Radio Nacional y la apuesta por España
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 20 de marzo de 2013, 19:53h
He tardado diez años en escribir este artículo, desde que dejé el gran grupo de la Radio pública española tras un par de temporadas en esa Casa. Ahora, me lo puedo permitir con razonable objetividad, aunque colaboro en su tertulia nocturna del “24 horas”, del gran Carlos Garrido, y, en ocasiones de fin de semana, con Pepa Fernández, esa mujer que maniobra en un estudio como un químico en laboratorio.
Pensé entonces, y sigo creyendo ahora, que una radio pública en España es imprescindible. Y eso no entra en conflicto con la existencia de radios comerciales, absolutamente elogiables y respetables. Sólo que éstas no pueden llegar donde aquélla llega, ni tienen su alcance simbólico ni su abrumadora carga de contenidos. Pueden permitirse, sin embargo, otro modelo de batallas por la audiencia, un perfil ideológico nítido, mientras que la Radio pública tiene la obligación de distanciarse en lo político, aunque con la belleza moral que supone la vocación de servicio ciudadano.
Parece paradójico, pero no lo es, que a Radio Nacional de España le dé pudor ser tan importante como es. Porque forma parte de su obligación tener un perfil de imagen bajo, como para no molestar a nadie. Porque, en efecto, debe molestar lo menos posible. Pero su grandeza reside en su modestia. Y yo quiero decir aquí que esa modestia no está justificada, porque el conjunto de emisoras de Radio Nacional de España componen una gran radio, y no solo española, sino mundial.
Todo medio de comunicación público está sujeto a tensiones, externas e internas. Políticas, en ocasiones (aunque menos de las que se piensan), presupuestarias en otras (también sin exagerar la nota, pero significativas en tiempo de crisis) y de composición laboral y profesional. Pero estas tensiones no son diferentes a las que sufren otros medios. Sólo que, paradójicamente, en un medio público salen más a la luz (es decir, hay mucha más libertad) que en uno privado.
Lo que se aprende en Radio Nacional de España es que las sucesivas direcciones, sindicatos y trabajadores en general, técnicos y periodistas, tienen un objetivo común, que es su amor por la radio, lo que no evita algún conflicto puesto que siempre hay quien quiere patrimonializar el afecto y exagera desgarradamente los problemas o se angustia excesivamente por ellos. Pero eso es lo de menos, porque, en el fondo, sólo lo saben quienes están entre las paredes de la Casa de la Radio y de sus emisoras por toda España. Los que están fuera sólo perciben un sonido de alta calidad, y les llega una información y unos contenidos que, sumados, llenarían varios libros cada día con sus correspondientes audios con lo mejor que se puede escuchar.
He conocido muy buenas direcciones en Radio Nacional de España. La actual, con Manuel Ventero y su equipo (Juan Fernández Vegue, Juan Roldán, Alejandro Alcalde y muchos más), está entre las mejores. Ellos luchan, como sus predecesores, para que la Radio pública mantenga la relevancia popular sin recurrir a la polémica mediática, lo que no es sencillo. Y menos, cuando quienes miden la audiencia están obsesionados por componendas comerciales. Pero son muchos españoles los que apuestan por la serenidad y la calidad y, aunque no estén de moda, son cualidades fundamentales en estos tiempos de cólera.
Pero no es sólo cuestión de tono. También lo es de símbolos. Y en una Nación como la española, frecuentemente tironeada por ambiciones desgarradoras, la pura existencia de terrenos comunes para todos los españoles no es sólo conveniente, sino esencial. Porque llevar en el apellido la palabra España se ha convertido en una originalidad, cuando no en una rareza. Por eso es más imprescindible que nunca, porque da tanta vergüenza utilizarla que hasta a la selección española de fútbol se la prefiere llamar “la roja”, que es como más comercial y menos comprometido.
Es cierto que no ha habido Gobierno que tuviera la tentación de acabar con Radio Nacional de España. Pero sí es cierto que la mayoría de ellos han preferido el apoyo discreto a la reivindicación activa, como si hubiera antiguos complejos irresueltos. Y es precisa la segunda, porque el Estado (no los Gobiernos), necesitan columna vertebral. Y si no se dice bien claro, los ciudadanos no lo perciben.
La ventaja con la que cuenta Radio Nacional de España, con sus seis emisoras, es que tiene una gran tradición de excelentes profesionales que incluye a los actuales. Que tiene una potencia informativa y de contenidos incomparable en el panorama radiofónico español. Pero la desventaja es que está obligada a no levantar pasiones, porque su trabajo está en difundir racionalidad y equilibrio. Pero, ¿a alguien se le escapa que éste es el bien más preciado para que una sociedad funcione?
España tiene su Radio, como la tienen otras grandes naciones. Es el momento de apoyarla, puesto que hacerlo es también apoyar a España. Y, además, porque es divertido escuchar a Manolo H. H. por las mañanas, o a Yolanda Flores, por las tardes; o los informativos de Alcalde y Garrido y la información permanente de Radio 5; o las vanguardias de Radio 3 y el rigor de Radio Clásica. Sin olvidar la formidable apuesta de Radio Exterior por la Marca España. Y siento no citar más, porque sería interminable, y que me perdonen tantos comunicadores y técnicos que guardan una fortaleza esencial para que los españoles sepamos quiénes somos y los demás sepan dónde estamos.
Es cierto que vivimos tiempos de orgullo vulnerado, lo que alienta numerosas ambiciones de aquellos que quieren jugar con España a la baja, como especuladores de Bolsa. Pero más cierto aún es que se trata de una sensación injusta. España es capaz de hacer muchas cosas y muchas las hace todavía bien. Radio Nacional de España, por ejemplo.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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