El odio en el fútbol
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 23 de marzo de 2013, 18:58h
El fútbol es uno de los escaparates de nuestra sociedad. Sus valores –los reales y los ideales- se encarnan en los héroes de las gestas deportivas. Las naciones se redimen o se pierden en cada competición internacional. Algunos equipos encarnan utopías identitarias, reivindicaciones históricas y venganzas seculares. Si uno es más que un club, otro encarna la caballerosidad y otro es sacrificio. Tal vez la narrativa de estos equipos y de algunas selecciones sean los últimos metarrelatos que han sobrevivido a la Posmodernidad. La salvación del tiempo y de la historia se juega cada tarde durante 90 minutos.
Los nazis y neonazis de toda Europa, los radicales independentistas, los nacionalistas irredentos y hasta los amigos de ciertos grupos terroristas han convertido los estadios de fútbol en pasarelas políticas y en las gradas uno puede identificar las cruces de la extrema derecha en sus distintas variantes, las águilas preconstitucionales y las banderas de la Italia fascista y la Francia de Vichy. El pitido a los himnos, los brazos en alto y las canciones transmiten un mensaje que los más radicales entienden y que se integra en el espectáculo de la luz, el sonido y la vistosidad de la competición deportiva.
El fútbol está ayudando a definir identidades que parecían desaparecidas de Europa y los radicales están ganando la batalla de los símbolos. Los grupos juveniles que se agrupan en torno a las hinchadas más agresivas continúan la propaganda y la acción directa en conciertos de rock radical o gimnasios donde el culto a la violencia pervierte la nobleza de las artes marciales o el boxeo. Algunos partidos de fútbol exigen un despliegue policial amplísimo y plantean un problema de seguridad pública que excede lo deportivo y entra en los peligros de la delincuencia.
En enero de 2013 la UEFA multó a las Federaciones de Bulgaria y Hungría con sendas multas de 40.000 dólares por las canciones racistas y antisemitas de sus hinchadas. En Hungría, además, las propuestas antisemitas del partido Jobik han provocado una reacción del Gobierno y un compromiso público frente al antisemitismo y el racismo. La UEFA también ha investigado los cantos racistas de algunos seguidores del Inter de Milán durante un partido contra el Tottenham.
La xenofobia, el racismo, la islamofobia, el antisemitismo y las demás formas de odio no comienzan con la agresión física sino con la normalización de su discurso y la violencia verbal que lleva aparejada. Cuando se vuelve normal insultar o humillar al otro, queda abierta la puerta para la violencia física.
El problema se está dando en toda Europa pero la importancia del fútbol español hace que en nuestro país debamos estar doblemente alerta. Todo el planeta está pendiente de lo que pasa en nuestros estadios. Tenemos que evitar que el fútbol se convierta en el altavoz y la tribuna de los herederos de Hitler y sus aliados. Debemos impedir que los radicales lo utilicen para la propaganda.
Hay que ganar la batalla contra el odio.
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Analista político
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
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