Difamaciones contra el Papa Francisco
domingo 17 de marzo de 2013, 08:16h
La decisión de Benedicto XVI de dejar el Pontificado supuso un terremoto, y el proceso de elección del nuevo Papa ha estado marcado por una especial expectación, y, luego, por la sorpresa al ser el elegido alguien a quien no se había consignado en las listas que se hacían públicas con los nombres con más posibilidades de convertirse en el sucesor de Pedro. Da la impresión de que no se han agotado las peculiaridades de este último cambio en un hecho histórico como es la llegada de un nuevo Pontífice.
Prácticamente nada más ser proclamado el cardenal Jorge Mario Bergoglio como el hombre para regir el destino de la Iglesia católica, algunas voces se lanzaron en Argentina, su país natal, con acusaciones de que el nuevo Papa Francisco había colaborado con la última dictadura argentina, que extendió su siniestro poder desde 1976 hasta 1983, o, al menos, de que se había mostrado indiferente o había dado señales de cierta connivencia. Todo apunta a que la campaña contra el nuevo Pontífice partió de un periodista, considerado próximo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y defensor a ultranza del “kirchnerismo”, con el que parece que el Papa Francisco no mantiene precisamente un idilio.
La campaña, guiada quizá por oscuros intereses, llegó hasta el punto de hacer circular por las redes sociales fotos falsas y trucadas en las que el cardenal Bergoglio daba la comunión al general Jorge Videla, presidente de la Junta Militar. Paralelamente, sin embargo, en la propia Argentina, figuras de prestigio y con gran conocimiento de causa, por propia experiencia, de esos negros años de la historia argentina, han negado rotundamente esa supuesta colaboración, ni siquiera complicidad, con la dictadura. Así, entre otras, la del exdetenido de la dictadura y Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y las de varias víctimas que sufrieron en propia carne o en la de sus familiares persecución y tortura.
Parece que quienes acusan al Papa, sin absolutamente ninguna prueba real, han pensado: “difama, que algo queda”. Pero, con toda probabilidad, no conseguirán su indigno propósito de desprestigiar al Pontífice y mucho menos desestabilizarle o hacerle desviar su atención de los numerosos retos a los que debe enfrentarse.