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Italia y el Movimento 5 Stelle

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 10 de marzo de 2013, 19:06h
En Italia, han pasado dos semanas desde las elecciones y aún resulta difícil vislumbrar cuál será el próximo Gobierno. Por una vez, parafraseando a Ennio Flaiano, la situación parece no sólo grave, sino seria: mientras la formación de un Gobierno estable resulta prácticamente imposible, Italia (como el resto del mundo) se interroga sobre el éxito del fenómeno Beppe Grillo. ¿Quién es? ¿Demagogo o persona sería? ¿Bufón o político? ¿Un nuevo fantasma recorrerá Europa? ¿Es posible el contagio? Muchos interrogativos y una reflexión inicial: fuera de Italia no se está comprendiendo el fenómeno Grillo y abundan los insultos, las ideas estereotipadas y la incomprensión. Siendo sinceros, incluso en Italia unos cuantos no han comprendido el Movimento 5 Stelle (M5S), y otros ni se esfuerzan de entenderlo y prefieren, como el avestruz, meter la cabeza bajo tierra.

No se quiere comprender que, para muchos italianos, Grillo representa la única alternativa creíble ante el descredito de los partidos tradicionales y, para lo más optimistas, la posibilidad de redimir el podrido sistema político-económico nacional. El cómico genovés lleva años (y unos cuantos espectáculos) denunciando la situación italiana, atacando a las oligarquías financieras, previendo el crack de Parmalat, ridiculizando la Casta política italiana. Creó un blog de los más seguidos en Italia y constituyó un movimiento que anhela una democracia participativa y la lucha contra los “poderes fuertes”. Aunque a base de propuestas ambiguas (y alguna gris…), Grillo ha ofrecido una respuesta al malestar ciudadano. Y mientras el Partido Democrático creía que bastaban unas primarias para demostrar nueva y buena actitud, el M5S recuperaba la plaza, sustrayendo votos a los partidos de la Segunda República, tanto a la derecha inmóvil como a la izquierda “inconsciente”. Recorría la geografía italiana, ocupando el espacio que formaciones tradicionales y nuevas corrientes (no global, no TAV, izquierda antisistema…) tenían en el pasado. Quizás debería ser la extrema izquierda la primera en recitar el mea culpa ante la explosión de M5S, un movimiento-collage, mosaico de nuevas y viejas aspiraciones, capaz de capitalizar el disgusto del país contra una cierta política y unas medidas de austeridad.

Pero Grillo más que un revolucionario del siglo XX parece un rebelde, un agitador subversivo. No aspira a cambiar el sistema de verdad, sino que prefiere atacar y deslegitimar a una Casta ya deslegitimada. Y si es cierto que su capacidad de entretener y hacernos reír es muy superior a la de Berlusconi –provocándole gran envidia-, aún está por ver si M5S representa sólo un partido de protesta. Este es el punto clave: entender si Grillo y su formación preferirán perpetrar una estéril oposición o decidirán pasar a la crítica constructiva. No se trata de establecer pactos o alianzas sino de tomar decisiones: deben decidir si permanecer al margen de la política nacional o buscar la manera de llevar a cabo las propuestas de cambio prometidas durante la campaña electoral. Muchas de sus críticas son apropiadas y ¿las propuestas de Gobierno? Grillo ha prometido una serie de cosas “básicas”, justas y deseables para cualquier ciudadano. Pero, ¿cuáles son sus propuestas de Gobierno? ¿Cómo garantizar el sueldo mínimo de ciudadanía de 1000euros? ¿La semana laboral de 20 horas? ¿Quién pagará la deuda? Porque la idea de “dejar de pagar de forma unilateral” parece tan inviable como ridícula. Y quedan muchas más preguntas.

Finalmente, un par de aclaraciones más: la primera acerca de su programa político. De forma impetuosa, Sartori ha afirmado que Grillo es un “demagogo sin propuestas”, subrayando que no tiene programa. Sin llegar a ser tan radical, parece evidente que se ha tratado de un programa ambiguo (¿hay alguna propuesta concreta en tema de investigación, de sanidad o en la lucha contra la Mafia?), que, como decíamos, lanza alguna propuesta pero omite el cómo realizarla. Por eso, el M5S no ha ganado en virtud de su programa (como suelen decir erróneamente muchos), sino por su capacidad de encarnar la protesta, el malestar generalizado contra unos políticos que en los últimos 13 meses no han sido ni siquiera capaces de reformar la nefasta ley electoral. El voto a Grillo ha representado también una alternativa a la abstención, prefiriendo votar a quien amenaza con “destruirlo” todo, alertando de un tsunami que los políticos tradicionales no han querido ver.

La segunda: el fenómeno Grillo no es tan novedoso como parece, conteniendo algunos elementos tradicionales presentes en la historia reciente (y no sólo) de Italia. Incluso podemos destacar algunos parecidos con Silvio Berlusconi como: el personalismo, que conlleva a que en el Partido nada se puede hacer sin el consenso de Grillo; la idea –a veces correcta- de saber interpretar la voluntad de la base y que, por lo tanto, se puede decidir de forma autónoma, sin consultar al movimiento; la existencia de un jefe carismático al que todos admiran y nadie cuestiona; el cambio constante de las declaraciones a los medios, de manera de que un día se comenta un tema a un medio extranjero y el día siguiente se desmiente o matiza; los ataques a la prensa (a veces merecidos…), conjeturando la existencia de un plan “criminal contra el M5S”. Estos elementos generan la duda de que pueda tratarse de otro “partido patronal”, personal a la italiana, donde Grillo es intocable y omnipotente, los portavoces se convierten en profetas y juegan al escondite con la prensa. Sería deseable que M5S aclarara su programa y consiguiera restituir a los ciudadanos su protagonismo, que mientras tanto los bien pesantes dejaran de ser ignorantes (en el sentido que ignoran lo que está pasando en Italia…) y, en lugar de sentenciar, se pararan a pensar sobre Grillo, su movimiento y lo que sucederá en un futuro en Europa.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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