El deporte patrio afronta el tramo central de la temporada con garantías. La reconquista del prestigio nacional crece desde el fútbol, que mantiene su preponderancia con tres equipos en los cuartos de Champions. Nadal y Alonso suman su resurrección a la lucha de los hermanos Gasol e Ibaka por la NBA y a las sólidas esperanzas depositadas en Jorge Lorenzo y Marc Márquez.

El 2013 arrancaba con un paisaje inusual para el deporte español.
Las certezas que otrora catapultaron a nuestros representantes hasta dominar las disciplinas más seguidas a lo largo y ancho del planeta se diluyeron para dejar paso a lesiones -con recuperaciones más duras y largas de lo que se esperaba-,
bajones en la concentración que algunos interpretaban como descenso de hambre competitiva -saciada por la gloria alcanzada en 2012- y
posiciones de desventaja heredadas de una comprensible relajación en el triunfo. La consecuencia lógica a estos ingredientes sepultó el brillo de Rafa Nadal hasta su vuelta a las chanchas, convirtió el rodillo competitivo de Real Madrid y Barcelona en dos equipos susceptibles de ser sonrojados por rivales inferiores, llenó de dudas a la selección española campeona de la Eurocopa en el pasado año tras los empates concedidos en el último segundo ante Francia y Finlandia, relegó a la resignación del segundón a Fernando Alonso, Pau Gasol, Ricky Rubio y Serge Ibaka. Así se desarrollaban las citas deportivas y pretemporadas de nuestros representantes.
Un paisaje extraño, al que no estábamos acostumbrados desde la explosión de este último lustro. El 6 de febrero comenzaban a alejarse los nubarrones de incertidumbre:
Rafael Nadal, el mejor tenista español de la historia, volvía a competir. Tras 221 días de calvario por la incómoda lesión de rodilla, el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes recuperaba sensaciones en el torneo chileno de Villa del Mar. Desde entonces,
Nadal ganó aquel torneo, se paseó en Sao Paulo y confirmó su resurrección en la pista rápida de Indian Wells. Este lanzamiento del manacorí en pos de probar el sabor del triunfo, primero, y recuperar el número uno de la ATP, ha coincidido con el
declive de Roger Federer -de lógica temporal-
y Novak Djokovic -que parece haber cedido en su fortaleza mental- y con la confirmación del
hueco que la gloria tiene reservado al guerrero de tenis, a David Ferrer. El inacabable calendario tenístico nos depara, si las lesiones no se interponen, unos meses de triunfos e hitos por conquistar.

Al tiempo que el único tenista que ha conquistado París en siete ocasiones salía de su particular pozo, la pretemporada de la
Fórmula Uno parecía prolongar de manera inexorable las barreras técnicas que han alejado a
Fernando Alonso del título en las últimas ediciones.
La distancia con la que Red Bull zanjó el pasado mundial se mantuvieron en los test cronometrados, con la inclusión de Kimmi Raikonen y Lewis Hamilton.
Ferrari siempre por detrás. Pero con la llegada de la primavera y con el pistoletazo de salida del circo de la Fórmula Uno el 17 de marzo, nuevamente se dulcificó el paisaje. El circuito australiano de Albert Park acogió una esperanzadora lección de pilotaje de Alonso.
El
asturiano salió quinto y concluyó en la segunda plaza, asestando el primer golpe al todopoderoso referente de Red Bull, el todavía díscolo Sebastian Vettel. Ferrari ha acortado la distancia con la escudería austriaca lo suficiente para competir de tú a tú en carrera. La clasificación es otra historia. Pero este cambio de inercia se notó también en la segunda cita y es probable que en lo que queda de campeonato. Vettel ganó en Malasia a costa de poner en peligro a su compañero Webber y de enfadar a todos los trabajadores del equipo.
Alonso ha vuelto y Seb ha perdido la tranquilidad del campeón. Espadas en alto con invitados sorpresa en la élite del automovilismo.
El mes de marzo también supuso para el deporte rey de España la salida del presunto túnel que se avecinaba. Lo que muchos aficionados extranjeros vaticinan como el cambio de ciclo que aparte, por fin, al balompié español del monopolio que mantiene en las últimas temporadas, tomaba forma tras el
susto del Barça en San Siro, los tropiezos de Madrid, Málaga y Valencia antes sus rivales continentales, y el resbalón inesperado de la selección nacional ante Finlandia. La relajación del ganador, problemas internos y los peajes de un 2012 que exigió un rendimiento físico agotador figuraban entre los analistas que se aventuraban a sepultar nuestro futuro a corto plazo.

Sin embargo,
cuando más complicado resulta apostar por el juego alegre porque el resultado el adverso y hay que remontar, mejor y con más brillo compiten los representantes patrios. Bajo esta mentalidad ganadora adquirida
volvieron a enamorar Barça y Málaga, recuperó la cohesión interna y la intensidad el Real Madrid y España ganó por primera vez en territorio francés para recuperar el camino recto hacia el Mundial de Brasil. Tras los resbalones pasados, el fútbol español recupera su lustre y cuenta con tres equipos en los cuartos de final de la Champions League y con la histórica selección dirigida por Vicente del Bosque a pleno rendimiento de cara a cerrar el pase a Brasil 2014 y para ganar por primera vez la Copa Confederaciones este verano.
La
NBA se ha convertido, sin duda, en un escenario hostil en los últimos meses de 2012 y el arranque del nuevo año.
Ricky Rubio, Pau Gasol y Serge Ibaka todavía no encontraban su mejor forma física y sus equipos no respondían a la expectativas creadas,
José Manuel Calderón hizo las maletas desde Toronto -donde al fin era considerado como un referente- para aterrizar en Detroit, en unos Pistons condenados a perder partido tras partido. Tan solo
Marc Gasol mantenía una línea ascedente.

Pero con la llegada de la primavera y la recta final en la lucha por los playoffs hemos comprobado como los hermanos Gasol se han puesto a punto, Ibaka gana peso en el candidato al título Oklahoma y
Ricky Rubio y Calderón -los únicos que no pelearán por el título- certificaban sus mejores números desde que juegan en la mejor liga de baloncesto. La NBA, tan complicada por las barreras físicas transoceánicas, se ha rendido al talento que desprenden nuestros iconos. Iconos que se volverán a reunir en la
Ñba para conducir a la selección nacional en pos
alcanzar el tercer oro consecutivo en un Eurobasket, esta vez en Eslovenia.
Por último, cerramos el repaso a nuestro deporte en esta calma antes de la tormenta que decidirá el resultado de nuestros atletas en los próximos meses, señalando las
firmes esperanzas que despierta el motociclismo, con Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa y, presumiblemente, Marc Márquez luchando codo a codo por el Mundial de MotoGP. Además, el nacimiento de estrellas históricas como el patinador
Javier Fernández abren espacio a disciplinas en las que España no ha brillado tradicionalmente.
Ona Carbonell y Mireia Belmonte seguirán aportando preseas al palmarés patrio y el atletismo está llamado a levantar el vuelo en el
Mundial de Moscú. Las semillas para una nueva cosecha de gloria ya está plantada. Solo queda esperar si 2013 se une a los años de monopolio deportivo.