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Educación y Cultura como solución a la crisis

David Ortega Gutiérrez
martes 12 de marzo de 2013, 20:22h
Las naciones más desarrolladas del planeta, en términos democráticos, son aquellas que más invierten en educación y cultura. La democracia no nace de la esencia de la naturaleza humana, que más bien tiende a la tiranía o al dominio sobre el otro, si no que se basa en una serie de principios o valores éticos claramente identificables. El interés general o el bien común, el respeto a la norma o al Estado de Derecho, la defensa de una serie de derechos y libertades que son irrenunciables e imprescriptibles del ser humano, la separación de poderes para que entre ellos se controlen y sobre todo se equilibren, son el ADN de un régimen democrático que quiera realmente ser considerado como tal. Estos principios y valores no pueden imponerse ni discutirse, tienen que formar parte del pensamiento y del actuar de cualquier representante político. También el fair play es propio de democracias consolidadas, no vale todo -dentro lógicamente de la ley-, para derrocar al adversario político.

La realidad de la política española de estos últimos diez o quince años se ha enrarecido bastante, se han perdido los horizontes y objetivos primordiales, y el pueblo español lo percibe así y comienza a dar síntomas de evidente cansancio. La última encuesta del CIS ha sido demoledora en este sentido. La corrupción aparece como el segundo problema para los españoles, pasando del 17,7 % de enero al 40 % de febrero. Sin duda estamos ante un problema no menor, que estimo hay que afrontar con claridad de ideas y radicalidad, aquí no caben medias tintas.

No se puede gobernar a golpe de ley o de reglamento, es simplemente estúpido. Como decía antes, hay determinadas cuestiones básicas que no se deben imponer, si no que se tienen que dar por supuestas y asumidas. No está fallando la economía o la política, está fallando la base o el suelo de ambas, que es educativo y cultural, principalmente en las cúpulas directivas de los principales partidos políticos. Lamentablemente parece que tenemos que volver a descubrir la pólvora en cuestiones elementales. Para la vida pública española, especialmente en sus puestos más relevantes, necesitamos personas de primera, profesional y éticamente hablando. Los partidos políticos tienen que seleccionar a los mejores, de no ser así naufragaremos seguro. Este es un tema clave. El poder y el saber cuánto más unidos, mejor. Necesitamos como el comer personas ejemplares en los puestos de máxima responsabilidad, con una ética y un acervo cultural sólido, con buena preparación para afrontar y arrostrar las grandes dificultades de la vida pública. La prudencia, la sensatez, la templanza, la claridad, la decisión y la perseverancia, son valores que todo líder político debe tener, además de una buena edad para llevar ya un importante bagaje de la vida: cuidado con la efebodemocracia, salvo raras excepciones no suele dar buenos resultados.

La actual crisis se superará a base de esfuerzo ético y pedagógico, de perseverancia frente a la adversidad e incomprensión, es el momento de dar un paso adelante, de reivindicar la cultura del conocimiento y de la moral, de mantenerse firme en una serie de principios irrenunciables como el respeto a la discrepancia, la lucha por el bien común, el libre desarrollo de la personalidad de cada uno de nuestros ciudadanos y la gestión eficaz y responsable de la cosa pública. Sin estos motores vitales, que nacen de la educación y la cultura, el barco de la Nación española seguirá encallado.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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