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España, ocupada

Joaquín Albaicín
domingo 17 de marzo de 2013, 20:50h
De un tirón, he leído el libro del historiador Fernando Castillo sobre la pintoresca fauna que, más allá de adhesiones ideológicas, hizo su agosto a costa de los judíos y demás perseguidos por los nazis en el París de la Ocupación y, en muchos casos, halló luego refugio en España. La reconstrucción de las andanzas de aquella baraja de pícaros -con más o menos escrúpulos, según casos- se titula “Noche y niebla en el París ocupado”, y ha sido publicado por “Fórcola”. Ya instalados a orillas del Sena, los servicios de inteligencia del Reich abrieron –o “requisaron”, en efecto- una serie de oficinas de compra con el fin de autofinanciarse sin emplear mucho personal propio. Fue, fundamentalmente, a estraperlistas, hampones y nombres señeros del mercado negro local –“la gente rara”, los llama Castillo- a quienes encargaron la tarea de generar flujo de dinero mediante el expolio y la adquisición de “gangas”. Las “gangas” eran, a veces, inmuebles que habían “quedado vacíos”. Otras, procedían del tráfico de antigüedades, joyas y obras de arte. Otras, de la venta de documentación a quien la necesitaba para poder escapar de los nazis. En este último punto, Castillo incide en la peripecia de César González Ruano y sus implicaciones -nunca probadas, pero más que probables- en el asunto. Un negocio en el que, en fin, participó mucha gente en busca, sobre todo, del propio lucro.

El cotejo de lo leído con la presente atmósfera de abatimiento y ausencia de ilusión dominante en España me ha suscitado inquietantes paralelismos. Cierto que la Península no está ocupada por el III Reich, pero no he podido evitar pensar en el deudor de hoy como perversión semántica del “no ario” de entonces. En su busca acuden, palanca en mano, el cerrajero, los funcionarios y los guardias, como antaño la policía de Vichy procedía, con la Gestapo, a saquear la casa abandonada deprisa y corriendo por el hebreo en fuga. ¿Asistimos a una nueva “arianización” de la propiedad inmobiliaria? ¡El desahucio-express, o actualísimo equivalente hispano del decreto “Noche y Niebla” del mariscal Keitel, que condenaba a los individuos molestos a la desaparición sin explicaciones!

El problema reside en no saber quién es con exactitud el responsable de esta preocupante y estresante ocupación de nuestras vidas cotidianas. Si no hay dinero, ¿de dónde salen todos esos millones empleados en los rescates a bancos y gobiernos? ¿Quién los tiene? ¿De qué cueva de Alí Babá proceden? ¿Quién trinca la mordida a mitad de camino? Gao Ping o Uniò, ¿están con la Ocupación? ¿Están con la Resistencia? ¿Son de los nuestros? ¿No lo son? ¿De qué exacta tonalidad es el uniforme de este “III Reich”?

Conozco a infinidad de gente a quien le encantaría saberlo, pues, culpable de haber incurrido en la categoría de deudor no reinsertable, daría hoy lo que fuera por un visado. Un visado, lo aclaro, es bastante más que un tamponazo sobre el pasaporte. Un visado es un tamponazo, más un fajo de billetes para afrontar el cruce de un océano y un negocio que aguarde a uno al otro lado del mismo. Son gente con estudios y de mundo, como los fugitivos de la Francia ocupada, y que, vapuleada por la crisis, pagaría lo que resultara menester por huir de la mujer a la que ya no ama, de la empresa que ya no tiene, del cerrajero que le acosa y del café que no puede pagar, y a la que aterra terminar viviendo, a sus 50 años, en un albergue. Y que, por supuesto, no se ve a estas alturas aprendiendo chino, por mucho futuro que se le cuente que tiene. Menos aún, tras la caída en desgracia de Gao Ping.

Pero su problema, ya digo, es averiguar dónde están los César González Ruano de hoy, la “gente rara” que ahora, en 2013 y ya que no se ha acabado el mundo, podría echarle ese capote. E, incluso, averiguar si realmente se trata de “gente”, de personas físicas… Algo –reconózcase- harto difícil en un mundo crecientemente automatizado y condenado a “funcionar” en virtud de unos costes tecnológicos que tampoco nadie puede explicarse cómo se apañan para sostener países supuestamente a dos telediarios de la bancarrota.

Así pues: ¿quién es y dónde está el ocupante? ¿En qué cabaret para? ¿Por dónde se mueve la “gente rara” en posición de hacernos un quite?
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