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La Europa de los pobres

Cristobal Villalobos Salas
lunes 18 de marzo de 2013, 18:28h
Con la excusa del progreso económico, las naciones de Europa diseñaron una unión monetaria que tenía, al final, la misión de establecer un verdadero, y único en la historia, hermanamiento entre los europeos. Soñaban los impulsores de aquella CECA con establecer una nueva Europa sobre la que no pudiera volver a sobrevolar la sombra de la muerte y la guerra.

Ya en el siglo XXI, conseguida la unión económica, muchos líderes y ciudadanos europeos ansiaban una auténtica unión política, y sobre todo que ésta respondiese a unas normas verdaderamente democráticas. Tras el logro de conseguir el periodo de paz más largo en la historia de nuestro continente, con Premio Novel incluido, los europeístas ansiaban mucho más.

Pero la crisis económica evidenció una Europa no sólo de varias velocidades, sino de diferentes niveles políticos, en los que unos estados mandan, según sus intereses, y otros no tienen más remedio que tragar con las imposiciones, si quieren poder sobrevivir en eso que ahora llaman “los mercados”.

Pronto la Europa mediterránea, cuna de la civilización occidental, fue tratada y etiquetada, las famosas economías “PIGS”, como aquellos vagos que están poniendo en peligro la estabilidad de toda la Unión Europea. Chipre, diminuto país mediterráneo, ha sido la última víctima del capital y los fríos señores de Bruselas, y ya no es sólo el símbolo de la incapacidad política europea, la antigua colonia británica sigue todavía dividida entre griegos y turcos, sino, además, de la violencia económica que algunos países estamos sufriendo durante estos años y que está fracturando la unión en dos: los ricos y responsables del norte y los irresponsables pobres del sur.

Entre los europeos se siembra la discordia y la desconfianza, mientras nombran un nuevo papa en Roma, argentino, que es como ser medio español y medio italiano, pero con más moral que el Alcoyano. A ver como se lo toma la Merkel, pues tanta influencia en un mediterráneo, aunque sea de las antípodas, debe de causarle bastante inquietud.

Al papa Francisco parece que le interesan más las personas que el rollo este de los mercados, las primas de riesgo y la troika, y empieza a predicar con la pobreza y el servicio como máxima, en una Europa que cambió su epicentro de los ciudadanos a las bolsas y los centros económicos, si es que ese no ha sido siempre el verdadero interés de Bruselas. A ver si cunde el ejemplo, aunque sea por estética.
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