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¿El retorno del ogro filantrópico mexicano?

Juan Federico Arriola
viernes 15 de marzo de 2013, 20:31h
“Soy uno de los que creen que la democracia puede enderezar el rumbo de México y ser el comienzo de la rectificación de muchos de nuestros extravíos históricos.”
Octavio Paz (Palabras publicadas en Vuelta junio de 1987)


Octavio Paz fue uno de los intelectuales que más insistió en la segunda mitad del siglo XX, en la necesidad de que México se abriese a la democracia y con ella a la transparencia, a la participación ciudadana y al fortalecimiento del Estado de Derecho. Fue el único funcionario de Estado (Embajador de México en India) que protestó formalmente por la represión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz contra estudiantes de universidades públicas en octubre y meses previos de 1968 y después renunció a su cargo.

Diez años después, en 1978, Paz publicó un ensayo político que sacudió conciencias. Su título El ogro filantrópico. ¿Quién o qué es el ogro filantrópico que de suyo es una contradicción? El ogro filantrópico es el Estado mexicano, el que tiene actos humanitarios y de solidaridad con la población, el que asiste, el que subsidia a los más pobres, pero es al mismo tiempo, regresivo y violento. No sólo eso, también censuraba y perseguía, no con la brutalidad de las dictaduras militares de Sudamérica, pero sí como cualquier régimen iberoamericano oligárquico, con cierres de espacios en lo económico y en lo político.

Este libro fue a mi juicio una continuación de Posdata, escrito en 1971, donde insistía el poeta en el carácter autoritario del régimen mexicano. Si bien no fue durante mucho tiempo un régimen militar, sí tenía aspectos de suma violencia como se concretaron el 2 de octubre de 1968, fecha trágica: la masacre de estudiantes en Tlatelolco, cerca del centro histórico de la Ciudad de México.

¿Qué hemos hecho los mexicanos al permitir el regreso del PRI? ¿Acaso convocamos el resurgimiento del ogro filantrópico en el siglo XXI? ¿Por qué los dos gobiernos emanados del Partido Acción Nacional gobernaron tan mal? ¿Por qué la izquierda se desarticula cada vez más? El PRI no soltará la presidencia de la república a menos de que gobierne peor que Fox y Calderón o que haya una nueva revolución.

Si bien son distintas las condiciones objetivas de la realidad mexicana en apertura política, en lo social, se mantiene la pobreza de millones de personas, la informalidad en el empleo y la violencia criminal no cesa aún con el nuevo gobierno que preside Enrique Peña.

¿El ogro filantrópico ha vuelto con nuevos bríos? Pronto lo sabremos. El PRI no fue fundado en 1929 para que México se diese un sistema político democrático, sino para controlar las fuerzas políticas revolucionarias de aquel entonces. Hoy, los factores reales de poder por un lado y las bandas criminales son las principales amenazas contra el reaseguramiento de la plena democratización de México.

Las palabras de Paz citadas al inicio de este artículo, publicadas en 1987 en la prestigiada revista Vuelta, fueron una especie de profecía. No ha habido rectificación histórica, porque en octubre de 1987 con la nominación de Carlos Salinas a la presidencia de México ha sobrevenido una larga noche con algunos destellos democráticos, pero sólo destellos: México es más desigual social y económicamente. En lo político se preserva la igualdad, cada voto es singular y vale lo mismo, así el del más rico, como el del más pobre.

Si fenece la democracia mexicana, morirá con ella, la esperanza de millones de personas que quieren vivir con prosperidad y tranquilidad en su propia tierra. Ya veremos de qué está hecho el gobierno de Peña, de demagogia o de oficio político.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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