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tensión entre las dos coreas

¿Estamos al borde de una guerra nuclear?

jueves 14 de marzo de 2013, 14:40h
La gran mayoría de las amenazas que realiza el régimen dictatorial comunista de Corea del Norte no pasan de meras bravatas. Sin embargo, y tras el último test nuclear realizado por Pyongyang, el tercero de su historia, la escalada de la tensión en la zona ha alcanzado cotas ciertamente preocupantes. ¿Estamos al borde de un conflicto mayor? ¿Hasta dónde es capaz de llegar el joven Kim Jong-un?
Cuando Kim Jong-il falleció el pasado 17 de diciembre de 2011, las esperanzas de la comunidad internacional en un cierto aperturismo en Corea del Norte estaban puestas en su sucesor, un joven de 28 años educado en Occidente y de perfil, en principio, más diplomático que el de su padre.

Sin embargo, quince meses después de su ascensión a lo más alto de la dictadura comunista norcoreana, y con una dura purga militar entre medias, Kim Jong-un empieza a demostrar que también tiene el carácter amenazador de sus antepasados y que está dispuesto a llevar a su país al borde del precipicio con tal de mantenerle el pulso a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, su particular 'Eje del mal'.

Tras la tercera prueba nuclear subterránea de su historia, realizada en el condado de Kilju, al nordeste del país, el pasado 12 de febrero, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió reforzar las sanciones impuestas al régimen de Pyongyang, un gesto que la dictadura interpretó como un órdago: "Las sanciones significan la guerra", rezaba esta semana un comunicado de la agencia de noticias norcoreana.

De este modo, Kim Jong-un decidió romper el armisticio firmado el 27 de julio de 1953 con su vecino del sur y que hasta ahora mantiene el frágil equilibrio militar en la región a falta de un acuerdo de paz.

Pero, ¿es el discurso hostil de Corea del Norte una amenaza real? ¿Puede desembocar en una verdadera guerra nuclear? Si bien es cierto que desde hace décadas Pyongyang ha jugado siempre con el mensaje belicista para mantener su estatus militar en la región, los expertos no acaban de ponerse de acuerdo, en gran parte por el absoluto hermetismo que impera en el país, considerado el país más aislado del planeta, sobre qué grado de capacidad operativa nuclear cuenta la dictadura comunista.

Por un lado, Corea del Norte es un estado preparado para y por la guerra, ya que destina una quinta parte de su Producto Interior Bruto a armarse. En la actualidad, el servicio militar es obligatorio bajo pena de ser recluido en uno de los numerosos y temidos campos de concentración repartidos por todo el país y el Ejército cuenta con más de dos millones de efectivos entre regulares y reservistas. Quince veces más que las Fuerzas Armadas españolas en un país de 24 millones de habitantes, la mitad que el nuestro.

Además, su importante capacidad blindada terrestre, con más de 3.500 tanques; su flota naval, con medio millar de buques de combate y casi un centenar de submarinos; una intrincada red de túneles subterráneos, la casi nula información fidedigna sobre las comunicaciones internas al no haber una red de espías sobre el terreno y la complicada orografía hacen que sea un país realmente inexpugnable. Hasta el punto de que muchos analistas militares creen que sería más fácil invadir y controlar Irán, otro de los peligros que acechan, que Corea del Norte.


Soldados norcoreanos desfilan en Pyongyang. Foto: Efe


¿Amenaza real o imaginaria?
Sin embargo, en los últimos años es la amenaza nuclear la que más preocupa en Washington, Seúl y Tokio. Desde que Corea del Norte comenzara a desarrollar su programa nuclear, a mediados de la década de los 60, cuando inauguró su reactor de Youngbyon, el régimen de Pyongyang no ha cejado en su empeño de hacerse con armas de destrucción masiva capaces de arrasar las ciudades más importantes de sus principales enemigos.

Hoy en día, la gran amenaza tiene por nombre 'Taepodong-2' (en coreano, 'Gran cañón'), un misil intercontinental con capacidad nuclear y cuyo rango de ataque, de entre 9.000 y 10.000 kilómetros, pone en el punto de mira a las islas de Hawái y a toda la costa oeste estadounidense.

Aunque algunos analistas creen, al igual que la CIA, que su operatividad no es real, ya que los científicos del régimen no habrían logrado fijar ojivas a los misiles y todo forma parte de un engaño más por parte de la dictadura comunista, sus vecinos surcoreanos y japoneses temen más el arsenal de corto y medio alcance (Hwasong-5, Hwasong-6 y Rodong). Estos cohetes sí podrían alcanzar sus territorios en poco tiempo con entre cuatro y ocho cargas nucleares, según Siegfried Hecker, uno de los pocos científicos extranjeros que ha podido visitar el hermético país asiático en 2010.

En uno de los multitudinarios desfiles militares en Pyongyang, el régimen norcoreano aseguró que seis de los misiles exhibidos en otra demostración de fuerza que tanto gustan a la saga de los Kim tenían capacidad nuclear. Sin embargo, dos especialistas alemanas, Markus Schiller y Robert H. Schmuker, desmintieron este extremo y aseguraron que las armas eran falsas y que no representaban ningún riesgo.

"La amenaza nuclear es mucho menos real de lo que se señala casi cada semana desde Corea del Norte, porque lo que de verdad buscan es más quejarse, llamar la atención, que una intervención militar como tal, es una estrategia basada en la diplomacia coercitiva", sostiene Olga Ulianova, del Instituto de Estudios avanzados de la USACH.

Por su parte, la Fundación Ploughshares, especializada en seguridad nuclear, cree que "el régimen de Kim Jong-un sólo busca un sitio en el concierto mundial, aunque sí es verdad que busca uno cómodo y en primera fila, que se le tenga en muy cuenta".

¿Imperialismo vs. comunismo?
Ya sea real o no, la clave del riesgo nuclear pasa por las relaciones entre ambos lados de, irónicamente, el Pacífico. Las rencillas entre Pyongyang y Washington se remontan a mediados del siglo pasado, cuando, con la Guerra Fría como telón de fondo, Estados Unidos intervino en la guerra que dividió a ambas Coreas en favor del vecino del sur, mientras que la extinta URSS se decantó por el norte.

La retirada de las tropas norteamericanas más allá del paralelo 38 (la línea divisoria que separa a los dos países) ha sido siempre vista por el país comunista como una victoria contra el enemigo occidental y en muchos edificios norcoreanos se pueden leer pancartas con el lema "Si los imperialistas nos atacan, los pulverizamos".

Por ahora, Estados Unidos, que cuenta con 37.000 soldados desplegados en Corea del Sur y otros 40.000 en Japón, así como dos destructores en el Mar Amarillo de forma permanente, se limita a apretar la soga que ahoga al régimen norcoreano a través de Naciones Unidas, donde ha encontrado a dos grandes aliados como son China y Rusia, que no quieren ver cómo estalla un conflicto nuclear en sus fronteras.

Las Secretarías de Estado y de Defensa estadounidenses ya han calificado a la dictadura como una "seria amenaza", aunque no han dudado en señalar que en todo momento velarán por la paz en la región a través del diálogo, aunque una ofensiva militar preventiva tampoco se descarta. De hecho, no son nuevos los planes de EEUU de crear un mando militar en tierras surcoreanas que haga las veces de una 'OTAN asiática'.

El discurso en Corea del Sur y Japón, por su parte, es menos conciliador, sabedores ambos países de que serían los primeros objetivos en el punto de mira de Kim Jong-un. Además, a pesar de las gigantescas diferencias económicas entre ambos estados y Corea del Norte, es, en términos militares, este último quien lleva las de ganar.

A día de hoy, Seúl cuenta 640.000 efectivos terrestres y la mitad de unidades blindadas, navales y aéreas que sus vecinos. Tokio, aún menos: no tiene un ejército regular propiamente dicho y sí unas Fuerzas de Autodefensa con cerca de 150.000 soldados (ocho veces menos que Corea del Norte).

Mientras, Pekín, tradicional aliado de Pyongyang, ha empezado a poner tierra de por medio con su hermano pequeño sabedor de que le compensa más mantener las buenas relaciones comerciales con el triángulo que conforman Washington, Seúl y Tokio, tres de los mayores mercados mundiales.

De este modo, el futuro de la región es tan imprevisible como volátil. Las aspiraciones de potencia mundial y la paranoia del régimen norcoreano le hacen sumamente peligroso. Aunque en los últimos años ha habido episodios de tensión similares, con varias escaramuzas navales y pruebas balísticas que violaban el espacio aéreo ajeno, la entrada en el juego del elemento nuclear ha cambiado las reglas. Ahora es el régimen de Pyongyang el que mete miedo, y mucho.
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