduro, quien jurará este viernes como presidente encargado, anunció que el Gobierno perpetuará la memoria del líder suramericano, inmoratalizando su anatomía.
El “comandante presidente” como le llaman sus leales y seguidores, regresa a los cuarteles en forma de reliquia.
El cuerpo del mandatario será trasladado tras el funeral de Estado a El Cuartel de la Montaña, sede del otrora Museo Militar, hoy rebautizado Museo de la Revolución; en donde hace dos décadas se refugió cuando dirigió el golpe militar del 4 de febrero de 1992, para luego salir esposado de allí con su famoso “por ahora no hemos logrado los objetivos. Por ahora”.
El anunció del embalsamiento de Chávez ha generado consternación entre muchos venezolanos, que este jueves en las redes sociales manifestaron su asombro por la decisión gubernamental, abriendo un debate entorno a si esa decisión corresponde con la última voluntad del mandatario.
Según el periodista Nelson Bocaranda, autor de las informaciones más veraces sobre la enfermedad del jefe de Estado; el deseo del presidente venezolano era ser velado durante tres días y ser enterrado en lo que fue la casa de su abuela paterna, Rosa Inés Chávez, en Sabaneta (Barinas), lugar en donde el mandatario se crío bajo el cobijo de quien consideraba su madre.
Pero los planes de su sucesor y Cía., distan de lo que presuntamente pudo haber sido el deseo del líder iberoamericano.
Además de trasladar los restos al Museo de la Revolución en donde permanecerán por siete días, el Gobierno quiere que el mandatario descanse junto al Libertador de las Américas, Simón Bolívar en el Panteón Nacional, cuyos restos fueron exhumados por orden expresa de Chávez, la madrugada del 16 de julio de 2010, con el fin de investigar las “verdaderas” causas de su muerte, en una ceremonia que dividió al país y fue calificada por los historiadores como una “profanación en toda regla”.
Desde que asumió el poder en diciembre de 1999, el fallecido presidente jamás ocultó la admiración que sentía por el héroe venezolano. Una admiración que con el paso del tiempo y a medida que su influencia crecía, se transformó en obsesión.
Antes de la polémica exhumación, Chávez se apoderó de las reliquias de Bolívar. Primero fue la espada que el Libertador empuñó durante sus combates, la cual llegó a convertir en réplicas de “souvenir” para regalar a los amigos de la revolución como los dictadores de Cuba, Raúl Castro; Libia, Muammar Gaddafi; Irán, Mahmoud Ahmadinejad; o Bilorrusia, Aleksandr Grigórievich Lukashenko. Después fueron sus revólveres y escopetas, para luego emprender una cacería contra aquel coleccionista particular que tuviera manuscritos, uniformes y artículos del histórico héroe nacional, cuyo “verdadero” rostro fue desvelado en tecnología 3D en 2012.
¿Necrofilia o fanatismo histórico? Lo cierto es que la fijación del Gobierno venezolano hacia los muertos, no es de reciente data. Así como Chávez utilizó a Bolívar para alimentar su revolución, el chavismo hace lo mismo con los restos de su carismático líder para perpetuarse en el poder, eternizando a un fenómeno latinoamericano que a partir de este viernes descansará a la vista de todos como una reliquia más de museo.