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Los extremos se tocan: resurge el fascismo

domingo 10 de marzo de 2013, 18:59h
Como ya ha ocurrido, sobre todo en Grecia, pero también en Italia, Francia, Alemania y Holanda, los grupos radicales de extrema derecha, el fascismo, aprovechan la oportunidad de la crisis económica, la desazón, el malestar de la opinión pública para lanzar sus mensajes basura, que muchos entienden como la salvación a sus males. El eslogan más repetido: echar a los inmigrantes, que nos quitan el trabajo, que son los culpables del desempleo.

Es verdad, que la democracia, y en especial la española conserva todavía muchos defectos. El poder omnipresente de la clase política, los chanchullos, la corrupción, el nepotismo, la nefasta ley electoral y algunos artículos de la propia Constitución. Los grandes partidos deberían ponerse de acuerdo para resolver esos problemas, para taponar esa herida que tanto daño hace a la propia democracia.

Pero, como decía Churchill, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. En teoría, la soberanía reside en el pueblo, lo que hace que los ciudadanos deberían sentirse representados por los políticos que han elegido. Pero esos políticos rara vez cumplen con su programa, con sus promesas electorales. Y eso, en medio de la crisis, es una bomba de relojería que regala coartadas y argumentos a esos grupúsculos radicales, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, para sembrar en terreno abonado. Y, como puede comprobarse en las últimas encuestas, la clase política es de las instituciones peor valoradas por la opinión pública.

Uno de los peligros, quizás el mayor, de que España no salga pronto del agujero de la crisis, apunta a que en las próximas elecciones, el voto se disperse de tal modo, que el Parlamento se llene de chiflados con el único propósito de desestabilizar el sistema democrático, de sembrar odio, de acabar con la libertad de expresión y de ensalzar la violencia. Y ahí, los nacionalistas sacarían tajada. Porque ellos, ya son, en buena parte, partidos que van contra el sistema democrático y constitucional y, sin duda, mantendrían o ampliarían su representación. Que es lo que le faltaba a España: que el Parlamento se convierta en un gallinero ingobernable.

Tanto PP como PSOE están tirando piedras sobre su propio tejado por el empeño en insultarse, en enfrentarse con broncas estridentes y en aprovechar cualquier desliz del adversario para hacer sangre. El caso Bárcenas es el mejor ejemplo. Es cierto, que el PP ha tardado en reaccionar más de la cuenta. Muy de Rajoy. Y también lo es que en algunos rincones de Génova huele a podrido. Pero, al tiempo, el PSOE ha aprovechado las andanzas del capo y chulesco personaje poco menos que para implicar a todo el PP. Y no parece que el PSOE está para presumir en estas cuestiones de la corrupción, pues lleva la mochila cargada de sinvergüenzas que han robado a manos llenas e, incluso, han sido ya condenados por ello. Y suma y sigue.

La Oposición, sin duda, tiene el papel de criticar las medidas del Gobierno que considera negativas y erróneas. Pero, Rubalcaba exagera sus críticas, después de que su Gobierno dejara las arcas del Estado vacías, y, aun así, vocifera de tal modo que ya no se lo cree ni él. Y no digamos su partido.

El aviso a navegantes es ése. España se está llenando de radicales que quieren, y en parte lo están logrando, expandir sus lemas antidemocráticos, xenófobos y totalitarios. Que tomen nota PP y PSOE, porque la sorpresa puede ser mayúscula si no ponen los medios para evitarlo. Y lo primero es hacer piña para salvar la democracia. Porque el caos político ya enseña su hocico por todos los recovecos de España. Y los millones de ciudadanos desesperados, desempleados y arruinados son carne de cañón tanto para la extrema izquierda como para la extrema derecha. Depende del primero que se les acerque para convencerles con sus eslóganes antidemocráticos y perversos. Ojo al parche.
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