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TRIBUNA

En los orígenes del independentismo catalán (I)

miércoles 27 de marzo de 2013, 10:26h
“Andalucía rompió la barrera entre las nacionalidades históricas y el resto de España”. De esta manera se ufanaba el prestigioso administrativista sevillano Manuel Clavero Arévalo —“España, desde el centralismo a las autonomías”- de haber roto su región natal el privilegio usufructuado por los nacionalismos periféricos en la última historia constitucional de España, prestos a reproducirlo en su reanudación con el retorno de las libertades tras el final del franquismo. Como se sabe, en las postrimerías de su experiencia ministerial, el honesto político sevillano, con el viento de proa en su propio partido, había desplegado una trepidante actividad a favor de la tesis o línea de conducta más tarde denominada “café para todos”; esto es, una equiparación constitucional autonómica igualitaria para las 17 comunidades en que se distribuía el nuevo mapa jurídico-territorial diseñado por la Carta Magna de 1978.

La fortuna hizo que el articulista tuviese la oportunidad de escuchar una de las primeras formulaciones de dicha orientación en el discurso pronunciado por el propio Clavero Arévalo en uno de los grandes salones de la Diputación cordobesa, en el rodaje de la campaña desplegada por el citado catedrático hispalense en pro de su iniciativa. Allí, ante un público tan nutrido como entregado, el prohombre andaluz llevó a cabo una encendida defensa de la futura autonomía andaluza, basándose muy en particular en argumentos de índole jurídico-económica muy puestos en razón y jaleados con entusiasmo por la gran mayoría de sus oyentes, familiares en grado menor o mayor de los hombres y mujeres que en décadas pasadas protagonizaron, con otras gentes del Mediodía, esa gesta histórica contemporánea que constituyó la emigración andaluza a tierras catalanas.

Empero, algunos de entre los asistentes no dejaron de advertir la absoluta ausencia del factor histórico y cultural en el discurso del orador, sobre todo, dado el alto conocimiento del saber de Clío por parte de la gran escuela de administrativistas españoles, bien que mucho menor en la corriente en la que se alinea el citado profesor. Todos los argumentos de la referida índole deponen a favor de una consideración singular respecto de los nacionalismos periféricos, en especial, en el caso del Principado. El ciudadano de un país moderno no lo es en función del territorio o de la historia, sino en virtud de sus respectivas constituciones y leyes estatales. Mas esto dicho, en manera alguna ha de preterirse el pasado a la hora de cierto reconocimiento específico y particular a aquellas comunidades con una identidad en la que la aspiración nacional subrayó capítulos importantes de su ayer y/o dotadas de una tradición cultural con notas peraltadas o de específico carácter. Diluidas u opacadas en la avalancha del “café para todos”, ha sido, según opinión generalizada en Cataluña y Euskadi, una de las causas esenciales del esquistamiento de sus solicitudes en orden a elevar el nivel de sus competencias con relación al resto de las Autonomías. Así, en el sentir de sus adversarios, afloran de nuevo los materiales, sólo velados tácticamente por los culturales e históricos…